Eduardo Piqué

 

Eduardo Piqué autor del libro Madrid telón de fondo. Editorial Adarve, Editoriales de España(Madrid, 1954) Nací un buen día del mes de julio en Madrid, ciudad a la que me siento profundamente arraigado a pesar de algunas idas y venidas que, por motivos profesionales, me he visto en la necesidad de realizar viviendo algunas temporadas fuera de ella. La verdad es que tampoco lo lamento en absoluto porque creo que el hecho de conocer otras ciudades, otros países y otras culturas, aunque no sean muy diferentes, te ayuda a considerar las cosas desde un punto de vista más enriquecedor. De todas formas, mi punto de referencia ha sido siempre y sigue siéndolo esta ciudad a la que he querido rememorar en varios de mis escritos.

Mi vida profesional está ligada en su totalidad a la enseñanza. Después de haber realizado mis estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Aguirre y los de Bachillerato en el Colegio Calasancio, empecé y terminé la carrera de Magisterio en la Escuela Normal Pablo Montesinos, todo ello en mi ciudad natal. Después de dos años de ejercicio (1973-75) tuve que trasladarme, como muchos funcionarios en aquella época, a Cataluña, concretamente a la bonita localidad de San Felíu de Guíxols, donde permanecí otros dos años hasta mi regreso a la Comunidad de Madrid en la que desarrollé mi trabajo durante un curso escolar. A partir de entonces empezó a picarme el gusanillo de la movilidad y decidí trasladarme a Francia donde trabajé como profesor para los hijos de los residentes españoles en la Región Parisina y más tarde en el mismo París durante seis años. Durante todo este periodo pude sacar tiempo para obtener la licenciatura en Filología Española por la UNED. Vuelta a Madrid y a Alcalá de Henares, ciudad de la que guardo un grato recuerdo pues permanecí ejerciendo en ella diez años, aunque realmente viviera en Madrid. De nuevo Francia, esta vez otros seis años entre Besançon y Avignon. Otra vez tres años en Madrid, para salir por último a Suiza (Lausanne y Ginebra) y finalizar mis cuatro últimos cursos en Madrid capital. Un poco movido todo pero uno es así.

En cuanto a mis aficiones, pueden centrarse fundamentalmente en la literatura, el cine, la música (especialmente la clásica, aunque me suele gustar toda siempre y cuando sea música, no ruido), algún que otro viaje y largos paseos por la ciudad o por el campo ya que, a pesar de mi carácter y mis circunstancias tan estrechamente relacionadas con el ambiente urbano, agradezco también caminar por otros lugares alejados del bullicio de la ciudad.

Benito Pérez Galdós (1843-1920) fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español.​

Como lector siempre he sentido cierta atracción por los clásicos españoles de nuestro Siglo de Oro (Lope de Vega, Cervantes, Quevedo, Pérez Galdós, Clarín), nuestros Ramones (Mesonero Romanos y Gómez de la Serna), más cercanos en el tiempo Camilo José Cela y Ramón J. Sender; José Luis Sampedro y Luis Landero. Este último ya más actual y, por supuesto, los autores de la Generación del 98 (especialmente Azorín, Baroja, Unamuno y Antonio Machado) con los que siempre me he identificado y aún más en los momentos que estamos viviendo hasta tal punto que he llegado a pensar alguna vez que, si por azar surgiese una «Regeneración del 98» en la época actual, guardando las distancias y teniendo en cuenta ciertos matices, yo aplaudiría muy gustoso un movimiento de tal envergadura del que me siento un poco huérfano en cierto modo. De José Jiménez Lozano, de los cuentos de Ana María Matute y del francés Philippe Delerm tal vez haya heredado mi gusto por el relato breve, género por el que tengo cierta preferencia porque siempre he valorado a quien es capaz de decir mucho con pocas palabras. No puedo inclinarme por un solo autor ni por una sola obra para decir cuáles son mis preferidos ante un panorama tan rico y tan variado. Tendría que mencionar, entre otras y sin ningún orden de preferencia, la poesía lírica de Lope en general o Fuente Ovejuna que, a mi modesto entender, es una de las mejores obras teatrales que se han escrito. Cómo no hacerlo con El Quijote o El Buscón sin ir más lejos, Fortunata y Jacinta, La Regenta, Nostalgia de Madrid, La colmena, La lucha por la vida, el Cancionero de Unamuno y otras que nos dejamos en el tintero por no hacer demasiado extensa la lista.

