Bertha Balestra

La escritora Bertha Balestra

La escritora Berta Balestra

Soy una mexicana, nacida y criada en la capital de mi país: esa “ciudad de los palacios” donde es difícil sobrevivir. Por ello, hace tres décadas nos mudamos a Metepec, un pueblo mágico, cuna de alfareros, que se encuentra a una hora de la Ciudad de México. Estoy casada con el mismo hombre buenísimo, mi ex compañero de universidad, desde hace casi 38 años. Tengo tres hijas ya mujeres, soy suegra de tres excelentes jóvenes y abuela de tres muñecos: dos chicos y una nena preciosa. Tanta perfección puede resultar aburrida, os lo juro y quizás por ello dejé hace 30 años el mundo de las empresas para embarcarme en la nave de los sueños y las aventuras: la literatura.

Mi biografía

Crecí, como les decía, en la Ciudad de México. Estudié en una escuela francesa, El Colegio Francés Mayorazgo que luego se unificó con su sucursal, el Colegio Francés del Pedregal, situado en un gran terreno de inmensos jardines y montículos de piedras volcánicas, escupidas hace siglos por el volcán Xitle. Era una escuela de religiosas –francesas sus fundadoras— en donde la disciplina no nos impedía ser felices, entablar amistades que todavía perduran y hasta hacer una que otra travesura bastante inocente. Estuve ahí hasta terminar la preparatoria (el liceo). Después ingresé a la Universidad Iberoamericana, donde no lo creerán, pero estudié Administración de empresas con especialidad en finanzas. Allí conocí a quien es todavía mi marido, Eduardo Arozarena, por cuya “culpa” salimos de la gran ciudad hacia este Metepec de mis amores, donde he encontrado la inspiración y el tiempo para escribir, además de buenas motivaciones para los años de promotora cultural incansable. Ahora ya he dejado casi todas esas tareas para concentrarme solamente en la escritura y en el fomento a la lectura.

Mis aficiones

No sé si debo encabezar la lista de lo que me gusta hacer poniendo la lectura… creo que ya mi relación con los libros no puede llamarse afición sino adicción…

Autores de Editorial Adarve Bertha Balestra

Berta Balestra en Librería Ghandi

Unos cuantos renglones debajo de eso está mi gusto por todas las ramas del arte, en especial la música, a la que considero la más sublime de las artes; deseo fervientemente que exista la reencarnación para ser, en mi próxima vida, compositor de música (en masculino, para centrarme por completo en una sola tarea, como hacen los hombres).

Otro de mis grandes gustos es viajar, ver sitios diferentes, escuchar otras formas de comunicarse, probar otros sabores y aromas.

Entre los lugares que considero paradisíacos están las playas todavía sin tomar por la industria turística, los paisajes montañosos y las ciudades pequeñas, de preferencia amuralladas. También me atraen los sitios arqueológicos y… ¡claro! Las bibliotecas, ésas que requieren escalerillas para alcanzar los estantes altos.

En el día a día disfruto la paz de mi estudio, las caminatas con mi perra lanuda, platicar con mis hijas, jugar con mis nietos, ver películas con mi esposo y tomar un vino con los amigos entrañables.

Sobre mi personalidad

Creo que, como todo escritor, mi personalidad es suficientemente compleja para dificultar definirla en pocas palabras. He vencido la timidez que me era propia en tiempos que ya casi no recuerdo, sustituyéndola por una vocación de excelencia y una disciplina que me permitan confiar en mis propios pasos. Por desgracia, alguna vez timidez y voluntad de excelencia aparecen como arrogancia, cosa que deploro. Procuro reflexionar antes de hablar, tanto que cada vez me es más difícil tomar decisiones improvisadas.

Soy terriblemente sensible: río y lloro por cosas pequeñitas tanto como por grandes emociones.

