Osvaldo González Iglesias

Osvaldo Gonzáez Iglesias, autor de Editorial Adarve. Editoriales actuales de EspañaSoy separado y padre de cuatro hijos, 31 la más grande, 21 el más chico. Aunque viví muchos años en la ciudad de Buenos Aires, actualmente resido en una ciudad del conurbano bonaerense llamada Temperley, en una gran casa con tres de mis hijos. Este es mi refugio en donde convivo con mis libros más añorados. Soy de la generación de los setenta, para quien vive por estos lados sabe lo que eso significa, una generación sumida en una lucha que terminó con miles de jóvenes muertos a manos de una dictadura militar. De joven, en el marco de la situación política de entonces, creíamos que era necesario estar con los trabajadores para enfrentar a ese gobierno que nos había cuartado todo tipo de expresión democrática y pluralista. Fui obrero de distintas fábricas de alimentación y terminé al frente de algunas de sus luchas más intensas. Al tiempo me tuve que exiliar a México y luego a EEUU, pasé mi adolescencia en la ciudad de Nueva York. Fui tintorero y peón de albañil; con un gran grupo de amigos asistíamos a todos los recitales que entonces se exponían en la ciudad. Cuando las bandas de rock adquirían su mayor esplendor, sobre todo las inglesas, así es como vimos nacer a conjuntos como Black Sabbat, Led Zeppelin. Emerson, etc. Por otro lado, realizábamos marchas y protestas, denunciábamos a través de un periódico que se difundía en Manhattan las atrocidades de la dictadura militar, mientras participábamos en otros movimientos de solidaridad contra otras dictaduras del continente o contra el apartheid sudafricano o la guerra de Vietnam.

Buenos Aires, Argentina. Editorial Adarve

Buenos Aires, Argentina

Regresé en pleno mundial de fútbol en donde Argentina salió campeón, corría el año 1978, la gente por primera vez salía a las calles. La guerra de las Malvinas nos encontró como voluntarios, error que aún hoy lamentamos. Nuestra generación creció con la convicción de creer posible cambiar el mundo, por ello consumíamos todo lo que cayera en nuestras manos, los escritos del Boom Latinoamericano, el Psicoanálisis de Lacan, la Sociología de Durkheim, el Marxismo, el Trotskismo, el Maoísmo, el mayo francés, el Existencialismo de Sartre, los sub realistas como Breton, etc. El mundo desbordaba de acontecimientos del cual nadie podía abstraerse. Me casé ya grande y comenzaron a llegar los hijos, todo cambió, nuestras prioridades se asentaban en otro lado, la familia, la escuela, la difícil crianza. Por esos tiempos empecé a desempeñar numerosos cargos públicos, funcional a varios intendentes y jefes de gobierno, desde administrador de un parque público de diversiones hasta mediador comunitario, pasando por asesor del ministro de hacienda hasta encargado de planes de viviendas. Estudié de grande, con el solo fin de sistematizar mis ansiosas y anárquicas lecturas, la Licenciatura de Ciencias Políticas y la incipiente Relaciones Internacionales. Hoy soy auditor Interno del Ministerio de Hacienda del Gobierno de la Ciudad, trabajo meramente técnico.

Mis aficiones: Mi principal afición es la lectura, en particular la filosofía, la psicología, la historia y la literatura, el cine y el teatro. Jugar a la pelota los jueves cuando puedo con mis hijos y sus amigos, tomar solo un café en un bar del melancólico Buenos Aires, sobre todo cuando llueve; la poesía, muchas veces, me surge como un alivio al alma. Ver series en televisión por cable, en mis tiempo libre, para entender y descifrar las formas creativas de la trama, como la maestría que despliegan los ingleses, finlandeses, franceses, etc. Hacer un asado los domingos, cocinar pastas, empanadas o pizzas a mi familia, me gusta tenerlos todos en rededor de una mesa. Escuchas música de Rock, Jazz, Blues, deleitarme con Papo, B.B. King o Janis Joplin. Tomar una copa de vino o compartir una cerveza con mis amigos en algún bodegón de la ciudad de la furia. La vida, eso, soy aficionado a la vida.

Rasgos más característicos de mi personalidad: Aunque siempre fui bastante tímido, sobreviví a los hechos sin sobre saltos. Creo ser sencillo, aún mas, camino antes de tomar transporte público, tomo transporte público antes que circular en vehículo, me agobia el confort cuando este se hace rutina, soy más apegado a las sorpresas que a lo previsible, soy más afín a la anarquía que al orden establecido, todo nos encapsula, todo nos limita y empaña nuestro vuelo. Soy excesivamente impulsivo, pero a la vez reflexivo, bastante autocrítico. Dudo mucho de mis pensamientos ante la seguridad de otro, pero luego me irritan esos que andan por la vida con las respuestas finales, con la seguridad y convicción de sus actos, esos que de nada dudan y todo lo saben. Aunque doy demasiadas vueltas, nadie me cambia cuando llegue a estar seguro de una decisión. Creo ser una persona sensible, las palabras me llegan y las ofensas me hieren. No me cuesta ponerme en el lugar del otro, cuando digo algo intento ver qué sentiría el otro en mi lugar, si creo que lo puedo lastimar me retraigo, soy de una infinita paciencia, pero cuando siento que el vaso se llenó y ya no hay vuelta atrás. Me gusta estar siempre tras cosas nuevas, mi vida está colmada de acontecimientos extraños, creo ser bastante audaz y soy de los que piensa que las cosas que uno ansia están ahí, solo hay que ir en su búsqueda.