Como autor tengo que confesar que empecé más bien escribiendo artículos en algunas revistas profesionales que se editaban en su momento (Escuela Española, La escuela en acción, Comunidad Escolar). Cada loco con su tema. ¡Qué se le va a hacer! Más tarde decidí participar en una antología titulada Promesas poéticas de hoy en la que incluí tan solo cuatro poemas dejando que el resto durmiera el sueño de los justos para despertar tal vez en otro momento. Para facilitarles la tarea a mis alumnos y que se acostumbraran a trabajar sin libro de texto, aprendieran a tomar apuntes y se fueran acostumbrando a hacer resúmenes, preparé un trabajo que una vez experimentado publiqué como pude en una autoedición muy rústica con el nombre de Método de trabajo para una enseñanza activa de la Lengua (1991). Siguieron en la misma tónica, aunque ya más relacionados con la lingüística, Notas para un estudio de la obra narrativa (1992) y El problema de la transitividad en el español actual (1992). Después vinieron El comentario de texto en la Enseñanza Secundaria (1992) y Didáctica de la Lengua y la Literatura: cuestiones prácticas (Editorial Cervantes, 1994), estos dos últimos ya enfocados de nuevo a la enseñanza. Dada mi afición por el relato breve me animé a escribir y a publicar más tarde Cuentos de la edad joven (Editorial Vulcano, 1995), un libro al que le tengo mucho cariño, aunque debo reconocer que pueda parecer un poco extraño y entender —cómo no— que no le guste a todo el mundo. Tras un largo período en el año 2017 publiqué El invierno en las espaldas (Editorial Atlantis), que se podría definir como una novela autobiográfica que escribí con mucha ilusión. Llegamos así a octubre de 2019 cuando la Editorial Adarve tiene la amabilidad de publicar mi último libro hasta la fecha: Madrid, telón de fondo, escrito no con menos ilusión, cariño y sentimiento que los otros sino todo lo contrario. Resultaría muy difícil decidir cuál es mi favorito porque todos son hijos de esta misma persona, pero lo que sí puedo decir es que conforme ha ido pasando el tiempo, esa ilusión ha permanecido viva apreciando cada vez más a lo largo de este camino el dulce sabor de la serenidad y de la madurez.

El género literario en el que mejor encajaría la producción literaria que he venido desarrollando hasta el presente es, como se puede deducir fácilmente, la narrativa urbana, bien en forma de novela o de cuento, entendido este como relato breve. Ello debido, como indicaba antes, al agrado de decir lo más posible solo con las palabras necesarias. Por el momento no tengo ningún proyecto definido en lo que se refiere a una posible publicación en un futuro próximo. Tengo algunas cosas en la cabeza pero hay que poner en orden todas esas cosas o tal vez primero poner en orden esta cabeza. Habrá que dejar algún tiempo para que todo vaya madurando.

Creo que uno de los principales méritos de la Literatura es la transmisión de valores y principios humanos como consecuencia de la lectura y de la reflexión. Cuando Albert Camus nos dice en La peste que hay una cosa que se desea siempre y se obtiene a veces: la ternura humana o cuando lo hace José Luis Sampedro en El río que nos lleva al escribir lo que quiero respirar para salvarme es la dignidad humana, están haciendo referencia a dos de estos valores que son tan necesarios en la vida de las personas porque sin dignidad no somos nada y sin humanidad tampoco. Estas dos frases que me vienen ahora a la memoria no sirven sino para confirmar esa función transmisora de la Literatura y algo de esos valores y principios quedará siempre en el lector mínimamente sensible. Sin ellos llega uno a la conclusión de que no tiene sentido la vida. Con ellos, con el esfuerzo personal de cada cual, con la confianza en uno mismo basada siempre en ese esfuerzo y sin exageraciones gratuitas, con un optimismo moderado y coherente, con la honradez, la generosidad y el afecto como normas de vida, con una conciencia tranquila y con la superación de las dificultades podremos siempre vivir de una manera más feliz. Sin duda alguna.

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