Por qué soy escritora

Bertha Balestra firmando libros

Fomentando la cultura entre los jóvenes

Vivía de niña en un lugar muy cercano al paraíso: una casa separada solamente por un jardín de la casa de mis abuelos maternos, comparable entonces a un palacio encantado. Mi abuelo, a quien llamábamos “Yayo”, era autor de poemas, obras de teatro y editoriales de prensa desde niño, cuando fundó un pequeño periódico familiar que distribuía entre sus tíos y abuelos. En él, haciendo uso de su autoridad de primo mayor, participaban a querer o no todos sus primitos. Su afición por el periodismo nunca disminuyó, y ya adulto contaba con una trayectoria de décadas con columnas semanales en diarios de gran circulación. Bien, pues ese señor fue quien me introdujo al arte de la lectura, poniendo a mi alcance textos infantiles que me abrieron la entrada al mundo mágico de la ficción literaria.

Mi Yayo era un hombre corpulento, rubio, ojiazul y muy bondadoso. Olía a lavanda. Sus movimientos eran torpes, quizás porque siempre llevaba la mente concentrada en algún verso en vez de ocuparse de sus extremidades. Se cortaba la cara cada mañana, al afeitarse. Tenía una manía especial por los relojes, pero no al estilo de los políticos de hoy, sino que, fascinado ante la minúscula y exacta maquinaria, los desarmaba para estudiarlos… y nunca más lograba reunir todas las piezas, las cuales terminaban en un cajón de su escritorio, lleno de manecillas, carátulas y demás partes de sus víctimas.

Se sentía inmensamente afortunado por haber sido testigo del progreso durante el siglo XX (nacido en 1886 y muerto hasta 1970, presenció buena parte de esa centuria). Le gustaba contarnos cómo, en su infancia, transitaba en bicicleta, en carretela de caballos o en tranvía tirado por mulas. Había sido testigo de la llegada de la luz eléctrica, los autos de motor, la radio, las sumadoras que imprimían una tira de papel y la televisión. Fue para él una fiesta mirar, asombrado como niño, el famoso paso de Neil Amstrong sobre la superficie lunar, en una pantalla a color… ¡Qué bueno que nunca supo que todo fue un fraude, un montaje de estudio!

Plasmó claramente su filosofía de vida en un poema titulado Mi credo. Transcribo aquí un fragmento:

Yo no le pido a la vida

lo que la vida no tiene;

la dicha cuando es pedida

nunca viene.

(…)

Yo no le pido a la vida

lo que ella no puede dar;

corra el tiempo sin medida…

¡y a soñar!

Sin duda esa es la influencia más decisiva para haber incursionado, ya adulta, en la literatura. ¿Cómo comencé? Como siempre, gracias a una casualidad o, acaso, una causalidad tramada por el destino. Ya mudada a Metepec, las horas se me hacían largas y estuve unos años dando tumbos entre clases de esto y aquello, hasta que en una reunión conocí a una escritora que me invitó al Centro Toluqueño de Escritores, a talleres literarios. Ahí empecé y me enganché para siempre…Esto fue por ahí de 1992.

Bertha Balestra en una escuela

Alocución de Berta en una escuela

Más tarde, en el año 2000, el gobierno de mi ciudad me invitó a trabajar como cronista oficial, debido a dos novelas que ya tenía, inspiradas en la historia de este lugar. Eso me hizo explorar otros géneros y actividades: la crónica, los artículos para revistas, prensa y hasta guiones para documentales de televisión. Cursé diplomados en historia de México, aprendí a consultar directamente en archivos históricos, y además conocí y entrevisté mucha gente ligada a la cultura y actividades tradicionales de la demarcación. Enamorada del patrimonio cultural, emprendí labores de rescate de un convento del siglo XVI, del archivo documental, indagué sobre artesanía, gastronomía, fiestas religiosas y civiles. Además, traté con personajes de altas esferas de gobierno y de la jerarquía eclesiástica. Tal cercanía me ayudó a conocer la psicología de los poderosos, siempre presente en mis novelas.

Hasta ahora he escrito 9 novelas, varios cuentos y relatos (no sé cuántos), publicados aquí y allá, un poemario y una decena de publicaciones sobre Metepec durante los 15 años que duré siendo cronista.

