Leonardo Velasco

 

Leonardo Velasco autor de El patricio de Fuente Álamo. Editorial Adarve, editoriales que aceptan manuscritosTengo la suerte de vivir en Córdoba, una ciudad realmente mágica, rebosante de historia y llena de enclaves de ensueño. Pasear por sus calles y callejas es una experiencia única. A ello recurro cuando necesito meditar, aclarar ideas, buscar inspiración, o simplemente empaparme de la energía positiva que transmite esta ciudad. Vivo en uno de sus barrios más castizos, Santa Marina, que posee un encanto especial. Tengo 56 años y mantengo actualmente una relación en la que soy muy feliz. No he tenido hijos, pero mi pareja tiene un niño encantador de siete años. En él me inspiré para mi primera novela, Los fantasmas de la batalla de Bariloche, destinada a un público juvenil.

Nací en Puente Genil, un pueblo maravilloso situado en el sur de la provincia de Córdoba. Como dijo de él la escritora local Carmen Galán, es “una de las poblaciones más alegres, poéticas y optimistas de cuantas puedan serlo”. Un pueblo, además, con una larga y exitosa tradición literaria que vio nacer a autores de la talla de Manuel Reina, Juan Rejano, Ricardo Molina, Antonio Almeda, Juan Campos Reina, José Luis Rey, y un largo etcétera. Ser de Puente Genil implica llevar el gusanillo literario en la sangre. Al residir cerca, tengo la suerte de seguir manteniendo un gran contacto con mi pueblo natal. Allí viví hasta que me trasladé a Córdoba para estudiar ingeniería agronómica. Durante la carrera, despertó en mí la vocación científica y, tras terminarla, me embarqué en la realización de mi tesis doctoral en al ámbito de la genética de plantas, también en Córdoba. Posteriormente viví dos años en Göttingen, Alemania, donde realicé una estancia posdoctoral en la universidad de aquella ciudad. Fue una experiencia muy enriquecedora, tanto en lo personal como en lo profesional. Luego, tuve un contrato de investigación en el Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC en Córdoba y, poco tiempo después, aprobé un concurso-oposición para acceder a la escala científica del CSIC. Tuve la opción de permanecer en Córdoba, y no me lo pensé dos veces. Sigo trabajando en el mismo instituto, del que fui director durante cuatro años y, afortunadamente, sigo sintiendo la misma pasión por la ciencia que el primer día.

Aficiones: La investigación científica es muy absorbente y deja poco tiempo libre para otras aficiones, porque precisamente es la propia investigación la que debo nombrar como mi principal afición. Aun así, tengo otras muchas aficiones y trato de ser muy organizado para poder dedicarles algo de tiempo. La lectura es sin duda la principal de ellas. También soy coleccionista de sellos y monedas, y muy aficionado al flamenco, pero no solamente a escucharlo, sino también a estudiar y conocer su historia. Otra de mis aficiones es el estudio de la historia local de Puente Genil, en especial en su faceta literaria, y colaboro con una revista local denominada El Pontón en una sección que busca rescatar obras desconocidas de autores locales, principalmente del siglo XIX y primera mitad del XX. Y por supuesto, la escritura, la última afición en llegar, pero que ha estado siempre larvada dentro de mí.

Rasgo más sobresaliente de tu personalidad: Soy más introvertido que extrovertido, de forma que la soledad la he contemplado siempre más como una oportunidad que como un problema. Aun así, me encanta disfrutar de mi familia y mis amigos. Tengo a veces mal carácter, pero de muy corta duración; un amigo me comparaba hace años con una gaseosa: mucho gas, pero lo pierde enseguida. En cualquier caso, el carácter debe trabajarse y los aspectos negativos limarse, y sinceramente creo que he dado grandes pasos en aprender a controlar ese mal carácter ocasional.

Cuéntanos por qué decidiste ser escritor: Es algo que siempre he tenido en mente, pero como algo muy lejano. Algún día me encantaría probar a escribir, me decía, pero sin saber muy bien ni qué ni cómo. En el verano de 2018 tuve tres viajes de trabajo casi consecutivos y bastante largos, a Moldavia, China, y Rumanía, de forma que estuve casi más de dos meses de viaje. Recuerdo que, al llegar a la estación de tren de Córdoba el día del primer viaje, fui a sacar el libro de la bolsa de viaje (siempre llevo alguno) para leer durante el rato de espera, pero me di cuenta que lo había olvidado. Fui inmediatamente a la librería de la estación, pero no encontré nada interesante. Mientras repasaba una y otra vez los libros con creciente frustración, recordé que un día le había comentado al hijo de mi pareja que le iba a escribir un cuento de fantasmas, tema que a él le fascina. En ese momento tomé la decisión de aprovechar el viaje para escribirlo. El argumento del cuento me vino a la mente casi de forma instantánea, pasé todo el trayecto de tren escribiendo, y ya no paré. En los tiempos de espera de cada estación o aeropuerto, en cada trayecto, en los tiempos muertos en el hotel, me dedicaba a escribir, cada vez más emocionado. Finalmente, y casi sin darme cuenta, el cuento se fue convirtiendo en una novela. La emoción que sentí a medida que iba forjando los personajes y dando forma a la historia fue una experiencia indescriptible. Ahí supe que ya no dejaría de escribir, independientemente de que después se publicara o no lo que había escrito.