Por qué decidí ser escritor: Siempre quise escribir, desde joven, pero estaba convencido que me faltaba mucho por aprender, muchos libros por leer, muchas páginas por indagar, nunca llegaba el momento, siempre había algo más por saber. Por ejemplo, ¿cómo escribir sin saber algo de estética, de política, de psicología, de economía, de historia, de neurociencia, de ética? ¿Cómo escribir sin haber recorrido la prosa de cientos de escritores, cientos de estilos, distintas poéticas, voluminosas imaginaciones y descubrir esas enigmáticas e intrincadas historias? Hasta que llega un momento en que dices basta y te pones frente a la hoja en blanco del Word. Ahí empieza ese difícil y trabajoso proceso que es el escribir, todo comienza con una palabra, luego llega la idea, más tarde, muy de a poco, se van construyendo los complejos andamios de la trama; estos nos sugieren los personajes, estos últimos van definiendo su carácter, sus miedos, sus fantasías, su historia y comienza a encallarse en los acontecimientos que la vida nos ofrece como argumento. Yo no decidí ser escritor, solo me propuse escribir; no creo ser un escritor, tan solo un contador de historias que busca la forma más adecuada, entretenida y poética de expresarse. No hay magia ni musa, solo trabajo y cierta disciplina. Fuerzo la palabra hasta que luego de exigirla al máximo, esta me va abriendo el camino. Si no te decides de una vez por todas a forzar esa palabra, nunca lo lograrás; si no te desvelas horas frente a una hoja en blanco, nunca saldrá nada de tu confundida cabeza, pero cuando empieza, ya es incontinente y te va arrastrando por el papel con absoluta naturalidad. Esa es mi experiencia, aunque no todos transitamos los mismos caminos. El momento llega cuando luego de leer una buena novela te crees capaz de encontrar tu forma y estilo.

Mis autores preferidos y por qué: Primero, los clásicos rusos. Nada como Ana Karenina o El Idiota. Algún inglés, Dickens. Vargas Llosa en su Conversación en la Catedral, del Boom Latinoamericano. Carpentier, Amado: Los capitanes de la Arena, algunos de la narrativa norteamericana, Tom y Thomas Wolfe: La Hoguera de las Vanidades. En la dramaturgia, Eugene O´Neill, Miller: Un largo viaje del día hacia la noche. Me gustan las novelas largas, con muchos personajes y complejas tramas, historias en donde se desarrollan varios acontecimientos, como en la vida. No entiendo cuando los personajes se expanden sin conflictos, contradicciones, sin ideas o problemas económicos. Creo que el aspecto psicológico es central en toda historia, dado que es desde donde emanan los comportamientos humanos, envueltos en laberintos que un escritor debe intentar entender o descifrar. No me gustan las novelas que dan respuestas o establecen soluciones, me gustan aquellas que te llevan al límite y te invaden de interrogantes, esas que te permiten hurgar más allá de la cotidianidad. No puede no haber poesía en una narración, quizás cuando describes un paisaje o estableces un ambiente determinado, cuando describes un rostro o desentrañas un sentimiento. Sin usar demasiados artilugios, desarrollar una prosa sencilla pero que penetre, que interrogue, que duela, que conmocione o te desequilibre. Eso admiro de un escritor.

portada del libro La región más transparente de Carlos Fuentes. Editoriales españolas, AdarveMi obra favorita de otro autor: No tengo una sola, por ejemplo La región más transparente de Carlos Fuentes representa todo lo que yo admiro de un escritor. Luego de leer este libro es imposible no comprender los trastornos que aún pesan sobre la sociedad mexicana. La ciudad y los perros de Vargas Losa. Grandes esperanzas de Charles Dickens. Contraluz de Thomas Pynchon. Intrusos en el polvo de William Faulkner. Son creadores de mundos, pueden componer como un dios mitológico un universo completo de hechos, personajes y conflictos que siempre dejan a la luz, develada la condición humana, sus sombras y sus luces.