Mis autores

Bertha Balestra con Monte Tauro

Con los compañeros de Monte Tauro

Entre los novelistas clásicos, adoro especialmente a los rusos: Tostoi y más Dostoievski por cómo se mete al espíritu atormentado de los personajes. Me fascina Víctor Hugo por la energía que se percibe en su pluma. Flaubert por su perfeccionismo en el uso de cada palabra, Óscar Wilde por la brillantez de sus frases. Cervantes porque me hace reír sin parar.

De los míos venero a Juan Rulfo, a quien releo por lo menos una vez al año, a ver si se me pega algo de su genio para plasmar la esencia mexicana. A Rosario Castellanos por hacer públicos muchos de los problemas de este país y de las mujeres sin perder el aliento poético.

Con los contemporáneos me declaro bastante reticente y muy crítica; sin embargo soy incondicional de Bohumil Hrabal así como de Baricco y de Milán Kundera, además de considerar geniales algunas obras de amigos y amigas bien cercanas, como mis compañeros del grupo Monte Tauro (Adriana Abdó, Erma Cárdenas, Ana Díaz, Sandra Frid, Rebeca Orozco, Beatriz Rivas, Javier Sunderland y Paloma Vivanco) con quienes trabajo tallereando mutuamente nuestras obras.

Mi obra favorita

Seda, de Alessandro Baricco, por esa “música blanca” en que se inscribe todo el relato. Por la economía de palabras y el maravilloso uso de reiteraciones y silencios.

Mi obra favorita (de las que mías)

Como los hijos, cada uno te enorgullece por el camino que va tomando, pero los amas por igual. Hay obras que amo porque me han costado sangre intelectual, como ésta de Volver a Roma, pues fue un gran reto enlazar las tres historias.

En cada momento, mi obsesión es lo que escribo, todo el tiempo estoy inscrita en ese tema, vagando en ese espacio, dialogando con esos personajes.

Mi estilo literario

Básicamente, mi inspiración es la Historia, la que se escribe con mayúscula. Se podría decir que la mayoría de mis obras son novela histórica y cuento histórico.

Una cita

De toda la memoria sólo vale, el don preclaro de evocar los sueños. Antonio Machado.

En la actualidad

Ahora mismo trabajo inspirada en la historia de mis abuelos paternos (él, italiano; ella, mexicana).

Mi manera de entender este mundo

Berta en familia

Creo en el ser humano, a pesar de las noticias que, día a día, se esfuerzan por borrarme esa fe. Estoy segura de que poseemos una fuerza espiritual que no hemos sabido encaminar, pero se muestra de vez en cuando de forma conmovedora. De esas fortalezas del espíritu me quedo con el amor. Creo en el amor eterno, en el enamoramiento a primera vista, en los amores platónicos, en los imposibles, en los prohibidos y en los que se gozan y exhiben a la luz del día. Es esa imparable corriente de energía la que salva a los humanos, aunada a la amistad y a esos destellos de compasión y solidaridad, fugaces pero efectivos, que suceden de tiempo en tiempo (los vimos apenas a raíz de los sismos aquí en mi país).

Me duele la eterna presencia de la traición, la ambición desmedida, la soberbia.

Me apasiona estudiar historia porque es mi manera de comprender los absurdos cotidianos.

Estoy convencida que, si atendiésemos más a los acontecimientos pasados, la humanidad cometería menos errores. Además, ese estudio es la vitamina de mi imaginación. Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y luego, tratar de convertir esos sueños en palabras. Trabajo con la intención de escribir bellamente y arrastrar a los lectores, a través de la ficción, a mis reflexiones sobre la vida.

 

Mis proyectos inmediatos

Pues inmediatos: ir a Madrid y Volver a Roma para presentar la novela. El próximo año saldrá a la luz un libro de relatos sobre volcanes de México, titulado Con fuego en las entrañas. He de seguir con la promoción de mis hijitos de papel y, sobre todo, buscar mis momentos de paz para continuar con la novela que tengo en el tintero. Todo esto sin abandonar a mi familia, a mis amigos y viajar cada que se pueda… Está fácil, ¿verdad?

 

 a escritora Be

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