José Antonio Prades

 

José Antonio Prades, autor de la novela Los últimos catorce años. Editorial Adarve, Editorial Adarve de España, Editoriales actuales de España, Editoriales españolasVivo en Zaragoza (España), ciudad en la que nací en 1961.  También residí varios años en Buenos Aires y en Madrid

Cuando me marché, por motivos laborales a más de 10 mil kilómetros de mi casa, a Buenos Aires, comencé a darme cuenta de dónde venía. La añoranza remueve las entrañas y me di cuenta de lo profundo que se arraigaba mi origen, tan adentro de mi corazón: mi barrio de Montemolín, mis lugares de juego, mi familia, mis amigos… que solo echas en falta cuando no los tienes.  Así que en 1993, con 32 años, encontré mis raíces y ya no fui el mismo porque me latían sobresaltos de Aragón, la jota, el Ebro, el tomate de Zaragoza, las migas a la pastora, el ternasco y la longaniza que vendía mi padre, y ese reconocimiento con dolor de que no supe apreciar mi entorno cuando estaba tan a mano.

He tenido en mi vida muchas ilusiones, todas maravillosas, que me han hecho como soy: jugar al fútbol, mis parejas, mis hijos, los objetivos profesionales, los amigos, el descubrimiento de la consciencia, enfoques renovadores de la espiritualidad…  Mi obra literaria está muy teñida de mis vivencias personales, sobre todo a partir de 1993, lo que antes me parecía de «paleto» porque aspiraba a ser «hombre de mundo».  Y precisamente, siendo ese «hombre de mundo», volví a lo que tan provincianamente consideraba provinciano.  En Fábulas de Montemolín recreé mi infancia, en Jugué al fútbol cuento mis peripecias como futbolero de cantera, en Mujeres que llenan mis noches se remueve mi adolescencia, en Hábiles o Inútiles directivos hay autobiografía profesional y en Los últimos catorce años fluye como catarsis una tejida historia de mis abuelos y mis padres conmigo, a través de las cuatro décadas centrales del siglo XX español.

Vista nocturna de la Basílica del Pilar, Zaragoza

Vibro cuando recuerdo mi actividad como tutor de jóvenes con potencial, o como secretario general del Comité de Empresa más grande de Aragón, o como presidente de la Cátedra de Innovación Educativa Juan de Lanuza, o como vicepresidente de la Asociación del Deporte Solidario, o como integrante del grupo 3d3 Literatura y Arte…  Pero nada me hace reivindicar más mis sueños que aquellas vivencias como futbolista de cantera, como capitán del equipo, como promesa que se visualizaba con las camisetas del Real Zaragoza y de la Selección Española.  Me gusta volar porque sé aterrizar muy suave y porque aprendí a mirar el horizonte con esperanza.

Empecé tres carreras porque no sabía por dónde tirar, fui un adolescente desencantado al que le costó encontrar su ruta.  Empresariales y Derecho se quedaron a medias.  Pero con 26 años me conciencié de la necesidad de tener una carrera (hoy lo discutiría, pero en fin…) y me saqué de un tirón, mientras trabajaba, la carrera de Graduado Social, con tan buenas notas como en la EGB.  Luego, los incentivos y motivaciones profesionales me llevaron a varios máster y postgrados: dirección de empresas, dirección de recursos humanos, consultoría organizacional, gestión integrada…  Y con horas robadas al sueño y al tiempo libre, escribía.

Fui directivo en una empresa de relevancia, aprendí la gestión de las personas y de la diversidad, entendí que es mucho más reconfortante crear valor que ganar dinero —o mejor dicho, ganar dinero creando valor—.  Mi experiencia profesional me llevó a levantar la vista al modo de pájaro que visualiza horizontes de crecimiento para las personas que movilizan los proyectos.  Aprendí a amar más a la gente, a entender sus ideales y acompañarles en su avance hacia los sueños. Y de todo, lo verdaderamente importante, es que me fui reconociendo en mi interior a base de tropezones, fracasos, incoherencias, errores que me sacaban de mi zona de fatuo convencimiento de que todo iba bien.  Es cierto, iba bien tanto cuando iba bien como cuando iba mal, porque ambos resultados son la cara de la misma moneda, y precisamente las cruces te aportan mucho más que las caras.

Ahora me dedico a que nuestro entorno sea más sostenible y me reconforta mirar hacia los lados para entender, o sentir, que cuidar a mamá Tierra nos dará más satisfacciones que cubrir de plásticos y aceites los océanos. (joseantonioprades.com)

Aficiones: Me gusta observar a la gente, intentar adivinar sus sueños y sus sentimientos, así que leo y veo cine para aprender y vivir muchas vidas, camino para movilizar mi alma y escribo para buscarme, escribo, escribo, escribo.

