VALORACIÓN DE MANUSCRITOS

Uno de los aspectos fundamentales del trabajo editorial consiste en seleccionar buenas obras para ofrecerlas a un público lector cada vez más exigente. Esta tarea conlleva el trabajo experto de lectores profesionales que determinen hasta que punto una obra debe ser puesta en manos del gran público, a través de diferentes sistemas de distribución.

No es fácil saber, a priori, cuándo una obra va tener resultados comerciales, pero apreciar las grandezas de un texto y valorarlo en todo su esplendor forma parte del trabajo diario de nuestros colaboradores en este área tan delicada de la edición literaria. Es el primer paso y es un paso clave porque pone en marcha todo el proceso editorial dedicado a la conversión de un manuscrito en un libro perfectamente acabado.

Pero ¿Qué criterios sigue un lector profesional en este sentido? Son múltiples los parámetros a tener en cuenta para determinar cuándo una obra se encuentra a la altura del mercado editorial:

  • Calidad literaria del texto. Ya desde los primeros compases de la obra es perceptible el dominio de la herramienta principal del autor. La riqueza del léxico, la destreza gramatical, el uso literario de las diferentes formas verbales, una sintaxis impecable… Todos estos factores determinan la calidad literaria de un texto, con independencia de si el contenido de la obra es merecedor o no de ser publicado.
  • Fuerza narrativa. Por muy bien que esté escrito un texto no hay garantías de que sea atractivo para el lector. Todos hemos tenido la experiencia de haber leído narraciones tediosas que hemos terminado por abandonar ante el esfuerzo que representaba seguir adelante con aquello. La fuerza narrativa determina la capacidad de un texto para seguir atrayendo al lector, de modo y manera que se avance en la lectura con la necesaria voracidad lectora que requiere una obra de éxito.
  • Originalidad de la narración. Los temas recurrentes, manidos y pasados de vueltas están a la orden del día, hasta el punto de que, cuando un lector profesional detecta un tema original, se llena de emoción y se entrega a la lectura solaz, siempre y cuando el primer punto lo haya superado con creces. Lo mismo sucede cuando, a pesar de no tratarse de un tema completamente original (el amor siempre es el amor), el enfoque y la perspectiva a la hora de abordar dicho contenido son distintos y originales.
  • Estructura de la obra. Una obra bien estructurada se corresponde con un libro fácil de leer, en el que lector, lejos de perderse, siempre va a estar al cabo de la acción. Unas estructuras son sencillas: es el caso de la estructura lineal, y otras son más complejas: la estructura in media res, por poner un ejemplo, pero todas deben estar a la altura del contenido. Conseguir un libro bien estructurado es algo propio de los grandes escritores.
  • Desarrollo del contenido. Muy relacionado con la estructura de la obra, el desarrollo del contenido tiene que ver con cómo el autor es capaz de llevar a cabo la empresa de contar sucesos y describir situaciones de acuerdo con unos cánones perfectamente entendibles por el lector. Respetar la proporcionalidad de los tiempos o dimensionar digresiones son solo algunos de los aspectos que el autor debe tener presentes sin desea dar un encuadre perfecto a la obra. No se trata, pues, de hilar una escritura correcta sino de que lo que el autor escribe se corresponda con la trama inicialmente concebida.
  • Ortotipografía. Uno de los aspectos que el valorador profesional tiene más en cuenta es la ortografía y el dominio de la tipografía, por ser una forma de comprobar que el autor está plenamente familiarizado con la escritura de obra literaria. Así, un texto impoluto será, a priori, mejor considerado por el responsable de la valoración que uno que requiera una revisión profunda. Bien es verdad que todos los textos que aparecen en los libros de Editorial Adarve sufren una importante corrección ortotipográfica, aunque partiendo de un texto de calidad en este y los demás sentidos. El uso de la tipografía adecuada (guiones, comillas de diferentes tipos, etc…) también da idea de las destrezas del escritor o escritor en ciernes.
  • Posibilidades de mercado. Además de todo lo descrito anteriormente, es necesario estimar si la obra sometida a este riguroso examen cuenta con posibilidades reales de mercado. En tal carácter, los valoradores tienen que estar muy al tanto de las tendencias del momento y de los gustos, siempre cambiantes, de los lectores. Porque lo que hace un par de años era un punto a favor del éxito, en la actualidad pudiera ser justo lo contrario. Este tipo de estimación es muy difícil y se presta a grandes imprecisiones pero se hacen cada vez más necesarias en pos de un buen ajuste entre la obra y el mercado.

Como vemos, la labor callada de los valoradores literarios profesionales es muy importante y de ellos depende, en gran medida, que una obra se lleve a término y acabe convertida en un libro listo para distribuir.

Desde aquí queremos agradecer a los lectores profesionales de Editorial Adarve su esfuerzo y su tesón a la hora de seleccionar obras de calidad capaces de superar los estándares más rigurosos.

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