Luis Eduardo Uribe

 

Nací el 20 de abril de 1965. Actualmente resido en mi natal Envigado, Colombia, junto con mi esposa Jenny y mis hijos Valeria y Santiago. Soy el menor de siete hijos, así que entenderán que prácticamente nunca estrené ropa y pasé buena parte de mi niñez oficiando de control remoto del televisor. Cuando cursaba tercer grado de primaria mi papá perdió su trabajo, de manera que pasé de la rigidez y exigencia casi militar de un colegio católico a la laxitud y mediocridad de las escuelas públicas de Colombia. El español y la literatura no son prioridad en mi país por razones de gobernabilidad. Es mejor un pueblo ignorante y desinformado.

Como era bueno en matemáticas y física, aparentemente dibujaba bien, y me sobraba imaginación, decidí estudiar Arquitectura. Por cuestiones meramente económicas debí cambiar de carrera y estudiar Contaduría en la facultad nocturna para trabajar y pagar mis estudios. Me gradué de contador en 1991 y me especialicé en auditoría en el año 2000. Tras diez años hundido en la profesión, decidí dar vida a mis ficciones. El dique de la cotidianeidad cedió ante la fuerza incontenible del caudaloso río de personajes y diálogos que atosigaban mi cabeza.

Para encausar esa riada busqué la lectura, y nada mejor que empezar por leer los clásicos, junto con otra de mis pasiones: Historia. Fue una revelación. Sentí que mis ficciones tenían un mundo y debía llegar a él. Tomé notas desordenadas de mis historias para no olvidar. Dos años después escribía compulsivamente en cuadernos que llené compulsivamente. Temía perder el hilo y la inspiración. Dos, tres, y hasta cuatro días sin dormir. Tenía que cumplir con mi trabajo, y estirar el tiempo para leer y escribir. Durante las duermevelas no dejaban de acosarme los personajes. Diálogos, escenas, cambios, tachones, descartar, borrar, investigar, leer, releer, volver a empezar. Mi profesión me recordó que hay un método para todo. Ordené mis ideas, mis historias y mi tiempo. Reconocí mis falencias en literatura y español. Hice un diplomado en creación literaria y contraté clases particulares con un maestro que hasta el día de hoy consulto. Sigo aprendiendo. Desaprender ha sido lo más difícil.

Amo la sonoridad de las palabras, cómo representan o despiertan sentimientos y pasiones, cómo producen sensaciones. Escribo espontáneamente, sin cortapisas. Trabajo por años en mis libros. Siempre encuentro algo que cambiar, mejorar o corregir. Estudio asiduamente los temas relacionados con las ficciones que escribo para reforzar su verosimilitud: historia, matemáticas, física, psicología, ciencia, los misterios de la mente, biografías, esoterismo, brujería, religiones, sociología. También someto los borradores de mis libros a algunos familiares, amigos y a mi maestro de literatura para que lo critiquen y sugieran correcciones.

Tengo muy mala memoria, defecto que azotó mi ánimo hasta que descubrí sus bondades. Los desmemoriados no sufrimos de rencor y envidia, pues olvidamos fácilmente las ofensas y no recordamos qué bienes tienen los demás. Me ha sido de gran utilidad para consolidar mi estilo. Por más que lea obras de autores de extraordinaria calidad poco recuerdo lo leído. Estoy seguro de que sus influencias en mí surgen desde el inconsciente. Dejo en manos de los lectores y entendidos en la materia qué tipo de influencias se hallan en mis obras.

La timidez ha sido otro obstáculo para superar cada día. Mi corazón retumba cuando debo hablar ante un grupo de personas. Una razón más para preferir expresarme por escrito. Aunque no por esta condición renuncio o huyo cuando debo enfrentar las circunstancias del caso. Soy de carácter fuerte. Suelo ir de frente, decir lo que pienso y siento. No me preocupan las discrepancias ajenas al respecto. Las asumo con beneficio de inventario porque suelen ser fuente de reflexión.

Mi mayor pasión es leer. Leo más de lo que puedo y menos de lo que deseo. Las obligaciones laborales y el oficio de escribir me demandan un tiempo valioso. Mi afición por leer no contempla el afán de figurar como erudito en letras o literatura. Solo lo disfruto. Sin análisis. Desprevenido. Sin esfuerzos de memoria. Sin pretender recitar pasajes o frases de autores y disertar sobre libros con el ánimo de pasar por erudito.

