Beatriz Vacca

Beatriz Vacca autora del libro Mala muy mala. Editorial adarve, Editorial Adarve de España, Editoriales españolas, Editoriales españolas actuales, Editoriales de España, Editoriales actuales de EspañaVivo en la ciudad de Quilmes, provincia de Buenos Aires, Argentina. Tengo 57 años, estoy casada con Domingo y tengo dos hijos, Gabriel, de 35 años, y Emiliano, de 30.

He tenido una niñez feliz; la vida de una niña normal sin ningún sobresalto. He crecido en una familia en la que me sentí querida y he estudiado en un colegio de señoritas donde se han cometido un sinfín de travesuras (obviamente diferentes a la del libro) con un grupo estupendo que aún, en el tiempo y la distancia, seguimos compartiendo muchos momentos de nuestras vidas; hace dos años viajé a Madrid y visité a Carmen, una de mis compañeras de la secundaria (una amiga muy querida) y a las Islas Canarias para encontrarme con mis dos primas, Gladys —que también fue mi compañera de colegio— y Mónica, que viven allí hace muchos años.

Nací en la ciudad de Avellaneda, Buenos Aires. Al salir de la secundaria trabajé con un despachante de aduana; luego puse un negocio y cuando me casé, como los niños llegaron pronto, decidí dedicarme a ellos. Luego pusimos negocio propio y reemplazaba a mi esposo cuando él no estaba. Estudié todo lo que pude. Intenté entrar a la universidad para estudiar farmacia, pero pronto entendí que mis hijos aún me necesitaban y dejé al terminar el primer año. Más tarde, cuando ya habían crecido, me di cuenta de que ya era hora de comenzarlos a soltar y decidí estudiar, de lo que luego trabajaría durante dieciocho años: depilación, cosmetología y cosmiatría, tratamientos estéticos, kinesiología, maquillaje para novia, que intenté dejar sin lograrlo aún del todo. Luego me picó el bicho de la gastronomía y allí fui sin miramientos y me recibí de cocinero y pastelero profesional. Hoy hago un poco de cada cosa además de escribir, que es lo que realmente me gusta.

Quilmes Argentina. Editorial adarve, Editorial Adarve de España, Editoriales españolas, Editoriales españolas actuales, Editoriales de España, Editoriales actuales de España

Vista nocturna del Municipio de Quilmes

Mis aficiones: Indudablemente, la lectura, algo que ya ni recuerdo desde cuando lo hago. Amo los libros de cualquier índole y siempre soñé con mi propia biblioteca que no hace mucho pude armar. Esto que les voy a contar es una infidencia: cuando mis hijos eran pequeños y salíamos a caminar —generalmente cuando estábamos de vacaciones porque teníamos más tiempo—, cuando veían una librería, se cruzaban a la vereda de enfrente, ¿por qué? porque sabían que si yo entraba iban a tener que esperar mucho para seguir adelante.

Otra afición hoy es, por supuesto, escribir. Algo que necesito hacer diariamente. Es como una droga que no puedo dejar. Además, siempre me gustó la música y el baile, aunque hace mucho que no salgo a bailar.

Me apasiona juntarme con Mónica, mi mejor amiga, a tomar un café en el centro de Quilmes y hacer catarsis. Obviamente, cuando estamos juntas, nadie está a salvo.

Disfruto las comidas en familia. Los cuatro juntos un fin de semana. Extraño las largas mesas de fin de año llenas de familiares, algo que, con el tiempo y las circunstancias, hemos perdido.

Me encantan las reuniones. Hace unos años, después de mucho tiempo de no vernos y gracias a las redes sociales, volvimos a juntarnos los primos —que somos muchos— y comenzamos a reunirnos de tres a cuatro veces al año; cada vez lo disfrutamos más. Estas reuniones son una caricia al alma. Cuando renegamos de algunas cosas de las redes me doy cuenta de que no todo es tan malo, a mí me permitió volver a ver a las personas que tanto quiero y que, por algunas circunstancias de la vida, nos habíamos alejado. Además, aún después de tantos años, continuamos reuniéndonos con la tribu de la secundaria, y esto también es una caricia al alma. Ver cómo hemos crecido, cómo hemos cambiado y además darnos cuenta de las cosas que nunca van a cambiar a pesar del paso del tiempo. Confieso que estas reuniones, que cada vez se hacen más seguido, nos hacen ver que, aunque tengas la edad que tengas, siempre habrá dentro nuestro un niño, un adolescente que quiere ser feliz.

Me gusta viajar, no importa dónde, y hace unos años descubrí que me encanta subirme a un avión.

