Carlos García Durazo

Editar en España. Foto Carlos García Durazo

Carlos en clase con una alumna

Resido en Ámsterdam, una perla imperfecta como la del famoso cuadro de Vermeer siendo que lo que lleva la modelo no es una perla sino una baratija. Ciudad imperfecta porque padece de lo que todas las grandes urbes del mundo padecen. Hay contaminación en todas sus formas (acústica, atmosférica, medio ambiental, etcétera), y también hay crimen. A pesar de todo esto, esta ciudad es una pequeña joya, con su arquitectura asimétrica, gracias al terreno húmedo y fangoso que causa el hundimiento de los cimientos de los inmuebles. Ámsterdam, a pesar de ser una ciudad diminuta si uno la compara con las grandes urbes de Europa como París, Madrid, Berlín, etc., lo tiene todo, pero en porciones igualmente diminutas.

Nací en un lugar, o sitio que se podría haber llamado Aracataca o Macondo, pero su nombre propio es aún más mítico y disputado que la ciudad fictiva del inolvidable Gabo. La ciudad, o más bien pueblo en el que yo nací y pasé los primeros y más importantes años de mi vida, era para mí, tan enigmática y misteriosa como Shangri-la o Atlántida. La gente vivía, en general, al pie de la dos cerros o montes y en la llanura, las entrañas del pueblo, se encontraban el centro comercial, los negocios, un hipódromo vasto y elegante, y una plaza de toros grande y monumental, un frontón de Jai Alai o pelota vasca, bares, restaurantes, chiringuitos o puestos de todos tipos, prostíbulos, cines, casinos y el tráfico constante de vehículos de todo tipo, sin olvidar algún que otro caballo o carro tirado por asnos. Esta próspera y joven ciudad atraía a gente de toda la república, tanto como extranjeros resultando en una demografía tan rica y mestiza como un mosaico bizantino romano o un rompecabezas de mil y una piezas. Esta enigmática ciudad se llama Tijuana.

Editar en España. Foto de la ciudad de Tijuana

Imagen nocturna de la ciudad de Tijuana, México

Después de mi niñez, he vivido en varios países; concretamente en Estados Unidos, España, Francia y Holanda, donde me he afincado. Desde hace años soy profesor de lenguas (inglés / español) pero me licencié en psicología clínica en Estados Unidos. Creo que me enamoré del castellano y la literatura desde que yo iba en el vientre de mi madre, ya que ella disponía de una voz dulce y encantadora que, al contarme cuentos o leérmelos en voz alta, me trascendía a países y castillos fabulosos. Después, llegué descubriendo la ortografía en primaria y desde entonces no he dejado de leer. La escritura es, para mí, algo que complementa la lectura, y viceversa. A pesar de que siempre he escrito, por la mayor parte ensayos, poemas y garabatos que mantenía en mis cuadernos o blocs de dibujo y últimamente blogs, La canción del inmigrante perenne es mi primer libro completo. Por tanto, soy escritor debutante. Hay que decir que en una vida anterior a esta yo era artista, pintor, precisamente y lo sigo siendo, solo que hoy día pinto con palabras y letras mientras que antes lo hacía con pinceles y pigmentos.

Mis aficiones.

Entre las aficiones que ya he enumerado, la escritura, lectura, la pintura y el dibujo, soy también amante de los museos y salas de conciertos de música clásica tanto como popular. Escucho mucho a la radio y disfruto de la gran variedad de música que tenemos hoy día, y por supuesto soy muy fan del cine art house.

Mi personalidad.

De pequeño era bastante tímido, aunque no demasiado. Se podría decir que siempre he sido y sigo siendo un poco introvertido, porque me gusta observar al prójimo en todos sus aspectos y modalidades. Homo sapiens es un animal muy interesante y me obsesiona observarlo, estudiarlo, pintarlo y, últimamente, analizarlo en mis escritos. Las plazas y sus terrazas, los bares, en el tren o tranvía, en restaurantes, las tiendas y supermercados o en sus puestos de trabajo o sencillamente en casa, todos son sitios ideales para observar a la gente. El jardín zoológico de Homo sapiens es tan vasto como complejo y, por tanto, no deja de fascinarme. Tal vez sea por eso que yo tenga un gran sentido de justicia y lucho, a mi manera, contra la injusticia. Poseo, igualmente un fervor hacia la democracia y soy defensor de ella, como mis escritos pueden constatar. La justicia y la democracia son dos elementos fundamentales para la convivencia pacífica y fructífera del ser humano.

