Antonio García Salmerón

 

Tengo sesenta años, estoy casado y vivo en la bonita y legendaria ciudad de Córdoba, declarada Patrimonio de la Humanidad. Trato de vivir una vida sencilla con mi familia, me gusta mucho pasear por el campo, viendo el maravilloso milagro de la naturaleza, en el colorido y aroma de las flores, en los pájaros y animalillos del campo, en el agua que brota espontánea de la tierra, de la infinidad de estrellas que aparecen por la noche tan lejanas y que nos hacen sentir a los hombres tan pequeños, todas esas pequeñas cosas, que en realidad son tan grandes.

El rasgo más característico de mi personalidad creo que es mi timidez, soy el hombre más tímido del mundo, al menos el más tímido de todas las personas que conozco y dar a conocer mi obra lo siento como desnudarme a mí mismo, porque lo que escribo me brota siempre del corazón.

Dice Pérez Reverte que el escritor no es el que escoge la historia sobre la que quiere escribir, sino que es la historia la que escoge al escritor, y creo que tiene rotundamente razón, porque en esta novela yo he sido atrapado, arrastrado por la historia de estos personajes, y han sido ellos los que me han estado llevando a mí antes que yo a ellos a través de las páginas de esta novela. En realidad, cuando empecé a escribirla solo tenía la intención de escribir un cuadernillo de relatos cortos, cinco pequeñas historia de diez o doce folios que titulé Contra viento y marea, y que trataba a través de la historia de diferentes parejas, de las dificultades y el trabajo a veces duro que tienen que realizar para estar juntos en su amor y ser felices, luchando por su amor contra todos los imponderables, contra todos y contra todo, contra viento y marea. De manera que hice los tres primeros relatos cortos, y comencé con el cuarto, al que titulé Y por siempre caeremos en el olvido, que trataría del amor de un musulmán y una cristiana en los terribles momentos de la expulsión de los moriscos de España en el siglo XVII.

Comencé a escribir y me fui dando cuenta de que la historia me iba pidiendo cada vez más, que las situaciones y las páginas se iban sucediendo sin yo pretenderlo, pero tenía razón el poeta alemán que dijo que si no sientes ese malestar, como un dolor o una llama que te devora y te quema las entrañas por dentro, arroja al suelo la pluma y el papel y no escribas, no merece la pena. Yo sentía esa necesidad, ese quemar dentro de mí, y me dejé llevar, los personajes me iban arrastrando a escribir, a sumar nuevas situaciones para mí desconocidas, sumando páginas poco a poco, sin saber muy bien adónde iba, dándome cuenta a medida que iban aumentando las páginas de que en realidad el relato se estaba convirtiendo en una novela, porque los personajes, de alguna manera, así me lo pedían.

Córdoba (España)

Mis autores favoritos son multitud, empezando por Cervantes, que con palabras sencillas llega a tocar cosas importantes; Garcilaso, los autores clásicos, la novela francesa del siglo XIX, Víctor Hugo y Los Miserables o El jorobado de Notre Dame; Julio Verne y su imaginación prodigiosa y sus aventuras; Alejandro Dumas con El conde de Monte Cristo dando a ciertas personas lo que se merecen; Alejandro Dumas hijo, y su genial Dama de las Camelias de una belleza delicada y sutil; Blasco Ibáñez, El Duque de Rivas, Bécquer con sus Rimas y leyendas, que logra escribir en el papel lo que no se puede explicar con palabras; Tolkien, Pérez-Reverte, Mario Vargas Llosa y muchos más, aunque no creo que ninguno de ellos en concreto ha influido mucho en mí ni en mi obra, porque mi forma de escribir es propia y personal, sin tratar de imitar a nadie, creo que para poder aprender lo nuevo tienes que desaprender lo antiguo, por eso mi manera de escribir no se parece a la de nadie que conozca.

No tengo una obra favorita de otro autor sino muchas, El conde de Monte Cristo es sin duda impresionante, como hurga, escarba el autor en el interior del alma del ser humano hasta llegar a la esencia, al origen de las cosas, es genial.

Esta novela de Y por siempre caeremos en el olvido es a la que le tengo más cariño de todo lo que he escrito, y sus personajes son para mí como unos amigos, a los que me bastaba coger un papel en blanco y un bolígrafo para con la imaginación ir viendo todo lo que iban haciendo y escuchar todas sus palabras, que iba reflejando yo en el papel durante horas ininterrumpidas, pero siempre con un respeto absoluto a los personajes, a sus vidas, a sus sufrimientos y alegrías, a sus vivencias que traté de escribir para que no quedasen para siempre en el olvido.