Rasgos más sobresalientes de mi personalidad: Esto debería decirlo quienes me conocen, pero bueno, voy a intentar dejarles un pantallazo de cómo me veo yo, aunque no sé si podré ser muy objetiva. Soy perfeccionista, ¡un rasgo complicado! Todo lo quiero perfecto. Si escribo, leo mil quinientas veces y para mí nunca va a estar del todo bien, por eso, como dije en otra entrevista, no leo más mi novela porque le voy a seguir encontrando cosas que no me terminan de convencer. Si hago alguna manualidad debe estar perfecta — una amiga con la que he trabajado me critica esta virtud, o defecto, como quieran verlo—; si hago una reunión todo debe estar en el lugar que yo creo que debe estar. Cuando estudiaba no me permitía un error, y así puedo seguir contando muchas cosas más. Los demás creen más en mí que yo misma.

Soy tímida al principio, pero cuando comienzo a tener más confianza no paro de hablar. Siempre que quise empezar algo nuevo me costó horrores: cuándo decidí comenzar a estudiar Cosmetología, entre otras cosas, tardé dos años en entrar para preguntar, pero cuando lo hice, nadie pudo pararme.

No creo tener un perfil de líder, pero suelo llevar la batuta de muchas cosas; organizar fiestas, reuniones, en algunos lugares como estudio o trabajo suelo ponerme al frente para que todo salga bien (¡Oh no!  otra vez salió la perfección). No me gusta dejar algo al azar y siempre pienso que, si me pongo al frente, todo va a salir bien. En casa es igual. No dejo que me toquen lo que pienso que solo puedo hacer yo, aunque sé que, si yo no estoy, los demás también pueden hacerlo.

He hecho de todo. No me asusta el trabajo, lo que no sé hacer es vender; cuando se trata de venta soy un desastre. Puedo estar frente a un negocio, sí, soy amable, trato bien a la gente; lo que no puedo es salir a ofrecer mi trabajo a la calle.

Soy miedosa en todos los ámbitos; el miedo, muchas veces domina mi vida y eso me ha perjudicado mucho. En ocasiones que quiero hacer algo, el miedo me frena y eso me llena de angustia. Le tengo terror al ridículo. A veces me gustaría hacer cosas pero después de pensarlo mucho, no me animo a hacerlas. Soy sencilla, aunque me gusta el glamour. Me gusta arreglarme, pero detesto las fotos.

Tengo un carácter algo complicado. Digo las cosas como me vienen y eso me ha traído muchos problemas en la vida. No puedo callarme. Digo lo que pienso y eso, algunas veces, te juega una mala pasada. Me gustaría poder pensar antes de actuar, pero es más fuerte que yo. Me gusta la amistad y cuando hago amigos de verdad, me brindo a ellos por entero. No siempre me ha ido bien, pero yo estoy tranquila por haber dado todo de mí. Pienso que soy agradable, justa, honesta y buena persona. Siempre me brindo al otro. Tengo capacidad de reflexión, porque a pesar de que digo lo que pienso cuando lo pienso y me sale como una catarata que no puedo frenar, algunas veces me doy cuenta de que no siempre tengo razón. Puedo pedir perdón y suelo hacerlo cuando creo que cometí un error.

Y como me gusta hacer de todo, me cargo de trabajo y no tengo tiempo para nada.

Soy ansiosa, pero muy ansiosa; otro rasgo que me domina, quiero las cosas para ayer y no siempre consigo lo que quiero. Me molesta que me digan que sí y luego hagan como que no dijeron nada. La ansiedad por momentos fue una traba para muchas cosas, me ha perjudicado la salud y aunque intento detenerla, muchas veces es más fuerte que yo.

Soy insegura en lo que hago y muchas veces, por no decir siempre, los demás creen más en mí que yo misma. Todo me cuesta el doble. Si volvemos al libro, fue mi hermana la que me empujó al precipicio, porque ella decía que estaba preparada y yo no llegaba a entenderlo.

—Dale, Betty —me decía continuamente—, este es tu momento, no esperes más.

Y aquí estoy, siempre esperando la aprobación de los demás.

Por qué decidí ser escritor: Me ha gustado la lectura desde siempre. Ya ni recuerdo cuándo comencé a leer. Llevo contabilizados 569 libros, sin contar aquellos que, cuando era muy joven, ni se me hubiera ocurrido contabilizar.

