La travesía de “Contraproducente”

 

Portada del libro Contraproducente. Editorial Adarve, Editorial Adarve de España, Editoriales españolas, Editoriales españolas actuales, Editoriales de España, Editoriales actuales de España

Por Nicol Daniela Murillo Cárdenas.

 

A las cuatro de la tarde de uno de los primeros días de febrero del 2018, cuando el sol se preparaba para dejarse llevar por el crepúsculo de la tarde, llega Duván Vargas Sánchez caminando a su casa después de la jornada escolar que lo disponía para su último año en el colegio. Aún uniformado, con su saco de hilo azul, corbata y pantalón de paño gris, toma su móvil para conectarse al Internet de su casa, actividad consecuente a varias horas de desconexión y que simultáneamente lo recibe con una notificación desde su correo, sorpresiva pero inquietante, lo llevó de un solo impulso a seleccionarla para poder contemplar el contenido del mensaje emitido por la Editorial Adarve que respondía afirmativamente a la solicitud de publicar su novela, lo cual no se esperaba porque ya había recibido numerosos rechazos por parte de grupos de editoriales importantes.

Aquel correo que conmocionó su tarde fue el detonante de su inseguridad, aquel que permitió recomponer su confianza como escritor después del desalentador comunicado que le informó que no era el ganador del concurso Jóvenes Talentos organizado por la Editorial Planeta en el 2017, al cual se había postulado como recomendación de sus profesoras de Humanidades y Ciencias Naturales, Andrea Quiza y Tatiana Riveros, quienes también lo acompañaron durante la construcción de su manuscrito, siendo parte fundamental de la historia y de esa formidable construcción tanto personal como profesional de Duván.

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El día en que fue sugestionado por la necesidad de hacer tangibles sus ideas, mediante aquellos códigos que conforman ese escrito que en ese momento corroía su cabeza desde hacía varios meses, Duván se levantó determinado y agotó su mañana ideando un comienzo digno para propulsar su creación. Se vistió como si ese día tuviese una cita importante, y sí que la tenía, para así en la tarde de aquella fecha vacacional de junio comprar un cuaderno económico que funcionó como borrador de los primeros intentos, donde después de tres horas lograría registrar su primer capítulo; quién creería que un aparentemente ínfimo cuaderno iba a ser el privilegiado testigo de los primeros trazos de este joven letrado, que se comisiona desde ya un futuro promisorio.

Atemorizado por la incertidumbre que este designio contraería, y sin saber si sería acertado o todo lo contrario, se decidió por continuar su escritura de manera digital para mermar los errores y afianzar esta producción con mayor rapidez y eficacia. Con quince años asentó el rumbo de sus tardes para enfrentarse al reto de la escritura y, cómplice de su disciplina, decidió plantearse retos semanales durante su receso estudiantil, los cuales le permitieron avanzar en su redacción, potenciando sus aptitudes lectoescriturales, hasta llevarlas al límite de sí mismo.

Finalizado su receso, siguió moldeando su novela con lentitud, solo teniendo tiempo los fines de semana, mientras los otros días su prioridad era el estudio de grado noveno que cursaba para el año 2016 en el Colegio Nueva Roma, ubicado en la cordillera Oriental de los Andes colombianos al sur oriente de la ciudad de Bogotá; establecimiento educativo que presenció de manera detallada esta solidificación de sueños y que, de la mejor manera, aportó para que se materializara este sueño, teniendo en cuenta que el cumplimiento de las metas trazadas se basa principalmente en transitar por ellas.

En medio de la preocupación por hacer una obra que hablara de las realidades que vive el ser humano y que clarificara de manera explícita el entorno ecléctico en el que se desarrollaba, tomó aquellos temas coyunturales que hacían parte de su contexto con los cuales dio vida a Damián Navarro y Jean Paul, con quienes se identificó cabalmente, proporcionándoles sus sentimientos, sueños, tristezas y demás emociones que a lo largo de este camino definieron quién era realmente Duván Vargas. Por medio de estos personajes, con los cuales se encariñó, logró crear un paralelo que difiriera entre la utopía y la distopía que abarca los ejercicios de ser y sentir, y quienes a pesar de verse confrontados por una enfermedad biológica como lo es el cáncer, se ven en la ardua tarea de lanzarse a la osadía de  cavilar la psique humana, haciendo un paralelo de las dolencias genuinas de esta especie capaz de razonar con un comportamiento emocional como lo es la homosexualidad que, por ser diferente a los factores típicos de la sociedad, se ve como un agravio, cuando solamente es un gusto y orientación que hacen más plural la diversidad humana. De esta manera, la escritura y sus lecturas le permitieron contrastar el descenso de su tío Álvaro Camargo, por causa de esta enfermedad biológica (cáncer) a principios de ese año, brindándole a su familia ese apoyo del cual tanto carecían y del que necesitaban una prueba de resistencia, al igual que posibilitó adoptar esa problemática social que lo inquietaba y lo hacía cuestionarse a sí mismo.

