Ariel Hidalgo

 

Resido desde hace 32 años en la ciudad de Miami, Florida, Estados Unidos. ¿Mi edad? Si es por los años vividos, 75. Si es por cómo me siento, 18. Desde hace 31 años estoy casado con la actriz y cantante cubana Teté Machado, que protagonizó en Cuba una docena de telenovelas y el largometraje Olé Cuba (pueden ver partes de sus recitales en Youtube).

Nací a la orilla de una inmensa bahía en un pueblo del oriente cubano, Antilla, donde cursé mis primeros estudios hasta el Ingreso a Bachillerato. Mi asignatura preferida era Historia. En 1959 nos mudamos a La Habana. Mis padres habían apoyado la Revolución, pero debido al régimen autoritario que empezaba a imponerse, decidieron exiliarse, un paso que por entonces se consideraba irreversible, pero a mí no me permitían ese viaje por mi edad militar. En el segundo año de Bachillerato abandoné los estudios. Fundé una banda de rock y tocábamos en clubes nocturnos. Un día una joven llamada Blanca fue a verme para que tocara en un acto que organizaba en una escuela. Pronto nos comprometimos y hacíamos muchos planes para el futuro, entre ellos irnos a Estados Unidos y casarnos. En una entrevista ante una comisión militar, manifesté mi desacuerdo con el Servicio Militar Obligatorio y mi aspiración a emigrar, y cuando finalmente me citaron para incorporarme, fui llevado a uno de los campamentos conocidos como Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), que en realidad era una especie de campo de concentración con trabajo forzado. A los cuatro meses, cuando me dieron un pase de diez días, no regresé.

Blanca y yo acordamos que ella tramitaría su emigración, algo que requería una larga espera, y que yo saldría por vía ilegal. Mientras tanto, me escondería en una finca administrada por uno de mis tíos. Desde Nueva York mis padres pagarían para que un barco griego que viajaría a Cuba, me recogiera como polizón. A los tres meses, siendo inminente su llegada, Blanca me avisa que ya tenía fecha de salida y me pregunta qué hacer. Le respondo que viaje, pues yo saldría pronto. Ella viajó, pero antes de que llegara el barco griego, se produce una redada de Seguridad del Estado por una supuesta conspiración dirigida por mi tío para atentar contra Fidel Castro, y soy arrestado. La acusación era falsa, pero cuando se supo, ya yo estaba en la Fortaleza de La Cabaña entre los presos políticos y fui condenado a cinco años de cárcel por intento de salida ilegal. No volví a ver a Blanca. Por lo que después supe, estuvo en situación económica muy crítica, hasta que se vio en la disyuntiva de tener que elegir entre la indigencia y la propuesta matrimonial de un norteamericano. Decidió esto último.

El presidio político fue mi primera Universidad por el tiempo disponible para leer e intercambiar opiniones, y porque los prisioneros organizaban conferencias, seminarios y debates. A los dos años, favorecido por una amnistía militar, decido desarrollar mi vida en Cuba y me uno en matrimonio con una estudiante, Bárbara, que más tarde sería profesora de Biología.

Antilla (Cuba)

Comienzo a trabajar como profesor de Matemáticas en escuelas secundarias para trabajadores y reanudo los estudios abandonados en mi adolescencia. Al mismo tiempo comienzo a publicar artículos en varias revistas habaneras sobre temas históricos. Paso a impartir clases de historia de nivel medio superior en las llamadas Facultades Obreras Campesinas. Al mismo tiempo comienzo a participar en talleres literarios de una asociación de escritores jóvenes, la Brigada Hermanos Saiz en la sede de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Se nos da la oportunidad de publicar una antología por cada género, pero como soy el único ensayista, sale a la luz mi primer libro: Orígenes del Movimiento Obrero y del Pensamiento Socialista en Cuba. El mismo año, 1976, gano el premio ensayo para estudiantes universitarios de América Latina convocado por la Universidad de Panamá con José Martí y las pretensiones de predominio yanqui sobre el Istmo de Panamá, pero Seguridad del Estado no me permite viajar a recoger el premio. Al siguiente año, la UNEAC y la Brigada, ya convertida esta en una asociación nacional de escritores, pintores y músicos, me galardonan como el más destacado en la rama de escritores jóvenes. En 1978 la Universidad de La Habana me entrega el título de Licenciatura en Historia. Por otra parte, el Ministerio de Educación me escoge para un curso intensivo de postgrado destinado a convertirme en profesor de Filosofía Marxista en institutos preuniversitarios. Al año, aunque todavía me falta otro año de estudios, comienzo a impartir clases en el instituto, el mismo donde yo había comenzado a estudiar Bachillerato.