Mi estilo literario es muy personal, yo no lo encasillo fácilmente. Esta novela es evidentemente histórica con tintes románticos, con escenas de aventura, con pasión, con vida, en la que casi sin darte cuenta, porque están entremezcladas dentro de la trama, vas descubriendo mucha historia, pero no una historia fría, pesada y muerta del pasado, sino una historia viva y amena, a través de la vida de estos personajes.

Se puede notar como el relato de la pareja moderna de la novela es en primera persona, escrita de un modo más informal, con expresiones más modernas y coloquiales de una chica joven, totalmente diferentes de las que se emplea en toda la novela que transcurre en el siglo XVII, que además se narra en tercera persona.

Para citar una frase de un autor que me guste, se me viene a la mente una frase de la novela El sueño del Celta de Mario Vargas Llosa, en la que si no me falla la memoria sería la siguiente: «Cuando se agotan las explicaciones históricas, sociológicas, psicológicas, culturales, queda todavía un vasto campo en la tiniebla para llegar a la raíz de la maldad de los seres humanos».

Tengo en mente una novela, también histórica, que seguiría la misma temática de la lucha de una pareja por su amor, y que se llamará Mejicanas, pero que necesita una seria documentación para controlar a un sinfín de personajes y hechos históricos, y el que yo encuentre el tiempo necesario y la tranquilidad que necesito para empezar a escribirla.

¿Que cómo entiendo este mundo?, creo que este mundo hay dos maneras de mirarlo, desde el egoísmo, donde yo soy lo primero y estoy por encima de todas las cosas, metidos dentro de la vorágine de la vida diaria, donde la felicidad se busca en el tener y no en el Ser, en el consumismo, en la abundancia de las cosas materiales, y si hace falta destruimos el mundo, destruimos los bosques y las selvas, extinguimos especies animales, contaminamos el aire y el agua, aunque sea a costa de la salud de nuestros hijos, y nos rodeamos de un montón de cachivaches y cosas inútiles con la esperanza de ser felices con ello, aunque nos sintamos cada vez más vacíos, y a costa de que mucha gente no tenga acceso ni a lo más básico.

La otra forma de mirarlo es desde el Ser, no desde el tener, desde la verdad y el amor, las energías más poderosas que forman y mueven el universo, sin darle más importancia a las cosas materiales de las que realmente tienen, y derramando amor y respeto para todos y para todas las cosas, pero analicemos:

La verdad: Está escrito, «Buscad la Verdad y la Verdad os hará libres», y es el elemento que nos dará la libertad, la felicidad y la sabiduría, pero siendo conscientes de que decir la verdad puede resultar algo muy peligroso, porque el mundo se lanzará para intentar destruirte, como ha ocurrido siempre a través de los tiempos, y si no que se lo digan a Gandhi, Martín Luther King y tantos y tantos hombres que fueron atacados por los fanáticos solo por decir la verdad.

El amor es una energía muy poderosa, que mueve y da vida al mundo y que podemos sentir en nuestro interior, en nuestros corazones, como un pequeño rayito de luz que nos ilumina, que nos da calor, y que si lo alimentamos, poco a poco se vuelve grande como un Sol dentro de nosotros, amor para todos y para todas las cosas, pero reflexionemos un poco, la energía opuesta al amor es el odio, el odio es destructivo, destruye a la persona en la que habita, destruye a la sociedad y destruye el mundo. El odio es una pequeña semillita que se puede inocular en el corazón de las personas, y que si se alimenta se va haciendo cada vez mayor, hasta convertirse en un monstruo. Por el odio existen las guerras, los crímenes, el terrorismo, por odio a los que no son como tú, de tu misma raza, de tu misma religión, de tu mismo idioma, de tu mismo país, existe el supremasismo, cuya máxima expresión quizás fue la Alemania Nazi. Por odio se intenta incluso tergiversar la historia, borrando de ella capítulos que nos molestan o cambiando otros con el fin de adoctrinar a las personas.

Yo creo en un futuro donde no existan fronteras, donde reine el amor y la justicia, donde impere la paz, y el amor y el respeto a todas las personas y a toda la naturaleza, y donde el Ser humano consiga siempre su objetivo, el ser feliz.

Mi próximo proyecto literario, si encuentro la calma y el tiempo necesario, sería un libro con tres o cuatro pequeños relatos breves junto a la novela histórica Mejicanas, que me gustaría realizar con todo mi amor y con toda la verdad y rigor histórico, con las justas licencias literarias que precisaría la novela.

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