Carlos Decker-Molina

Sobre mi vida…

Soy casado, tengo tres hijos y cuatro nietos. Resido en Estocolmo (Suecia). Nací en Bolivia hace muchos años, los suficientes como para haber sido testigo de los tres golpes militares más sangrientos de América latina (Bolivia 1971- Chile 1973 y Argentina 1976) Soy exiliado desde el primer hasta el último golpe militar. Esos hechos me convirtieron en un trotamundos, vale decir: Siempre fui un afuerino.

Reseña biográfica informal: (Se trata de una manera amena de contar tu vida, tanto en lo literario como en lo que quieras contar de tu vida privada.  Dónde naciste, sector en el que trabajas, lo que estudiaste…)

Antes que escritor soy periodista. El periodismo –para mí– es un modo de vida. Comencé escribiendo en un periódico mural de la escuela. Trabajé en Bolivia, Chile, Argentina, Suecia y en la Radio de las Naciones Unidas (Nueva York) como reportero, redactor, columnista, corresponsal y ejerciendo algunas jefaturas. He trabajado en diarios, revistas, radios y agencias. En la actualidad soy columnista de un diario boliviano y colaborador de otros dos.

Carlos el lector, de Carlos Decker-Molina

Radio Sweden Internacional, mi casa periodística en Suecia, me envió a muchísimos países tanto latinoamericanos como europeos y en misiones especiales al Medio Oriente, la ex Yugoslavia y Rusia. De esos viajes y esas experiencias se nutre mi literatura.

Mi escritura va paralela a mis lecturas que comenzaron tempranísimo y aún no terminan. Es más, hace algunos años alterné el periodismo con la lectura de libros (en español) para una editora sueca de audiolibros.

He escrito varios libros, los primeros son muy periodísticos, testimoniales o crónica de hechos reales. Mi incursión en la ficción es a través de Tomasa, una novela finalista de un premio Internacional; cuenta la historia del exilio boliviano en Suecia, no solo el choque cultural sino la pérdida de identidad. Mi segunda novela es Soledad, también figura el exilio como protagonista, pero se entremezcla con la guerra de Kosovo.

En ambas novelas el relator es un periodista. Carlos el lector, mi obra editada por Editorial Adarve, es de alguna manera mi historia de lector contada en tercera persona, lo que facilita intercalar con ficción.

Mi solaz…

Me encanta el futbol, lo he practicado y ahora no me pierdo los partidos más importantes a nivel internacional. Cultivo la gimnasia aeróbica combinada con aparatos desde hace más de 30 años. Lo hago tres veces a la semana en un horario increíble (06.30 am) para ganar espacio en favor de mis tareas literarias.

Me gusta muchísimo el cine y el teatro. Y, claro, comer bien con vino de por medio (si es riojano, mejor).

Rasgo más sobresaliente de tu personalidad: Ya sabes, la timidez, la capacidad de liderazgo, de trabajo, la capacidad de aventura… la sencillez, la arrogancia, el mal carácter, capacidad de reflexión, la confianza en lo que haces…

Me habría gustado ser dibujante. Y me gusta el teatro. No me atrevo a escribir una pieza, pero tengo el secreto deseo de escribir un monólogo sobre las identidades múltiples. Tengo un ensayo sobre el tema, publicado en alguna revista.

Soy sencillo con un grado de arrogancia intelectual sobe todo en el campo del análisis político. Tengo gran capacidad de reírme de mí mismo y también de los otros. Si he pervivido en ambientes periodísticos extraños, con prejuicios sobre la capacidad del boliviano, es por mi capacidad de reflexión, paciencia, tolerancia y confianza en mí mismo. Y, una permanente curiosidad. Mi lema es conocer antes que creer.

Por qué decidí ser escritor:

Mi primera novela es una carta a una chica, la envié en la cinta del sombrero del profesor de historia, que luego de enseñarnos los pormenores de alguna guerra perdida se iba en bicicleta a enseñar sobre la misma derrota al Liceo de mujeres, que quedaba en otro sector de la ciudad de Cochabamba (Bolivia). Sin saberlo, el profesor, fue el correo secreto de mi primer amor. Y, en esa serie de cartas que incluye las respuestas escribí mi primera ficción testimonial.

Creo que nunca decidí ser escritor, pues simplemente comencé a escribir y lo sigo haciendo. Me gusta contar historias. No se trata de inspiración sino de observación. Es seductor convertir en parte de una novela un diálogo escuchado al azar en el metro o en el bus

Mis autores preferidos…

El genial Jack London

Cuando cumplí los 15 años mi padre me regaló El Talón de Acero de Jack London. London es uno de mis favoritos sobre todo después de Colmillo Blanco. El Talón de Acero habla de la plutocracia, que le decía poco a un adolescente, en tanto que Colmillo Blanco era una aventura extraordinaria. Los libros de Mark Twain y los de Julio Verne despertaron la idea de escribir. Suponía que hacerlo me convertía de hecho en el protagonista de la aventura.