Pero a pesar de todo, yo estaba muy inconforme con todo lo que estaba viendo a mi alrededor y escribo un manuscrito contra el sistema que años después sería publicado en los Estados Unidos con el título de Cuba, el Estado Marxista y la Nueva Clase. En 1980 me expulsan del preuniversitario y del curso de postgrado por oponerme a los actos de repudio contra miles de personas que intentaban salir por el puerto de Mariel. Poco después, Seguridad asaltó mi domicilio y ocupó una copia del libro, por lo que fui arrestado y condenado a 8 años de cárcel. En la sentencia se añadía este mandato: «En cuanto a sus obras, destrúyanse mediante el fuego». Soy separado de los demás presos y encerrado en una estrecha celda tapiada de la prisión Combinado del Este, en los corredores donde los condenados a muerte esperaban para ser fusilados. Tras un año y veinte días de incomunicación, me unen a los demás presos sin una explicación.

Yo, preocupado por las condiciones infrahumanas de un prisionero en los corredores de la muerte, acepto la propuesta de un preso recién llegado, Ricardo Bofill, para denunciar su caso. La redactamos y bajo nuestras firmas, él agregó estas palabras: «Comité Cubano Pro Derechos Humanos». Y de ahí surgió el primer grupo del movimiento disidente que se extendió luego por todo el país. Los registros de Seguridad del Estado en nuestras celdas eran constantes. Muchas campañas internacionales lograron que varios de nosotros fueran excarcelados, pero en mi caso un mensajero del Ministro del Interior me advierte que si no aceptaba salir del país, nunca sería liberado. El 4 de agosto de 1988, fui vestido de civil, se me entregó un pasaporte y me llevaron escoltado al aeropuerto internacional José Martí.

Bárbara optó por permanecer en Cuba. Nuestra hija Yankilé es hoy una profesora de Literatura en Ecuador y talentosa poetisa.

En Estados Unidos fundé junto a Teté el Buró de Información de Derechos Humanos en Cuba, primer centro de recepción y difusión de documentos y denuncias del Movimiento disidente en Cuba que hacíamos llegar a la prensa escrita, radial y televisiva, así como a los organismos internacionales, toda la información y mensajes de las organizaciones disidentes y de derechos humanos del interior de Cuba. Publicábamos una revista, Palestra Cívica, tanto digital como en papel, un programa radial por onda corta, Cuba en vivo y en directo, que se escuchaba en Cuba con las voces de los disidentes. Acumulamos tanta información, ya sea en papel como en audios y videos, que cuando lo donamos todo a la Biblioteca de la Universidad Internacional de La Florida en 2005, era un inmenso archivo. De esa información salió mi libro Disidencia, de 411 páginas publicado en 1994. En todo ese tiempo también publiqué numerosos artículos en El Nuevo Herald, aprobé 38 créditos de una Maestría en un centro teológico, dirigí el programa radial Transición, y un pequeño periódico con el mismo nombre. Ya retirado, publiqué en 2014, el libro de Metafísica, El más grandioso de todos los secretos, y una trilogía de narrativa en formato digital en Amazon, Las impactantes memorias de la Señora Vivian Santana.

Aficiones: Además de escribir, toco la guitarra y compongo mis propias canciones. Camino mucho y a veces corro.

Rasgo más sobresaliente de tu personalidad: Siempre fui introvertido y muy tímido. En mi niñez y parte de mi adolescencia andaba casi siempre solo y se me hacía difícil entablar conversación con alguna muchacha que me atrajera. Soy vegetariano, no por motivos de salud, sino para no ser cómplice del holocausto de millones de animales cada día. Otro rasgo de mi carácter es mi tendencia a tener mi mente ausente, el ser muy entretenido. Cuando niño a veces me enviaban a comprar algo y después de pagar, me iba sin las cosas compradas. Hoy me doy cuenta de que una persona entretenida lo es no por falta de concentración sino por el contrario, exceso de concentración en otras cosas ajena a la situación que se está viviendo. Un día Teté me dijo: «Tú nunca vas a llegar lejos, porque siempre estás en la Luna». Y yo le respondí: «¿Y tú quieres algo más lejos que la Luna?».