De la mano de las lecturas de autores como Mario Mendoza, Estanislao Zuleta, Fernando Vallejo y José Saramago, logró alimentar su  ideal de novela a la que se dedicó un año entero, sin dejar pasar ningún fin de semana sin moldear este escrito, alejándose así de actividades con su familia y amigos, lo cual lo llevó a las puertas de la culminación de Contraproducente, donde su bloqueo artístico e incertidumbre para dar un buen desenlace le pausó su escritura; fue en este momento donde conoció a Felipe Casallas Benavides, un compañero del colegio que se fue consolidando como amigo y le aportó a la estructuración de este esperado final a través de sus sentires; sin pensarlo fue este compañero, quien ahora es su principal colega, con el que siguió el camino desde ese momento hasta la actualidad, clarificando la importancia de la amistad y la fuerza interior para alcanzar el apogeo, la cúspide del éxito.

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Tan pronto terminó de leer el mensaje que contenía las condiciones que debía  seguir para hacerlo público, salió corriendo a donde su mamá, Nubia Sánchez, y su mejor amiga, Eliana Jiménez, para contarles la buena nueva. Al día siguiente mostró el mensaje a su profesora Andrea Quiza y a los otros amigos que le habían apoyado, posteriormente se oficializó la información con la rectora del colegio, quien hasta ese momento se enteró de la existencia de la novela y le brindó su  colaboración incondicional.

Sin embargo, a pesar de la afirmativa de la editorial española,  uno de los requisitos que se proponían era adquirir 25 ejemplares generando un cobro en euros, que al hacer la conversión sumaba una cantidad aproximada de un millón quinientos mil pesos colombianos, colocando una barrera monetaria que retrasaría la publicación del mismo. Los docentes de la institución  impulsivamente buscaron los recursos legales del Minuto de Dios y apoyo monetario con la comunidad educativa para acercar al estudiante al cumplimiento de sus sueños, ya que es esta Corporación la que administra la institución educativa, con lo cual se confirmó de esta manera que el procedimiento fuese transparente, y se dio repuesta al correo semanas después de haberlo recibido, cuando en el corazón de este joven escritor palpitaba la idea de llenarse de lectores que nutrieran sus vidas a través de sus letras mordaces.

Durante cuatro meses, Duván persistió con apoyo de su mamá y el colegio para conseguir el dinero, finalmente se consideró que la primera cuota ya se encontraba lista, lo que agilizó el cumplimiento del contrato puesto que esta oportunidad debía tomarse, en palabras de él, «ahora o nunca». De todas maneras, en tres meses ya se había saldado esta deuda, mientras la editorial continuaba con su proceso de corrección y diseño, lo cual le daba a Duván aún más garantía de que lo que había soñado desde niño, cuando su madre, Licenciada en Educación Preescolar, le leía y lo introducía a ese mundo extraordinario que le generaba seguridad, conocimientos y felicidad, al fin se estaba consolidando.

Este proceso iba alimentando su emoción, era tanta la ilusión de su manuscrito que ninguna portada le parecía digna para representarlo, ese tiempo de espera lo impacientaba. No obstante, el 12 de septiembre, cuando menos lo esperó, en la fecha de su cumpleaños, llegó materializada al fin su novela y, afirmado por él, «fue el momento más álgido del proceso, en donde al fin podía ver que tantos esfuerzos no fueron en vano y que ahora pasaría del anonimato total a nutrir corazones, como otros autores lo habían hecho con él».

Contraproducente es el título de la obra que se hizo palpable dos años después de comenzar la travesía y que hoy, posterior a las dificultades, se lee en Colombia y otros países de habla hispana, un logro de exaltar en un joven de apenas diecisiete años que, con tan corta edad, ya empezó a vivir aquel mundo de entrevistas, conferencias y experimentación con otro tipo de textos, con los que sigue llenando su vida, conservando la visión de transformar el mundo mediante sus historias, las cuales colindan en la realidad y su imaginación.

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