Autores y obras que me incitaron a escribir.

Desde que tengo conocimiento he escrito y leído con tanto agrado y apetito que, desde entonces sabía que un buen día yo llegaría a escribir un libro. A mi opinar, leer es una cara de la proverbial moneda y la otra cara es la escritura. Dos caras de la misma moneda. De niño me fascinaba la enciclopedia que teníamos en casa igual que la biblia. Crecí creyendo que ambas eran ciencia ficción y lo sigo creyendo. Después fui descubriendo los grandes escritores de la literatura hispana y la anglosajona. Pero entre todos los libros y autores que he leído ninguno me hizo tan feliz como el sabio y querido Cervantes y su entrañable Quijote (sin olvidar a su escudero, Sancho Panza). A este coloso de la literatura hispana hay que añadir otros como G.A. Bécquer, el inolvidable Federico García Lorca, el barroco Pedro Calderón de la Barca, Góngora y muchos más, sin olvidar a la literatura hispanoamericana, liderada por Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, la poesía de Neruda y una que otra cosa de Carlos Fuentes.

Publicar en España. Portada Don Quijote

Don Quijote de la Mancha es uno de los libros preferidos de Carlos

De la literatura anglosajona me conmovió mucho la poesía de T.S. Eliot y la sencillez de Hemingway sin olvidar a Shakespeare —¿o, era tal vez Sir Francis Bacon?—. No hace falta decir que la filosofía y sus exponentes clásicos griegos hasta los del siglo veinte terminando con el existencialismo, es una de mis mayores aficiones ya que pretende indagar hasta llegar al grano, o el átomo, que es igual. Entre todos los filósofos, hay uno que me ha llamado la atención y he tenido el gran placer de estudiar detalladamente, el padre del pensamiento moderno, Baruch de Spinoza. Su Ética demostrada según el orden geométrico es mi libro favorito del sabio holandés. Ésta, y su Tratado de la reforma del entendimiento, considero ser sus obras maestras y fuente de inspiración para mí y mi libro. Tal vez sea porque él nació en la ciudad donde yo vivo y a unos doscientos metros de mi casa, pero más tiene que ver con mi curiosidad y admiración de este genio universal por su clarividencia en el estudio y análisis de la humanidad y la gnosis (en el sentido griego de la palabra) de ésta. Todos estos elementos literarios y científicos han sido referentes para mí al escribir mi primer libro.

Mi estilo.

Mi estilo literario es el eclecticismo. He disfrutado mucho desarrollando la narrativa del manuscrito y adaptando mi estilo según el tema y la esencia del relato que me proponía con cada capítulo. En efecto, mi libro es una especie de caleidoscopio; a medida que uno tuerce de él, cambia la perspectiva o la narrativa, igual que el estilo de ejecución.

Una cita.

La cita que he elegido para cincelar en las primeras páginas de mi libro es de Pedro Calderón de la Barca y su proclamación que La vida es sueño. Estoy muy de acuerdo con él, sobre todo por la ramificaciones y alusiones a la ontología platónica que tal oración lleva consigo. Es, al fin y al cabo, un lema trascendente tanto como existencialista y existencial.

En la actualidad me encuentro trabajando en:

Actualmente, me encuentro en plena traducción de La canción del inmigrante perenne al inglés. Su título indica que es una obra bilingüe y así será. Encuentro que, el hecho de traducir la narrativa al inglés es una experiencia muy particular; como si estuviese escribiendo el libro de nuevo, o bien, es una interpretación de la obra original. Al fin y al cabo, esto es precisamente lo que un buen intérprete debería hacer si pretende hacer un buen trabajo.

Mis aficiones.

Hago deporte «jogging», y el tenis. Me gusta cocinar y mantengo un régimen de dieta sin o con pocos carbohidratos —evito el arroz blanco, pan blanco, y he excluido la pasta tanto como las patatas de mi dieta tanto como el alcohol—, y dejé el tabaco hace 30 años. «No solo del pan vive el hombre» es un dicho que tomo a pecho literalmente. Hay otras cosas que me nutren intelectualmente como las charlas o tertulias con alumnos o amigos, los documentales y, últimamente, internet; la fuente de lo bueno tanto como lo mediocre y lo ilícito.

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