Portada del libro Mala muy mala de Beatriz Vacca. Editorial adarve, Editorial Adarve de España, Editoriales españolas, Editoriales españolas actuales, Editoriales de España, Editoriales actuales de EspañaDesde muy pequeña —y esto es algo que nunca le he contado a nadie— me acostaba por las noches e imaginaba historias. Aquí, en ese entonces, existía un programa llamado Música en libertad, un programa que me gustaba mucho y yo, cuando podía conciliar el sueño, imaginaba historias con los protagonistas de ese programa. Parece loco, ¿no?, pero eso hacía. En ese entonces, no se me hubiera ocurrido escribir nada, tenía muchas faltas de ortografía y me costaba horrores expresarme sobre un papel. No se me hacían fáciles las redacciones del colegio. Pero el tiempo hizo algo en mí que ni yo puedo reconocer. Con el tiempo me animé a comenzar a hacer algunos cuentos que no mandé a ninguna parte. En el 2001, ya más arriesgada, participé de un concurso con cuatro cuentos infantiles y fueron elegidos tres de ellos (I Antología de cuentos Breves PARA SEGUIR CONTANDO. Urano, 2001), Una nueva lección de vida, Una nueva oportunidad y Las desventuras de Mariano. Esto me dio algo de seguridad, pero la vida, las obligaciones, los hijos y muchas cosas que se me cruzaron en el camino hicieron que todo quedara en eso. En 2008 tuve el atrevimiento de mandarle un email a Isabel Allende preguntándole cómo se hacía para poder escribir y saber volcarlo en el papel, porque ese era el problema que yo tenía. En pocas palabras, me dejó en claro que debía tomar el hábito de escribir todos los días, y así lo hice. Al principio dejaba todo sin terminar, hasta que un día, decidida a que algo saliera como yo quería, comencé a escribir y no paré hasta terminar mi primera novela, Mala… “Muy Mala”. Mientras lo hacía, me di cuenta de que había comenzado algo que ni yo sabía qué era. Cada día tenía la necesidad de sentarme a escribir, aunque fueran algunos renglones. Cuando por motivos particulares no podía hacerlo, sentía que algo me estaba faltando. Se me había hecho una costumbre, una bonita costumbre. Hoy necesito cada día la droga de la palabra, esa que, como les digo a todos cuando me preguntan qué siento cuando leo o cuando escribo, les contesto que la lectura y la escritura me transportan a otras vidas, vidas ajenas a la mía y, mientras estoy en esas vidas, las vivo como si yo perteneciera a ellas; son mi cable a tierra, y siento que las disfruto. Vivo en grande las fantasías que ofrecen esas historias. Por eso le pido a la gente que no dejen de leer.

Como verán, todo me cuesta un poco. Tardé un largo tiempo en decidirme mandar el manuscrito; mi inseguridad hace que todo ocurra más tarde en mi vida. Aunque tengo que creer en esa frase que dice que las cosas llegan cuando tienen que llegar, ni antes, ni después. Y aquí estoy, pretendiendo llamarme escritora; algo a lo que no puedo acostumbrarme fácilmente. Hoy aún invento historias en cualquier lugar y cualquier momento. Hay días que, al sentarme en el ordenador, no puedo escribir una sola palabra, pero cuando entro a la ducha la imaginación vuelve como si nunca se hubiese ido.

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Philippa Carr

Mis autores preferidos y por qué: La autora con todas las letras para mí es Eleanor Hibbert, más conocida por sus seudónimos Victoria Holt, Jean Plaidy y Philippa Carr, entre otros. Estos seudónimos son utilizados por ella para trazar las diferencias en sus historias. El primer seudónimo lo utiliza para elaborar magníficos relatos de suspenso y misterio con una fuerte mezcla de romance. El segundo escribe auténticamente historia novelada y, el tercero, ofrece un trasfondo histórico real, pero no permite que la historia domine el argumento de sus novelas. Yo me quedo con las historias de Victoria Holt y Philippa Carr, en ese orden. Creo que ya no me quedan títulos por leer del primer seudónimo. Para terminar, me atrapan sus suspensos e intrigas.

En segundo lugar, me gusta Danielle Stell, con una narración más real, más cotidiana, sin tantas intrigas. Un relato más lineal.

Florencia Bonelli, una escritora argentina que supo ganarse el corazón de muchos. Me encanta su forma, sus pomposos relatos donde mezcla la realidad con la ficción. También me gusta Isabel Allende, con una manera de escribir muy diferente al resto, sin tanto diálogo; y Agatha Christie, con sus misterios insuperables. Nora Roberts, Harold Robbins, Sandra Brown, Jorge Fernández Diaz… Podría seguir nombrando porque mi biblioteca está llena de autores.

Hace muy poco descubrí a María Border, una autora argentina que comencé a leer casi por casualidad y descubrí que me gustaban mucho sus historias.

Y después de tanto leer y analizar las formas que tiene cada uno, descubrí que se puede contar una historia de muchas maneras.