Ya en mi juventud leí a Dumas y al boliviano Jorge E. Meza y sus Cuentos de la bohemia insomne. Era la edad en que se quería ser bohemio porque la poesía, la noche y la calle “se quieren los tres”. Poco más tarde me encontré con Juan Rulfo y en la adultez con las obras de Antonio Muñoz Molina, las de Javier Marías y las de Javier Cercas. Yo no sé si han influido en mi escritura, pero han sido y siguen siendo mis maestros. Pienso que en mi libro Carlos el lector, figuran los autores y los libros que han tenido un sitio especial en mi vida de lector y escritor, se citan más cien.

Mi obra favorita…

La escopeta de caza de Yasushi Inoue, que me dio a leer mi hijo (en sueco) es una obra de muy pocas páginas. Son cartas que cuentan, desde diferentes ángulos de observación y protagonismo, la historia de una mujer y un hombre. Es probablemente mi obra favorita, porque plantea el dilema eterno entre la verdad de Elena y la de Melenao. Por la misma razón me encanta una obra en sueco (no me consta si hay traducción al español) del médico y escritor Stefan Einhorn: Änglarnas Svar (La respuesta de los ángeles). Es la historia de unos judíos que sobreviven al Holocausto y llegan a Suecia, cada uno de los personajes tiene una historia alrededor de la historia principal. Los que fueron juzgados quizá no lo merecían o al contrario. La verdad es una fragilidad parecida al del cristal, cuando se rompe y se pegan las partes cobra vida un nuevo vaso, es decir el recuerdo crea su verdad.

En esta pregunta puedo añadir que en cada país en los que he vivido y, de alguna manera, en cada época, tengo libros que me han marcado.

En Bolivia, por ejemplo, Socavones de Angustia de Fernando Ramírez Velarde y más tarde la novela de Ramón Rocha Potosí, 1600 o la de Gonzalo Lema, La Huella es el Olvido y en la actualidad Los Afectos de Rodrigo Hasbún.

En Argentina es Jorge Luis Borges, sobre todo sus cuentos y su famoso Aleph. Tomas Eloy Martínez y su Purgatorio y el Cantor de Tangos. O el gran Ricardo Piglia y su Camino de ida.

En Chile un viejo cuentista que al que leí de adolescente, Baldomero Lillo y su Grisú o el Chiflón del Diablo o los libros de Jorge Edwards como Persona non grata.

El Suecia tengo varios. Citaré el más actual Jonas Hassen Khemiri y su novela Montecore, que toca también el dilema del afuerino, del exiliado, del Otro.

Pero, a pesar de todo hay un libro que me habría gustado escribir y es Soldados de Salamina de Javier Cercas.

De las que yo he escritos, mis favoritas son…

Tengo dos: Sobrevivientes, réquiem para el Siglo XX, es un volumen con crónica/relatos. Algunos muy periodísticos y menos literarios y otros muy literarios y menos periodísticos. Son de alguna manera el testimonio de mis andanzas periodísticas. Y, el otro es Tomasa una novela muy bien recibida por la crítica, que toca la ambivalencia del refugiado/asilado/exiliado en su nuevo hogar. La crisis identitaria y la aflicción de no ser ni de aquí ni de allá. Creo que es el tema que me persigue, como mi propia sombra.

Mi estilo literario…

Es difícil hablar de mi estilo, pero estoy más cerca al testimonio ficción o la ficción testimonial.

Una frase…

“Esta que llaman por ahí fortuna es una mujer borracha y antojadiza y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba” (De El Quijote)

La obra en la que trabajo actualmente:

Estoy en los tramos finales de una nueva novela, quizá la más política de las que he escrito. Podría interpretarse como un ajuste de cuentas de una generación que quiso hacer la revolución y en ese quehacer cometió muchísimas cosas malas.

Mi manera de entender este mundo extraordinario…

Leí un extraordinario libro de Antonio Muñoz Molina, Todo lo que era sólido. A pesar de que se trata sobre España hay parecidos con el desmoronamiento de la sociedad de bienestar. Vivo en Suecia que en los 70/80 fue un “modelo de sociedad de bienestar”, hoy sigue siendo una sociedad bastante más igualitaria que otras. Ese ejercicio político que pasaba por el enfrentamiento entre la derecha y la izquierda, está última representada sobre todo por el reformismo, ha dado paso a una dicotomía entre los de arriba y los de abajo, una contradicción inventada por el populismo y el nacionalismo.

En realidad, la vieja contradicción no ha desaparecido. Lo que ha perdido fuerza es el relato ideológico que era el aglutinador político. Han aparecido otros ingredientes sociológicos y políticos como el medio ambiente y las migraciones que, sumadas a la desestructuración social como producto de la revolución cibernética, han despertado las fuerzas más negativas del alma humana. Para colmo los cibernautas, no todos, son los nuevos bárbaros iluminados que confunden información (mala o buena) con conocimiento; conspicuos conspiradores y diseminadores de falacias, fragmentadores de hechos extraídos de su contexto.

Confieso que me producen miedo, pero, no ha enfrentarlos. Creo en la inteligencia humana y por lo mismo soy un optimista histórico. Volveremos a derrotarlos.

En adelante quiero…

En lo literario terminar mi nueva novela, la he escrito a pedazos en varios años, casi simultáneamente con mis otras creaciones. Y, en lo personal, unas vacaciones que me alejen del invierno sueco, sobre todo de su oscuridad.

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