José Antonio Devesa Salmerón

 

José Antonio Devesa autor del libro Cartagena de Indias. Editorial Adarve, editoriales que aceptan manuscritosQueridos lectores y lectoras. Espero que a la lectura de la presente se encuentren bien. Desde luego, yo estoy encantado de tener la oportunidad de poder dirigirme a vuestras mercedes.

Quizás, como debe ser cuando unos amigos se conocen –y los considero a todos ustedes mis amigos de antemano–, se debe comenzar por presentarse. Mi nombre, José Antonio, lo es porque mis dos abuelos se llamaban así: uno José, que era patrón de barco pesquero y el otro Antonio, carpintero de profesión. En el tiempo de mi nacimiento, hace cuarenta y nueve años ya, todavía se usaba lo de poner a los recién llegados a este mundo el nombre de alguno de sus familiares. Y eso estaba bien, porque ayudaba a tener unas raíces, a seguir una saga familiar. Aunque no crean que pienso que lo contrario esté mal. A menudo somos el reflejo de las modas y las mentalidades que existen cuando nacemos. Algo que tengo muy presente cuando doto de una personalidad propia a los protagonistas de mis novelas.

Actualmente resido en la hermosa ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, aunque soy nacido en Cádiz y criado en El Puerto de Santa María. Como decía don Rafael Alberti, ilustre paisano mío, soy gaditano de la Bahía, aunque también palmense por decisión propia. Por fortuna, como quiera que las urbes donde he vivido la mayor parte de mi vida son ciudades costeras, y que el talante de sus habitantes es muy amable, me encuentro igual de bien en cualquiera de ellas. Comprendan que cuando se nace cerca del mar siempre se tiene añoranza por él.

Rafael Alberti

…en sueños la marejada me tira del corazón… ¡Ay mi blusa marinera; siempre me la infla el viento al divisar la escollera!…

  1. Alberti

 

Por lo demás, no crean que llegué a las Canarias haciendo turismo, a pesar de que son muy interesantes para visitar, pues el caso es, que fue por trabajo. Aunque he de reconocer que lo mío por esta tierra fue un amor a primera vista que dura ya más de veinticuatro años. Vivir en una isla tiene algo de diferente, probablemente, porque uno tiene muy claros los límites y, puesto que se trata de un territorio limitado, se acaba por conocer todos los rincones interesantes recorriéndolos una y mil veces. Es como vivir en un inmenso barco que siempre está navegando por el océano. En fin, que aquí tengo mi residencia y en este navío espero exhalar mi último suspiro… dentro de mucho tiempo si es posible (tengo mucho que escribir todavía) y acompañado por mi esposa, si no es pedir mucho a la Providencia.

Leer es una afición que heredé de mi padre, que tenía una modesta biblioteca en el piso donde vivíamos, donde tenía algunos ejemplares de novela histórica que eran mis preferidos. Supongo que el gusto por la historia fue una consecuencia de esas lecturas. Me resultaba tan interesante lo que descubría sobre el pasado cuando leía que, cómo afición, andando los años, decidí estudiarla en el lugar donde se hallan los mejores expertos en ella: la universidad. No, no crean que mi pretensión era ganarme la vida cómo historiador, más bien pretendía aprender el método y sobre todo disfrutar de lo que me enseñaban. Fue con el paso del tiempo y tras darle algunas vueltas, que me pareció interesante buscar la forma de contagiar a otras personas de mi afición por el pasado, divulgando la historia en forma de relato. Un reto muy interesante, porque tengan en cuenta que un escritor de novela histórica, como el que les escribe, es un descubridor de mundos pasados, pero también un creador de opinión al mostrar esos mundos bajo su particular visión.

Escribir… parece solo una cuestión de ponerse a ello. Pero al principio no sabes cómo empezar. Sin embargo, una vez que te documentas, que adquieres los conocimientos necesarios, y pones la imaginación al servicio del relato que quieres plasmar, de la parte de la historia que deseas narrar, nace tu obra. Y como todo lo que nace, tiende a crecer y, un día, a independizarse en forma de libro. Aquí debo hacer un paréntesis para agradecer a Editorial Adarve su decisión de editarme. A mí, que no soy nadie, solo un desconocido. Una persona discreta, algo tímida, que es amante de los animales, de las motos y de los libros. ¿Les he hablado de mis gatos? Actualmente tengo tres a los que quiero como hijos y a los que trato como a príncipes. Miki, Junior y Drogón son tres animalitos ricos –porque viven rodeados de amor y de atenciones–, que son los mejores “acompañadores” del mundo. Expertos en hacer desaparecer el estrés, en alegrarte los días malos y en reconfortar tu alma con su sola presencia. Por supuesto, recomiendo la experiencia de compartir la vida con uno de estos compañeros incondicionales, combatientes contra la soledad, de los que hay muchos en busca de hogar.

