Xoel Prado-Antúnez

 

Xoel Prado Antúnez autor de El sofá de Claire. Editorial Adarve. Publicar un libroEn realidad, nunca creí que fuese a vivir tanto tiempo, y que recalara en un lugar tan divertido y maravilloso, como Aranda de Duero. Sobre todo, porque es un lugar utópico, que se desenvuelve desde la luz de la luna en notas musicales. Vivo en la pura música, que es la punta esencia de esta enorme Villa. Vivo en Neo. Me gusta vivir esta vida flotante, como si todo transcurriese a través del curso de un Duero de infinitos afluentes. De esta manera mi vida se transforma en vitalidad transitiva, es decir, que pasa y se transfiere a la vida de los otros. En esta transferencia se vuelve mi vida perenne – y no muere nunca, aunque yo fallezca. Quizá este sea el primer paso para que las aguas de este curso procuren a mi vida juventud y fecundidad – para otros (y esto sea la eternidad) Y este es mi estado civil, fecundo.

Nací hippie en una sociedad sulfúrica, en un tiempo de silencio. Todos a mi alrededor sabían hacer juegos de manos en un pabellón de reposo. Todo el mundo quería curarme con el tiempo que proporcionan los verbos, pero mi quijada se emocionaba con los ríos de pasión que se desbordaban en égoglas, elegías y odas y nos arrastraban a los placeres prohibidos. De contemplarlos y avivarlos me crecieron palabras como rayos que no cesan y que dibujaban con fuego un tiempo de destrucción. Comenzó entonces una representación teatral de un tiempo de prodigios, donde me nacieron dos ramas singulares y que subían y bajaban escaleras de un patio florido. Y de hijos del agobio pasamos a ser señores de la orgía que desacreditaban la ofensa y la culpa. En cada orgía, decostruímos la moral en favor de los correlatos neuronales. Me quedé colgado en el fin del mundo, en 1989, en el horizonte del alma líquida que ahora me posee.

No tengo aficiones, tengo vida.

Rasgo más sobresaliente de tu personalidad: Todo el mundo es capaz de pensar que soy un Señor y a mí lo único que me preocupa es determinar qué es lo que esperan los demás de mí. Y mientras tanto, solo me siento en El sofá de Claire, y dejo mi huella de carbono.

Cuéntanos por qué decidiste ser escritor/a: Nací escritor y lo supe de inmediato, porque me perturbaba la vida.

Autores preferidos y por qué: Silvia Plath, Willian Faulkner, Carl Solomon, Guillermo Cabrera Infante, Luís Martín- Santos, Julián Ríos, Luis Cernuda, Muñoz Molina, Marta Rivera de la Cruz, Felix Garcia Modroño, Víctor F. Correas, David Torres, a todos les sacude esa necesidad de desperturbarse de la vida en la literatura. Todos sacuden con guantes lingüísticos a la realidad patibularia.

Don Quijote de La Mancha

Tu obra favorita de otro autor: Siempre quise escribir la historia de un caballero y su escudero, y titularla, Don Quijote de la Mancha, y cualquier día de estos me pongo a la labor.

Tu obra favorita de las que has escrito: Odio todo lo que he escrito.

Tu estilo literario: No creo en los géneros, son constructos jerarquizantes, y no lo siento. En cuanto al estilo, siempre cabalgando en los juegos de palabras, en el humor y la erótica palabra perdida.

Una cita de un autor que te guste: El sexo sin amor es una experiencia que causa la envida de los otros.

Obra en la que te encuentras trabajando en la actualidad: Polvos tristes, una serie de cuentos sobre la desolación a la que nos conducen las expectativas de los otros.

Algo sobre tu manera de entender este mundo:  La vida tenía que suceder siempre como comer en la feria gallega. Comer en la feria gallega tiene un sentido igualatorio. La mesa de pulpeiro, la típica de la feria, permitía que se sentaran a su alrededor conocidos y desconocidos, ricos y pobres, vendedores y compradores, y viceversa, de izquierdas o derechas, padres e hijos, compartiendo el mismo pan y vino, el mismo pulpo y la carne al caldero. Porque lo importante no consistía en quiénes eran sino en cómo comían. Este sentido igualatorio se pierde en los modernos restaurantes, que esparcen a la gente en mesas redondas para que aparenten lo que son. En la vida de hoy, se pierde el menú esencial, pulpo y carne al caldeiro y comienzan a repartir menús para degustar con nomenclaturas fenoménicas. Quizá Europa debiera mirar a Galicia si quiere construirse para no entrar en crisis más y escoger este sentido de igualdad que se extrae en torno a la mesa del pulpeiro. Coda: Y cuando más sencilla la mesa, más rico el pulpo. El café de puchero en el vaso de Duralex y la espera compartida degustando un vino de la casa, sin lujos ni menús rebuscados y con un palillo como hábil cubierto. El pulpeiro haciendo la cuenta de cabeza, y las gotas y el café por cuenta de la casa…, ¡que no se pierda! (Q.E.D.).

Tus proyectos inmediatos: Ver pasar al mundo en general, hacia su entierro o el mío, lo que ocurra primero, que es lo único que pasa. Y por matar el tiempo, recoger boletus.

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