Mi obra favorita de las que he escrito: Creo que la nueva es mejor, siempre superadora, aunque las historias son absolutamente distintas. En La ciudad del Sol, un joven en busca de solidez siempre huye hacia adelante confrontando con las amistades, el amor, la muerte, el exilio y la duda, siempre la duda que inunda cada uno de sus actos, la droga, mundos paralelos en donde es posible concebir una vida nueva. Nueva York, México, Buenos Aires. Neurosis es otra cosa, una ciudad vista en una perspectiva de futuro próximo en donde los hombres ven derrumbarse cada uno de los valores que creen fundamentales y que sustentan sus vidas, la neurosis típica de una gran urbe como Buenos Aires en donde parecieran estar todos distraídos en sus vanidades mientras las lluvias que nos cesan van acabando de a poco con todo. Un experimento en curso, una investigación policial sobre el asesinato de un petrolero y una menor en un hotel de lujo, espionaje e intrigas, traiciones y política, una ciudad segmentada en donde todo parece funcionar hasta que los excluidos, algo así como los infrahumanos estigmatizados, “los lagartos”, deciden cambiar las cosas y darle consistencia a las palabras. Tierra sin mal, aún no publicada, aborda la problemática de las fronteras del país, la trata de mujeres, la explotación sexual, el poder, el funcionamiento de la justicia, la pobreza y el abandono.  Hasta dónde puede ser arrastrado un pueblo cuando este cae en la desidia y por ende en el desapego a la hostilidad que va destruyendo de a poco todas sus ilusiones. La trama se entremezcla con la fantasía de un mundo ilusorio creado por los dioses de la mitología Guaraní; parece ser esta la respuesta que puede desenredar el conflicto. Neurosis es mi novela más psicológica para la cual conté con la colaboración de amigos especialistas, no solo en las patologías psiquiátricas posibles en una gran ciudad, en este caso Buenos Aires, sino también en comportamientos que nos tocan a todos y aun parece no terminamos de percibirlos. También   sobre cuestiones de física y física cuántica temas estos últimos  que fueron abordados muy superficialmente en la trama.

Mi estilo literario: Aunque tiene mucho de thriller, también algo de policial negro, abordo la fantasía para explorar soluciones imaginarias y llevar al lector más allá de la lógica recurrente, aunque la realidad siempre es la que define los hechos. Me gusta perderme en descripciones poéticas sin que esto afecte la verosimilitud de la trama, aunque a veces dejo que la forma poética quede como suspendida en la trama para volver nuevamente a ella cuando la dureza del relato lo amerita. Los estilos son creaciones que mutan y se entre cruzan, hablar de estilo es limitar la trama y encapsular la libre circulación de las formas nuevas.

Una cita de un autor que me guste: “Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”. Esta frase es de Nietzsche, ampliamente difundida. Olvidé decir, mi autor preferido. Esta frase imaginariamente preside toda obra literaria, toda búsqueda e indagación de quien pretende meterse en los más oscuros recovecos de la conciencia humana. Es entonces ahí que el abismo comienza a mirar dentro de nosotros.

Obra en la que me encuentro trabajando en la actualidad: Aún no lo tengo muy bien definido, pero la trama se va a desarrollar en la frontera de EEUU y Canadá, hoy, lugar de gran afluencia de emigrantes ilegales que huyen de Estados Unidos ante la ofensiva, no solo de Donald Trump contra los indocumentados, sino de un creciente sentimiento xenofóbico de parte de su población.

Algo sobre mi manera de entender este mundo: Este mundo está aún por ser explorado, no solo en su inmensa geografía, sino en las conductas y comportamientos humanos. Como decía Nietzsche, es necesario revertir los valores que hasta ahora se creyeron supremos para comenzar a reconsiderarlos y revalorarlos. La verdad se sustenta sobre otras verdades que por la lejanía de sus orígenes se fue deformando, siempre y cuando esa construcción originaria esté sustentada sobre una verdad definitiva. Por ello las verdades son siempre relativas. Al hombre, cuando le anunciaron que Dios había muerto, tuvo que comenzar a crear su propia realidad sustentado sobre las ruinas del cristianismo; hoy anda solo, perdido, confundido, atrapado por formas nuevas que condicionan sus comportamientos, gustos y necesidades, ese vacío que el hombre fue incapaz de llenar lo conformó un sistema que con sutil habilidad nos hace sentir libres para que gocemos nuestra realidad líquida, en donde los daños colaterales nos son indiferentes. Siempre alguien pierde para que pocos ganen.

Mis proyectos inmediatos: Tengo aún mucho que leer. Creo, aún también, mucho por decir. Me veo viviendo pronto en otro país, no agoté aún mi curiosidad por otros hombres y mujeres, culturas o costumbres, el mundo es inmensamente dinámico y las tendencias se anuncian solas, esas son las que, aunque borrosamente nos muestran un futuro posible. Quiero verlas, entenderlas, intentar deducirlas para descubrir el mundo en el que vivirán mis hijos y los hijos de esta tierra.

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