Cuéntanos por qué decidiste ser escritor: Cuando abandoné los estudios de Bachillerato empleé parte de mi tiempo en leer. La mayoría de mis amigos leía novelitas del Oeste, pero yo, aparte de leer muchas biografías, en narrativa prefería el género policiaco. Conseguía libritos de bolsillo o iba a las bibliotecas, y recuerdo que mis primeros autores preferidos fueron Edgar Allan Poe, Conan Doyle y Maurice Leblanc, y eso me llevó a escribir, en los cuadernos escolares, y a lápiz, noveletas de ese género con mis propios personajes que leyeron muy pocas personas entre primos y amigos. Pero creo que lo que me llevó a abordar posteriormente el género del ensayo fue el intento de hallar una respuesta a muchos interrogantes y llenar el vacío que había dejado en mí una gran defraudación y una crisis de valores, sobre todo por los conflictos de mi propio país. Yo había creído en la Revolución Cubana y en la necesidad de un cambio radical en el mundo, pero ya estaba convencido de que lo que se había instaurado en mi país no solo no era la verdadera solución, sino que el remedio había sido peor que la enfermedad. No solo leí sobre la filosofía marxista, sino otros autores latinoamericanos como José Ingenieros, José Enrique Rodó, y por supuesto, a José Martí.

Autores preferidos y por qué: He tenido muchos autores preferidos en diferentes épocas. A los veinte años de edad mis favoritos eran los clásicos de la literatura francesa, Víctor Hugo, Stendhal y Balzac. Los tres retratan las interioridades de la sociedad burguesa tras la época de la Revolución. Me interesaron también los autores enciclopedistas, sobre todo Rousseau y Voltaire, quienes pusieron las bases de un nuevo orden social. No puedo negar que también influyó mucho en mi estilo de escribir el poeta y revolucionario cubano José Martí. Por último, obras que vislumbran una nueva alborada, como El cáliz y la espada de Riane Eisler y La conspiración de Acuario de Marlyn Ferguson, me impresionaron profundamente.

Tu obra favorita de otro autor: Difícil escoger una entre tantas obras que me han apasionado, pero quizás podría ser El siglo de las luces, del escritor cubano Alejo Carpentier. Me interesó, aparte del rico vocabulario que enriqueció mi lenguaje, cómo, en el proceso de la Revolución Francesa, llega a convertir a un hombre de ideales en la antítesis de lo que fue.

Tu obra favorita de las que has escrito: Paradójicamente, creo que la obra favorita entre las que he escrito ha sido una novela, que no es exactamente mi género y que aún no he publicado, El país de los pasos perdidos, quizás porque, aunque es ficción, tiene muchos pasajes autobiográficos y porque se desarrolla en mi pueblo natal, por lo que es también fruto de la nostalgia.

Tu estilo literario: La mayor parte de mi producción pudiera enmarcarla en el género de ensayo histórico y filosófico.

Una cita de un autor que te guste: «Si construyes un castillo en el aire, no has perdido el tiempo. El castillo está ahí. Solo te falta ponerle los cimientos».

Henry David Thoreau

Obra en la que te encuentras trabajando en la actualidad: No es una obra sino varias que han ido quedado inconclusas por el camino. Mi último libro publicado, editado por Adarve, Jesús de Capernaún, era originalmente la primera parte de un libro mayor sobre el cristianismo, El pez y la cruz, por lo que podría considerarse una continuación de ese último libro. Estoy escribiendo también un pequeño libro de Filosofía, Cómo abrir la puerta de un mundo mágico. También trabajo en una investigación sobre los orígenes ocultos del totalitarismo y cómo se instauró en Cuba (su nombre, provisionalmente, El Ideal).

Algo sobre tu manera de entender este mundo: La gran crisis que atraviesa la humanidad desde hace unos cuarenta años —terrorismo, epidemias, crisis económicas, cambio climático, poderosas organizaciones criminales, derrumbes de grandes imperios como el de la Unión Soviética y el campo socialista, etc., etc.—, tiene una explicación: nos encontramos en medio de una gran revolución civilizatoria. Todo lo que está ocurriendo no es más que la manifestación del derrumbe de una gran civilización humana, el patriarcado que nació hace alrededor de doce mil años, y el nacimiento de otra. Esta civilización que agoniza y que pudiéramos llamar la del Padre, nació sobre los escombros de otra, la de la Madre. Cuando la gran mayoría de los seres humanos acepten la importancia vital de conservar el medio ambiente, de proteger los bosques, poner fin a la pena de muerte, a las guerras y a las armas, que no debe haber diferencias sociales entre personas de diferentes razas, géneros, religiones, lenguas, lugares de origen y orientaciones sexuales, que es preciso crear sociedades donde todos tengan las mismas oportunidades para el desarrollo personal, entonces triunfará el paradigma civilizatorio de un mundo nuevo, la civilización de los hermanos y hermanas, el Fratriarcado.

Tus proyectos inmediatos: Mis proyectos son mis libros. Quiero que mi mensaje llegue al mundo. Me siento como Jonás profetizando la destrucción de Nínive, profecía que no se cumplió porque sus habitantes cambiaron su mentalidad. Eso es lo que necesitamos ahora, un nuevo paradigma civilizatorio.

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