Estollo, La Rioja, 1956.
Cuando contaba tres años, su familia se traslada a San Millán de la Cogolla, cuna de la lengua castellana y Patrimonio de la Humanidad; un paraje mágico entre tumbas y monasterios medievales. Estudió Administración de Empresas y Contabilidad en Madrid, donde ha trabajado en el departamento financiero de una gran compañía de seguros. Es esta una reedición de su primera novela.
Resido en Fuenlabrada (Madrid) y paso alguna temporada en la playa de La Vila Joiosa (Alicante). Ando rondando los 70 y no paro de hacer cosas.
Nací en Estollo, un minúsculo pueblo de La Rioja. En una casa básica en todos los sentidos vivíamos los padres, mis tres hermanas y mis dos hermanos. Mi padre era de allí y con mucho esfuerzo consiguió la casa cuando se casó con mi madre. Ella era de San Millán de la Cogolla –el pueblo más bonito del mundo- que está a 1 kilómetro y donde estaba toda su familia: mi abuela, que era panadera, y todos mis tíos y primos. Yo tenía menos de tres años cuando nos desplazamos todos –yo en brazos- a San Millán y allí pasé la infancia. Había necesidades, frío, humedad, seis hijos, pero mucho cariño y compañía. Con once años me enviaron a ver si era capaz de estudiar algo en Logroño y ahí hice bachillerato y COU. Con 18 años vine a Madrid a estudiar contabilidad y a trabajar. Después del servicio militar entré en una compañía de seguros y estuve hasta la jubilación. Y al poco me dio por escribir.
Entre mis aficiones destacan: paseos por la playa, leer, andar por el campo, ver cualquier deporte, llevar a mi nieto al entrenamiento del fútbol, reuniones de familia o una partida de cartas con amigos.
El rasgo más sobresaliente de mi personalidad diría que es el cultivo de la amistad y la lealtad.
Decidí ser escritor porque siempre he tenido cierta facilidad para la redacción de informes y proyectos técnicos en mi etapa laboral. Además, cada vez que veía alguna película que tuviera una cierta trama, pensaba que yo podría mejorar el guion, excepto El Padrino o El Sexto Sentido, que son inmejorables.
Entre mis autores preferidos están Ken Follett, Cervantes y Miguel Delibes.
De Ken destacaría la maestría para dibujar escenas y el mantenimiento de la tensión en el desarrollo de las tramas. De Cervantes, todo, pero sobre todo el dominio del lenguaje coloquial y su exposición. Y de Delibes su maestría en la descripción de los personajes con un lenguaje rico y exquisito, y su facilidad para hacer que el lector no pueda parar hasta el final.
Los Pilares de la Tierra: una historia fascinante en un mundo de pobreza y de violencia.
Entre mis obras, evidentemente, mi favorita es única publicada: La Cicatriz. La segunda está por llegar.
Mi estilo literario se podría considerar novela negra, si bien el mismo desarrollo y la descripción de los personajes hacen que sea más thriler psicológico. Siempre me han fascinado los sentimientos humanos: los buenos y los malos.
Me gusta dibujar escenas comprometidas y describir la psicología de los personajes.
Actualmente me encuentro trabajando en un proyecto que quiero titular «El alma de los buenos».
Creo que estamos atravesando una etapa gris tirando a muy negra. Creo que estamos dirigidos por psicópatas que solo miran por su propio beneficio, pero que, lamentablemente, no dejan de ser el fiel reflejo de nuestra sociedad.
Mi proyecto inmediato es seguir viviendo.