No tengo autores preferidos, como tampoco música predilecta. He disfrutado y saboreo cada libro que ha pasado por mis manos. Unos quizá más que otros, como sospecho nos pasa todos. He releído El Quijote, Cien años de soledad, La divina comedia, Narraciones extraordinarias de Poe, La Ilíada, y La Biblia, y en cada relectura siento que leo otro libro. Estoy convencido de que un libro son muchos libros, pues cada lector es un mundo diferente cada día. Quizá por esta razón y mi escasa memoria no suelo citar frases ajenas, además porque mi naturaleza rebelde me impide opinar según el parecer de otro. No niego que en ocasiones he estado tentado a escribir en mis libretas las frases que me conmueven, pero resisto el deseo y sigo de largo, no por desprecio al autor, sino porque sé que jamás voy a usarla para reforzar mis opiniones. Sin embargo, si debo escoger una frase, poema o canción, sin duda me quedo con el tema A mi manera de Paul Anka. Es lo más cercano a mi sentir, a mi vida. He porfiado por salir adelante con mi estilo, mis temas y mis ficciones. Cada uno de mis libros es diferente. Son ficciones que estoy seguro motivan distintos tipos de lector, que van desde la ficción histórica y ciencia ficción hasta la novela psicológica.        Me inspiran principalmente la Historia y la abrumadora repitencia que leo y escucho a diario en las noticias. El factor humano con sus pasiones, perversiones, debilidades y tendencias autodestructivas, en contraste con su capacidad de amar y de crear distintas formas y obras de arte, máquinas, construcciones y cadenas de solidaridad maravillosas. La sociedad con sus dilemas políticos, culturales y religiosos que amalgaman las pasiones individuales, las ambiciones y temores, dando vida a la única criatura atribuible a ser humano: la sociedad. Estos aspectos son infaltables en mis libros. Son el tema recurrente de mis historias y la preocupación, acción y motivación de mis personajes. Todos mis libros son mis preferidos. Actualmente tengo publicados los libros:

Uróboros, historia futura del mundo. Una distopía que proyecta el resultado de la sociedad belicista actual que la arrastra a la aniquilación, pero que resurge gracias a una generación acrisolada por la guerra. Una nueva civilización que heredó el afán por jubilar la muerte y desterrar a Dios de una vez por todas de este mundo. Una eternidad corpórea que por razones de espacio requiere suspender la procreación. Sin espíritus nuevos, la sociedad sucumbe a la monotonía. Como el ave fénix, la humanidad renace de sus cenizas para iniciar otro ciclo bajo nuevas circunstancias, edificando sobre las ruinas de la anterior civilización bajo nuevas amenazas y ambiciones.

Conspiración África nos remite al pasado, al siglo XIX, para revelarnos los orígenes del sistema político y social actual. Tras el telón de una tórrida y dramática historia de amor, Támara, la protagonista, denuncia las intrigas de los poderosos del Imperio occidental encarnados en los ingleses. Cómo someten o destruyen las culturas autóctonas del llamado Tercer Mundo, representadas por África en esta historia. Estrategias que van desde encender guerras para barajar cambios, incitar el endeudamiento individual, incoar epidemias para arrasar culturas enteras, controlar la educación y los medios de comunicación, entre otras artimañas, revelan el origen del mundo actual.

La niña de la Amikacina es hasta ahora la única novela basada en una historia real. Se mueve entre lo escalofriante de la brujería y los exorcismos, y el amor de una madre y un padre por rescatar a su niña de la posesión demoníaca. Una confrontación entre el bien y el mal. Una historia que se mueve al vaivén del escepticismo del papá y la credulidad de la madre.

Leonardo da Vinci, las sombras del futuro. Biografía novelada que armoniza, de manera divertida y dramática, la ficción con la realidad en la vida y obra del inigualable maestro florentino. En su lecho de muerte, Leonardo nos transporta, con su alucinante voz, por los senderos y vicisitudes que recorrió desde niño hasta su madurez como genio y polímata.

Actualmente estoy trabajando en obras como Escalera al infierno, Déjà vu, Experimento génesis, Zipazgo, 200 años de posverdad; La traición de los dioses, y en algunos cuentos y fábulas como Los resortes mágicos, La granja de doña Pangea, ¿Vida inteligente?

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