Mario León Ramírez Jiménez

 

Mario León Ramírez Jiménez autor de El viandante. Bien y mal. Editorial Adarve, editoriales que admiten manuscritosEn la actualidad resido en las profundas junglas amazónicas, en medio de la aculturación Indígena aborigen, cumpliendo la misión de clérigo y docente. A mis 64 años continuo soltero, consagrado al trabajo no remunerado.

La información que recibí de mi madre al explicarme el origen de mi nombre de Mario León: El primero en agradecimiento al padrino de bautismo, el segundo a la provincia de nacimiento y en honor al Papa León XIII. Al formarme como clérigo misionero, inicié mis servicios en las naciones sudamericanas. Cada cinco años preparo mis prolongadas vacaciones a mí España acogedora. Se aproxima las vacaciones definitivas para dedicarme de una vez por todas a escribir novelas, un don que descubrí a los cincuenta años, pero resolví a los sesenta años incursionar las letras escritas con tintes de drama, por ser más llamativa al lector, aplicando las enseñanzas del bien y del mal inherentes a nuestra naturaleza.

Para ello los estudios aplicados de Teología, Filosofía y Ciencias Sociales, son cruciales para el escrito de la obra literaria y de otras narrativas; considerando que es una forma didáctica de anunciar y denunciar el bien que profesamos, pero también el mal con el que actuamos.

En mi tiempo libre, a pesar de estar limitado por la profesión, acostumbro realizar caminatas y en las horas de la noche realizar las anotaciones de importancia, como especie de diario, luego continuar la lectura de diversos escritores.

Soy extrovertido ante los demás, es así como anuncio y denuncio lo que no es normal en las conductas de las personas, pero resalto el buen proceder, también recibo consejo de quienes necesitan expresar alguna duda de mi proceder.

Insertado en las profundas junglas y la civilización, acostumbro realizar anotaciones diversas sobre los aborígenes, con la intención de realizar un documental antropológico de trabajo de campo para la universidad. El tema fue fuerte, sobre el genocidio cultural y religioso que estábamos cometiendo entre ellos, arrebatándoles su propia identidad. Este escrito no gusto al jerarca de turno. Por fuerza mayor y tantos problemas sociales con los grupos insurgentes, me desplacé por unos años para España con la idea de realizar algo diferente a mi profesión y dedicar buen tiempo a la pastoral obrera, pero siendo uno de ellos, tal como lo es un conserje, un guarda de seguridad juramentado y diferentes servicios varios en empresas, por supuesto, no divulgando mi identidad profesional de clérigo. Sin esta experiencia directa y sufrible me era imposible escribir y describir la realidad de la primera novela; para ello necesitaba la experiencia directa de exiliado a Francia y luego Alemania para sentir la miserable vida de un emigrante indocumentado. La supervivencia es incuestionable, Las ONG esconden muchos vicios para dar atención real al necesitado a largo plazo. Se descubre que la mayor parte de las ayudas humanitarias de las organizaciones se van en burocracia y pagos administrativos de una gran cantidad de empleados no necesarios para atender un puñado de emigrantes. Logré resistir seis meses, ya era tiempo de regresar a las Américas, así no lo quisiera los superiores y jerarcas, mi edad y madurez ya no está para que me estén diciendo que hay que hacer y a donde debo de ir. Es tiempo para dar rienda suelta a la escritura.

Había que recopilar las experiencias para redactarlas a lo estilo novela. La primera motivación llegó por parte de un docente que me pidió una apreciación escrita para un proyecto de campo, me insinuó que tenía dotes de escritor.

Vivo la teología de la liberación y el ecumenismo religioso, sin distinción de prácticas doctrinarias y de personajes que le representen. Me da lo mismo y admiro a quienes trabajan pastoralmente con los marginados y escritores de temple que denuncian las malas prácticas de una iglesia única y triunfadora, sea de clérigos católicos casados o solteros, ortodoxos, evangélicos, anglicanos o luteranos. Hombres o mujeres consagradas u otros estados modernistas de vivir su sexualidad abiertamente, aceptados por un buen número del prójimo.

Concuerdo con los escritos del profesor Hans Kung, no dejó coartar su pensamiento ante las opiniones censuradas de sus oponentes henchidos de poder supuestamente espiritual. Sabemos que algunos se llenan de envidia y egoísmo al no saber redactar un texto extenso mayor a 200 páginas.

Cuando fui estudiante de filosofía, leí la obra literaria: “Más allá del bien y del mal” cuyo autor es Friedrich Nietzsche. Me llevó a incursionar sobre la dualidad del bien y el del mal muy común en el ser humano, mucho más en las religiones culturalizadas de nuestros tiempos. Dicha dualidad, está sembrada y cuando se medita sobre el bien, hay fuerzas suficientes en no sucumbir sobre el mal, es una especie de balanza en donde la conciencia trata de justificar el punto medio y luego observar más allá sobre las realidades experienciales de la conducta. Por algo hay leyes penales que castiga el obrar del mal y los daños colaterales que le causan al bien y a la conducta misma.

Sin duda la primera novela: El viandante. Bien y mal, marca la intensión y el estilo de los otros escritos, es mi primera escuela de incursionar las letras, sinónimos y antónimos, tiempo, espacio y contratiempos, teniendo en cuenta los contactos directos con personajes reales, desplazamientos, entrevistas y costos personales. La novela está escrita para la comprensión de todas las personas, sus profesiones y edades.

Pero tengo en cuenta la segunda obra literaria género novela: El sinfín de los brujos y los durmientes, que no está editada, es más autobiográfica con escenas más profundas de las ciencias aplicadas como la filosofía, teología y psicología.

No soy experto, pero considero mis escritos con marcadas tendencias al género narrativo que desemboca en subgénero de novela dramática en el plano de la experiencia espiritual y vivencial.

Todo comenzó escribiendo sugerencias para estar atentos a la seguridad personal y material de nuestros bienes, pero al pensar, mi cerebro bombardeo personas y sucesos, cambiando las sugerencias a lo estilo crónica informativa. De tanto reelaborar el escrito y observar la cantidad de mí bitácora archivada en agendas y cuadernos, concluí que allí estaba mi novela y otras que se desprenden de mí historia escrita a tinta. No fue fácil.

Portada del libro El viandante. Bien y mal de Mario León Ramírez Jiménez. Editorial Adarve los teólogos no producen crisis; simplemente las señalan.” Es una frase muy difundida sobre el autor y escritor teólogo Hans Kung.

Después de la novela El Sinfín de los brujos y Los durmientes, inédito, estoy escribiendo con interrupciones por los compromisos sociales otra novela: La profesa diabólica.

El mundo, que es nuestra tierra y sus alrededores cósmicos son los mismos sin alteraciones. Es el ser humano quien cambia ciertas costumbres como: la ética, la moral, los cultos, la política, la gastronomía, el aprendizaje y la enseñanza a medida que la cultura generacional avanza en tecnología y va relegando en segundo plano nuestros gustos. Pero el texto escrito resiste los embates tecnológicos, como el ordenador u otros elementos conocidos que son admisibles como herramienta.

Estoy preparando el retiro definitivo de profesión y andanzas misioneras, se acerca la anhelada pensión, si es que no hay inconvenientes. Tengo claridad que la escritura es el fin hasta donde más se pueda, legado que dejo para que alguno de la familia parental lo continúe.

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