Autores preferidos y por qué: Desde niño he leído siempre mucho. En la infancia, mi escritora favorita era Enid Blyton y su serie de novelas de Los cinco, que leí completa. En la pre-adolescencia me aficioné especialmente a Julio Verne, Agatha Christie, y Connan Doyle, leyendo todo lo que de ellos había en la biblioteca municipal de Puente Genil. Luego, recuerdo haber leído los cien volúmenes de la Biblioteca Básica Salvat, de la que debo mencionar como obras que más me impactaron Werther, de Goethe, y la Antología de Gustavo Adolfo Becker. Este último me llevó además a aficionarme a la poesía, afición que sigo manteniendo. Con el tiempo, las lecturas se fueron ampliando a diferentes autores y estilos. Es difícil seleccionar uno o un reducido grupo de autores preferidos, pero, puesto a hacerlo, me quedo con tres autores alemanes: Thomas Mann, Herman Hesse, y Heinrich Böll. Me gusta de ellos especialmente, además de su estilo literario, la capacidad de sus obras para llevar al lector a sus propias reflexiones sobre aspectos nucleares de la existencia o, a veces, sobre temas más banales, pero siempre son libros que dejan un largo y fructífero período de reflexión tras su lectura.

Tu obra favorita de otro autor: Sin duda, la obra que más me ha impactado, que he leído varias veces, y que señalaría como mi obra favorita es Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll. Es una novela que me hizo reflexionar mucho sobre el papel del hombre en la sociedad, la necesidad de aprender a enfrentarse al fracaso, y la dificultad de vivir con unas ideas contrarias a la corriente mayoritaria. En cierto modo creo que me sentí muy identificado con el protagonista y sus reflexiones. Durante mi estancia en Alemania llegué a leerla en su idioma original, no sin cierta dificultad, pero disfruté mucho de su lectura.

Tu obra favorita de las que has escrito: Me quedo sin duda con mi primera novela, Los fantasmas de la batalla de Bariloche, dirigida a público juvenil. Posiblemente tiene más defectos que las siguientes novelas que he escrito (tres novelas publicadas hasta la fecha), pero con ella descubrí la pasión por la escritura y la enorme satisfacción que el escritor siente al crear unos personajes, dotarlos de personalidad, y enfrentarlos al universo que uno mismo ha construido a su alrededor.

Tu estilo literario: Mis novelas hasta ahora creo que se pueden encuadrar en la novela de ficción. Todas ellas llevan un toque sobrenatural, que es un tema que me interesa mucho. La creencia en fenómenos sobrenaturales ha estado siempre presente en la historia de la humanidad, desde que el hombre adquirió la capacidad del pensamiento abstracto. En mis novelas me interesa mucho analizar cómo se enfrentarían los personajes a estos fenómenos sobrenaturales, como los fantasmas o la reencarnación del alma tras la muerte.

Una cita de un autor que te guste: Me quedo con Quino y una frase de su personaje icónico, Mafalda, por la que siento verdadera adoración: Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante. Esos innumerables asuntos urgentes que tenemos resolver cada día terminan distrayendo nuestra atención y nos dejan poco tiempo para dedicarnos a lo que realmente consideramos importante en nuestra vida. Por ese motivo, organizarse bien, definir claramente las prioridades, y saber gestionar el tiempo son aspectos realmente esenciales en nuestra vida. Reconozco que no soy un modelo, pero creo que poco a poco estoy a aprendiendo a gestionar el tiempo cada vez mejor, un aspecto clave para poder compatibilizar mi trabajo con la escritura.

Obra en la que te encuentras trabajando en la actualidad: Actualmente estoy terminando la tercera entrega de la serie juvenil Las aventuras de Leo y Noa, que espero publicar en breve. La novela transcurre en el norte de España y, aunque sigue manteniendo algún elemento sobrenatural, es muy diferente a las dos anteriores.

Algo sobre tu manera de entender este mundo: Es muy difícil entender este mundo, dominado por la injusticia, y tratar de hacerlo nos enfrenta con aspectos muy negativos del ser humano, con los que no me apetece lidiar. Lo dejo para los sociólogos. En mi día a día aplico siempre la máxima de vive y deja vivir, y trato de relacionarme con los demás con empatía.

Tus proyectos inmediatos: El año próximo espero publicar la tercera parte de la serie juvenil Las aventuras de Leo y Noa. También me gustaría escribir la segunda novela para público adulto, continuación de El patricio de Fuente Álamo, publicada este año por Editorial Adarve, que ha tenido muy buena aceptación.

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