La bruja que vino del mar de Philippa Carr. Editorial adarve, Editorial Adarve de España, Editoriales españolas, Editoriales españolas actuales, Editoriales de España, Editoriales actuales de España

Mi obra favorita de otro autor: Indiscutiblemente La bruja que vino del mar de Philippa Carr. Este, es el libro que hizo que yo no parase nunca de leer. Cuando comencé con la lectura, no la podía dejar.  Fue el primero de todos los libros contabilizados en mi biblioteca; hubo otros, pero este es el que me marcó, el que me hizo ese click para que siguiera leyendo. Quizás no sea el mejor de todo lo que he leído, pero es mi preferido. Si en algún momento me dijeran «tienes que deshacerte de todos tus libros, solo uno puedes conservar», este sería el elegido. ¡Y si vieran cómo está!, pobrecito, pegado con cinta, negro del tiempo, pero yo lo quiero igual.

Mi obra favorita de las que he escrito: Como verán, no tengo mucho. Solo tres cuentos y una novela. Por lo tanto, no tengo mucho para elegir. Mala… “Muy Mala” es mi favorita.

 Mi estilo literario: Para ser franca, cuando comencé a escribir no pensé en ningún estilo. Fui de a poco creando lo que siempre me gustó encontrar en una historia. Hoy encuadro mi estilo literario en una novela de ficción, romántica con intriga.  En realidad, el encuadre que me gusta es la intriga, independientemente de si es romántica o no; lo que sí, necesito que tenga algo, que haga que el lector quiera seguir leyendo para descubrir esa cosa que no se dice desde el principio.

Una cita de un autor que me gusta: He leído tanta ficción que no me atrevería a hurgar entre tanta palabra para separar solo un párrafo. Por eso, voy a transcribir uno que me quedó muy grabado dentro mío, del libro Vivir sin miedo:

 «Ser uno mismo…

Ser uno mismo es decir sí, aunque todos digan no.

Es juzgar tus propias acciones, sobre la base de la acción misma

y no juzgarla por la aprobación o desaprobación de los demás.

Ser uno mismo es el mayor reto que tenemos en la vida.

Si tú no vives tu vida por ti, ¿quién es el que vive tras esas facciones tuyas?

Sé tú mismo. Es la única manera de sentirse de verdad persona.

Sé tú mismo. Libre y responsable.

Toma el timón de tu vida. No lo dejes en manos de otros…»

Capítulo VI (Los mandatos). Dr. Enrique Guillermo Suarez, Creador del FOBI.

 

Obra en la que me encuentro trabajando en la actualidad: En estos momentos tengo dos novelas en proceso. Una la empecé a escribir en octubre de 2016 y lo más importante de ella lo hice durante la convalecencia de mi madre. Aún no tiene título y le falta el final. Es un poco más jugada que Mala… “Muy mala” y necesito algo de información para terminarla. La otra comencé a escribirla el 10 de febrero del 2018, viendo una escena en la playa y mi mente actuó tan de prisa que tuve que plasmarlo en papel. Está casi terminada y tampoco tiene título todavía.  Por supuesto, ahora hay que comenzar con todo el proceso de corrección de ambas y eso lleva un tiempo importante.

Algo sobre mi manera de entender este mundo: ¡Qué difícil! Hablar del mundo de hoy no es fácil. Un mundo convulsionado, lleno de violencia donde todos pelean por cualquier cosa y donde a nadie le importa el otro. Me angustian las guerras, el uso indiscriminado de las armas, el maltrato, la droga, la falta de escrúpulos, de ideales y, sobretodo, la destrucción de la familia; pero creo que siempre hay una luz al final del camino y siento que estamos en un momento muy importante de cambios; espero que sean para mejorar y no para seguir destruyendo. He escuchado por años la frase: «Todo pasado fue mejor», pero no sé… vengo de una generación que tuvo que acostumbrarse a cambios, muchos cambios, porque fuimos evolucionando en muchas cosas y algunas de ellas, que eran prohibidas o castigadas, ahora son aceptadas por la sociedad, y así debe ser. La vida va cambiando, el mundo entero cambió.  Los de mi época tuvimos que adaptarnos a cosas nuevas como, por ejemplo, la tecnología; nuestros hijos nacieron con ella y nosotros, ignorantes totales en el tema, tuvimos que acomodarnos para sobrevivir en la selva.

 Mis proyectos inmediatos:

Hoy por hoy, mi proyecto personal tiene mucho que ver con el literario, un nuevo libro. Además de muchas cosas que tenemos previstas como pareja o familia, lo que hoy me ocupa es seguir adelante con esta cosa tan emocionante que es la adrenalina de la ficción impresa en un papel.

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