¿Pero por dónde iba? ¡Ah! El oficio de juntar letras. Verán, si me hacen el honor de leer alguna de mis obras, independientemente de que les agrade el estilo, algo personal que tenemos cada escritor y que puede gustar más o menos. Puedo asegurarles que en mis relatos predomina el contexto histórico, la sucesión de acontecimientos y la recreación de los personajes de la manera más fiel posible a la época descrita. De manera que, al leer, a la vez que se sigue un relato coral de la vida de los protagonistas, de una manera ágil, se está obteniendo similar información –en una ventana abierta al pasado–, que la que se podría obtener si se estuviera leyendo un manual de historia. Aunque, por supuesto, desprovista de los tecnicismos y el lenguaje científico que suelen emplear los historiadores. Algo que es criticable, en la medida que aleja el interés por la historia del público en general. Porque el pasado es algo más que una sucesión de fechas, acontecimientos y batallas por analizar. Es también el resultado de las vidas de nuestros antepasados. De su trabajo y sus tribulaciones, de sus amores y celebraciones; y esa parte, merece mucha más atención de la que se le presta.

Como decía, como lector me he interesado siempre por la novela histórica. Y he de decir que es un género con excelentes autores. Quien no ha tenido en sus manos un libro de Kent Follet, León Uris, Pérez-Reverte, Posteguillo, Molist, Calvo Poyato, Julia Navarro, Manfredi, José Zoilo, Mercedes Guerrero, y un largo etcétera. Todos nos han llevado a un momento del pasado, recreado con viveza, para que podamos conocerlo. Y eso tiene mucho mérito, pues, cómo decía Marco Tulio Cicerón, “si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño”. De todos ellos he aprendido algo al leerlos. Quizás, la mejor lección haya sido que los acontecimientos llegan mejor al público en boca de los protagonistas. Cuando se descubre al leer una narración, a través de ellos, cómo sentían, cómo pensaban y de qué manera vivían las personas a las que les tocó vivir los acontecimientos; cuál era el contexto político y los intereses económicos que llevaban a los momentos de crisis. Algo que nos lleva a descubrir que, a veces, la historia se repite con diferentes protagonistas –Nihil novum sub sole– y, sin embargo, siempre hay matices que hacen distintos los hechos y las consecuencias.

Todo ese bagaje y mí referida afición por el pasado, es lo que me ha motivado a crear mis propios relatos. En “Cartagena de Indias, una novela sobre la Real Armada Española del siglo XVIII”, mi primera obra, trato además de recrear el ambiente naval, pues, la literatura naval es considerada un género en sí misma y no hay demasiado escrito sobre los siglos de navegaciones que se enmarcan en la edad de oro de la navegación a vela. Sobre todo si el relato es desde el punto de vista de los marinos. Una edad apasionante en sí misma, llena de aventuras, momentos de dramas y de triunfos. Mis personajes son gentes de todas las condiciones sociales que se entremezclan con los protagonistas reales de su tiempo. Al estudiar las vidas de estas personas, a nadie le debe quedar dudas de que tuvieron vivencias extraordinarias. Se cumple así esa famosa afirmación que dice que cualquier ficción que se nos pueda ocurrir es superada siempre por la realidad.

En mi segunda obra, “Viaje Redondo”, finalista en el VIII Premio Hispania de Novela Histórica, pendiente de publicación con Editorial Adarve, relato cómo era uno de los viajes épicos, casi una odisea, que realizaban los buques, tanto del comercio como del rey, que mantenían enlazada la antigua y la nueva España en el siglo XVIII.

Pero espero no acabar aquí. Mi tercer proyecto está en el horno. En el mismo contexto de la primera mitad del siglo XVIII y, con él, completaré una trilogía que discurre entre los años 1739 y 1748. En coincidencia con la poco conocida “guerra del Asiento” y la guerra de Sucesión Austriaca.

El denominador común de estas historias es la recreación del mundo naval. La descripción de la vida a bordo de los preciosos y robustos, aunque frágiles, buques de maderas hierros, cabos y velas del siglo XVIII. Pero también lo son sus personajes. Que, aunque unos son más sencillos y otros más complejos, eran nuestros antepasados. Actualmente existe una corriente de pensamiento, que en el fondo tiene poco que ver con la historia real, que tiende a juzgar a las personas que les tocó vivir épocas pretéritas por lo que hicieron o no hicieron. Es el momento de preguntarse si somos justos con ellos. Mi reflexión es que trescientos o cuatrocientos años no son nada… y de seguro, si cada uno de nosotros buceamos en nuestra intrahistoria familiar, en nuestros apellidos, podríamos llevarnos alguna sorpresa. ¿Seguiríamos juzgando igualmente a estas personas si descubriéramos que eran antepasados directos? ¿O quizás seríamos más comprensivos y condescendientes? ¿Y si averiguáramos que un ascendiente nuestro estuvo involucrado en uno u otro hecho? Dejo esta observación en el aire, para que cada cual la conteste íntimamente.

José Antonio Devesa es autor de “Cartagena de Indias, una novela sobre la Real Armada Española del siglo XVIII” –Editorial Adarve–, nacido en Cádiz en 1972, casado y residente en Las Palmas de Gran Canaria. Inició su carrera profesional en las fuerzas armadas hace más de treinta años y, actualmente, forma parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

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