Rasgo más sobresaliente de mi personalidad: La gente me dice que soy creíble, quizá sea porque me propongo cumplir mi palabra, tender a la constancia y transmitir serenidad.  A veces me han asignado cualidades que no me interesaban del todo y que no voy a nombrar, pero me siento especialmente orgulloso de mi capacidad comunicativa que se nutre también de mi capacidad de escucha.

Por qué decidí ser escritor: Creo que no se decide ser escritor, o en mi caso no lo decidí, fue.  Un poema sobre el Mío Cid redactado en clase de Lengua cuando tenía doce años, una redacción pastelosa para una chica, buenas notas en Redacción, un apoyo del profe de Lengua y Literatura y un certamen ganado en primero de BUP confirmaron el impulso interior para seguir escribiendo…  Mis dudas internas no consolidaron la tendencia hasta quince años después, cuando terminé mi primera novela.  Desde ahí, con diversas sensaciones, me fluye la creación literaria y cada vez le pongo menos fijación e interés, no fuerzo nada, las musas vienen y se van.  Disfruto. Ya sufrí antes.  Aprendí.

Julio Cortázar

Mis autores preferidos y por qué: Soy ecléctico, que queda muy bien llamarse así cuando eres variable/variado o no tienes referencias concretas. Supongo que mi evolución de vida me lleva a todos estos autores que voy a indicar: Julio Verne, Enyd Blyton, Emilio Salgari, Karl May, R.L. Stevenson (en la infancia), Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Antonio Machado (poetas en la adolescencia), Unamuno, Kafka, Valle Inclán, Herman Hesse, García Márquez, Cortázar y Carlos Castán.

De todos bebí por diferentes razones, pero nombraré porqués de los que más me atraparon: Julio Verne, por su fantasía; García Lorca, por su frescura; Kafka, por la tortura interior de sus personajes; Valle Inclán, por su manejo del lenguaje; Hesse, por su entrada en las filosofías orientales; García Márquez, por su magia; y Carlos Castán, porque encarna mi aspiración a transmitir sensaciones con la forma de contar más que con la historia que cuenta.

Mi obra favorita de otro autor: Hay tantas… Por salir de los autores mencionados anteriormente, nombraré dos: Belver Yin, de Jesús Ferrero y Nada, de Carmen Laforet.

Mi obra favorita de las que has escrito: ¿Quién puede elegir entre uno de sus hijos? Pues eso.  Los últimos catorce años es la que más me ha removido, la que ahora está viendo la luz, la que necesita mi atención. Recuerdo con cariño mi primer relato con conciencia de escritor: Rosa Roja, mi primera novela: El embrujo de una rubia platino; y Silvana, la puta, con la que recibí el último premio literario.

Mi estilo literario: Como soy tan ecléctico, no sé qué decir sobre mi estilo literario.  Puedo hablar de mi intención, y es que la forma de contar signifique más que el argumento o el tema de la obra.  Por eso me gusta el relato corto, incluso el microrrelato, porque elegir determinados recursos, composición de frases, elección de palabras, es fundamental para transmitir sin mostrar.

Una cita de un autor que me guste: «El tiempo es la eternidad en movimiento», de Platón.  Con ella ilustro la portada de mi web.  Para mí significa que nada es como lo vemos, que todo se concentra en el instante de ahora mismo. Tú y yo somos uno y somos eternos.

Obra en la que te encuentras trabajando en la actualidad: Estoy preparando una historia de amor. Va a ser una novela corta inspirada en mis padres, pero no biográfica, sino fabulada sobre sucesos de los que me fui enterando cuando hablaba con mi padre y con mi tía para documentarme en la creación de Los últimos catorce años, sucesos que pudieron ocurrir con ellos y que no cuajaron.  Quizá sea una forma de reescribir una vida.

Algo sobre mi manera de entender este mundo: Soy un optimista irremediable, sin vuelta atrás. Creo en el ser humano como esencia de amor, pero no ese amor meloso y romanticón o impulsivo y erótico que nos venden en los anuncios de perfumes.  El amor no se puede definir porque solo se siente, es una onda, una irradiación que se impregna en quien lo quiere recibir para darnos cuenta de que nada nos diferencia. Somos uno. El bien y el mal no existen, es un juicio sin ley determinada que nos agita de un lado a otro para que nos centremos en la bondad, en la benevolencia, en la compasión, en la solidaridad. Me gusta despedirme diciendo «te deseo paz y alegría serena». Sea ese mi estado.  Ojalá.

Mis proyectos inmediatos: Lo literario forma parte de mi proyecto personal.  Crear literatura es una forma de comunicar para dar a conocer mi mundo como compañía de quien lea mis escritos, tanto en los momentos de lectura como en la evocación de lo leído. Y es que mi proyecto personal es contribuir a que todo el mundo esté con paz y alegría serena.  Incluso yo.

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