José María Iglesias

 

José María Iglesias Memorias de un asesino ilustrado. Editorial Adarve, Editoriales de EspañaNací en Salamanca en el verano de 1973, aunque desde hace más de dos décadas resido en Palma de Mallorca, por lo que tengo la gran suerte de poder sentirme tan salmantino como mallorquín.

Uno de mis mayores orgullos es el hecho de haberme criado en un pueblo pequeño. Gracias a ello mi infancia transcurrió en la calle, jugando al fútbol con mis amigos hasta que caía la noche y nuestras sufridas madres nos llamaban para la cena. Recuerdo con mucho cariño aquellos años de compañerismo e inocencia.

Con el correr de los años y de la vida tuve que empacar toda mi existencia en una maleta, despedirme de los míos y poner rumbo a Madrid con el propósito de forzar mi suerte.

Allí trabajé durante algunos años como vigilante nocturno. Ese trabajo me enseñó a luchar a brazo partido contra el sueño, también me sirvió para confirmar la lectura como una de mis grandes pasiones. Las interminables horas de vigilancias se convirtieron en un buen puesto desde el que observar las idas y venidas de la gente y poner en marcha el lado curioso y entrometido que domina a todo aquel que esconde su vocación de escritor. Fue precisamente a lo largo de todas aquellas horas de soledad cuando decidí por fin embarcarme en la absorbente y dolorosa carrera de la escritura. Noche tras noche fueron tomando forma mis primeros relatos. Experimenté con ellos a la búsqueda de mi propio estilo, aunque las más de las veces acababa por encontrarme a mí mismo entre las líneas que garrapateaba en folios sueltos con un bolígrafo azul de punta fina.

Algunos años después, la casualidad quiso que cayera en mis manos un folleto con información sobre las oposiciones a Instituciones Penitenciarias. Desconocía por completo aquel trabajo intramuros, y no niego que aquella sola idea me provocaba inquietud. Por otra parte la vida como vigilante nocturno distaba mucho de lo que yo quería para mí, de modo que me tragué mis dudas y me marqué como nuevo objetivo aprobar aquellos endiablados exámenes.

Salamanca, España.

Jamás estudié tanto como entonces. Por fortuna todo aquel esfuerzo tuvo su recompensa y logré superar todos los exámenes, test y entrevistas que me pusieron por delante. Fui nombrado funcionario de prisiones y me destinaron a Palma de Mallorca, coincidiendo con la apertura allí de un nuevo centro penitenciario.

Este nuevo trabajo me permitió tomar contacto con un grupo de gente muy definido, en muchos casos novelesco, en otros, absolutamente inquietante.

Movido en parte por el deseo de comprender en mayor profundidad la marabunta humana que se movía ante mis ojos, me matriculé en Psicología y me mantuve atento a todo lo que pudiera servirme para mi gran reto de convertirme en escritor.

A propósito de esto último, diré que no me considero escritor. Me apasiona escribir y he tenido la fortuna de ver publicados dos libros míos, pero de ahí a convertirme en un escritor con mayúsculas hay un buen trecho. Eso es lo que quiero y a ello dedico buena parte de mis esfuerzos. Es uno de mis proyectos vitales más importantes y no tengo pensado rendirme hasta haberlo logrado.

Si tuviera que describirme en un par de palabras no sabría por dónde empezar. Resulta muy complicado definirse uno mismo, tal vez sería más apropiado endilgar esa tarea a la gente que me conoce, porque ya se sabe que el concepto que se tiene de uno mismo rara vez coincide con el que tienen de nosotros los demás.

En todo caso me considero una persona humilde. Pienso que la humildad deber ser un ingrediente fundamental en todos los proyectos de vida, pues solo desde la humildad se puede crecer y mejorar.

Como dijo Pablo Neruda en sus memorias: «He sido un hombre sencillo, este es mi honor y mi vergüenza».

Esta frase bien se puede entender como un auténtico lema de vida, como una vacuna contra todos los cantos de sirena que acechan ahí fuera y que tan fácilmente hacen perder el camino.

Otra buena forma de definir a una persona es en base a sus aficiones. Entre ellas cuento la lectura, la escritura, si es que a estas alturas continúa siendo una afición; toda la música que cabe entre Beethoven y Metallica, viajar, hacer senderismo por la sierra de Tramontana, las rutas en moto y alguna que otra cerveza con los amigos. Y no quiero olvidarme del Aikido, el arte marcial que practico desde hace años y que me aporta equilibrio y motivación para continuar adelante.

Pierre Lemaitre (1951 – ) escritor y guionista francés, ganador del premio Goncourt 2013 con su novela Au revoir là-haut

Toca ahora hablar de mis referentes literarios. Si tuviera que invitar a comer a mis autores favoritos no creo que encontrara un restaurante en el que poder meterlos a todos. Por citar alguno, y olvidarme de la mayoría, nombraría a Cela y a Delibes de entre los españoles. Vargas Llosa, García Márquez, Rulfo, Sábato como representación de los autores iberoamericanos, con los que compartimos idioma y tenemos la suerte de poder leer sus obras de primera mano, tal y como ellos las concibieron.

Entre los actuales me llaman mucho la atención Alexis Ravelo, Philippe Claudel o Pierre Lemaitre.

Del mismo modo que me es imposible quedarme con un único autor, tampoco puedo quedarme con una sola obra. Cuando se ha gozado de la gran suerte de poder leer asiduamente durante años un libro tras otro resulta inconcebible tratar de rescatar uno solo.

En todo, caso si tengo que mojarme, diría que Cien años de soledad, Conversación en La Catedral, El tambor de hojalata o La familia de Pascual Duarte no le andan lejos.

En cuanto a mis propias novelas debo admitir que estoy razonablemente satisfecho de Memorias de un asesino ilustrado. Es una novela compleja que abarca multitud de temas. Por supuesto el tema principal es el hombre con todas sus luces y sus sombras. Pero también me esforcé en dejar espacio para filosofía, la literatura, los miedos, las creencias, la existencia o no del destino, entre otras.

Lo vestí todo de novela negra para dotar de cierta uniformidad a la trama, aunque también se pueden adivinar toques de novela de iniciación y aprendizaje que utilicé para profundizar en la psicología del protagonista y preparar, tanto a él como al lector, para todo lo que está por llegar.

Como digo, esta última obra se encuadra en la novela negra. Supongo que tras veinte años trabajando como funcionario de prisiones me siento especialmente preparado para abordar este género. Conozco a multitud de delincuentes y he pasado muchas horas conversando con ellos. Por eso me siento muy cómodo dentro de la novela negra. No oculto que disfruto mucho con este género, pero no quiero encasillarme en él. No es lo único que leo y tampoco lo único que escribo.

Sin ir más lejos en estos momentos estoy trabajando en una nueva novela que nada tiene que ver con el género negro. Se trata de una historia de apariencia muy sencilla, muy humana y muy intensa. Se basa en una de las primeras ideas que tuve cuando empecé a escribir y se me agolpaban los proyectos. Este destacó por encima de los demás, de modo que le dediqué un modesto relato y me sorprendió comprobar que a todos a los que se lo di a leer me insistían en que lo transformara en una novela. Finalmente, me he dejado convencer porque creo en el potencial de esa idea tanto como ellos y me apetecía mucho verla crecer y desarrollarse.

 

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