Rubén Laguens

 

Fotografía de Rubén Laguens. Editorial Adarve, Editoriales de EspañaVivo en la ciudad de La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires de la República Argentina, donde nací hace ya ochenta años y viví desde siempre, salvo una estadía de dos años en Estados Unidos. Soy nieto de inmigrantes sicilianos y franceses. Estoy casado y tengo seis hijos, quince nietos y seis bisnietos. Soy médico especializado en patología, investigador científico y profesor universitario.

Fui un niño precoz que aprendió a leer a los tres años. Desde ese entonces fui un lector compulsivo, virtud o defecto que todavía tengo. Las lecturas de la infancia me transformaron en un niño y un adolescente con más conocimientos que los niños de mi edad. Como consecuencia terminé mi bachillerato a los catorce años, a los quince ingresé en la facultad de medicina y fui médico a los veinte.

El haber devorado antes de los diez años todos los libros de Alejandro Dumas, los Cazadores de Microbios de Paul de Kruif y el Arrowsmith de Sinclair Lewis fue la base de mi vocación: salvar vidas, pero no de individuos, sino de la humanidad. Esa visión romántica de la vida me indujo a dedicar la mayor parte de mis esfuerzos a la investigación científica. Con el correr de los años mi romanticismo no se extinguió y aparece en las novelas que escribo, entremezclado con tramas macabras e historias de amor y decepción

Comencé a escribir a los veinte años trabajos: científicos y libros de medicina. He publicado más de trescientos trabajos científicos y seis libros: uno de ellos tuvo éxito editorial y hasta que resolví dejar de actualizarlo se hicieron tres ediciones con más de veinte mil ejemplares.

Panorámica de La Plata, Argentina. Editorial Adarve, Editoriales españolas actuales

Panorámica de La Plata, Bs. Aires, Argentina

Hasta unos años atrás jamás hubiera pensado que alguna vez me dedicaría a escribir novelas y cuentos. Pero un día me encontré con el primer libro de Andrea Camilleri: Un Mes con Montalbano. No solamente descubrí así a uno de mis autores favoritos, del que me deleita tanto el humor como sus descripciones de su Sicilia y de los sicilianos, escrito en un lenguaje sencillo, directo y entretenido. Cuando lo terminé de leer pensé: «¿Por qué no escribir como él si soy apenas diez años menor, medio siciliano y su estilo, conciso y directo, es similar al de la ciencia?». Fue así que comencé a escribir cuentos basados en los recuerdos de mis más de treinta años como patólogo forense. A medida que los escribía los repartía entre mis amigos. A la mayoría les gustaron, en especial a mi mujer, quien además de ser una lectora hipercrítica, a partir de ese día se transformó en una destructora implacable de todo lo que yo escribía.

De a poco esos cuentos forenses, relatando diferentes delitos, se fueron transformando en dos novelas de género negro: La muerte de las cuatro mujeres con nombre de flor y El Disector, que están en la lista de libros Kindle de Amazon.

Más de quince años atrás incorporé nuevos temas a mis líneas de investigación que hasta ese momento eran las enfermedades cardíacas y las enfermedades endémicas de América del Sur, cumpliendo con el sueño romántico de mi juventud. Fue así que comencé a estudiar la posibilidad de que las células madre o tronco regeneren el corazón humano, estudios que se concretaron en más de treinta publicaciones. Pero a la vez pensaba en los riesgos potenciales de esa terapéutica en el futuro, un futuro en el que la gente viviría muchos años. Ello me llevó a escribir una novela sobre el uso indebido de los descubrimientos científicos. En ella describo las consecuencias de efectos benéficos de neuronas trasplantadas en pacientes con enfermedades de Parkinson y Alzheimer y cómo, a lo largo del tiempo, un descubrimiento que prometía mejorar la humanidad se transformó en una pesadilla que llevó al caos, la destrucción de la sociedad y la aparición de dictaduras.

Fotografía de Andrea Camilleri. Editorial Adarve, Editoriales que aceptan manuscritos

Andrea Camilleri, guionista, director teatral y televisivo y novelista italiano.

Mis autores preferidos y por qué: Soy ecléctico en mis lecturas, por lo que me es muy difícil decidir cuáles son mi preferidos. Yo los divido en grupos: los que me entretienen o divierten y los que me conmueven y me deslumbran por su estilo y sus ideas.

Los favoritos que me entretienen son las novelas de suspense, negras y policiales. Mis autores preferidos son Andrea Camillieri, Michael Connelly, Benjamín Black y Louise Perry.

Para los que me conmueven o me deslumbran la lista sería interminable, pero los que más me han hecho gozar y he admirado son Sándor Marai, Haruki Murakami, Almudena Grandes, Mario Vargas Llosa, Paul Claudel, Yasunari Kawabata, Paolo Baricco y, siendo un argentino no puedo dejar de mencionar a quien es el maestro de todos nosotros: Jorge Luis Borges.

Todos ellos, con estilos literarios tan diferentes, tienen en común para mí la penetración sicológica de sus personajes y la capacidad de emocionar al lector.

Portada del libro La nieta del señor Lihn. Editorial Adarve, Editoriales de España

Mi obra favorita de otro autor: No solamente me han deslumbrado, las leí con regocijo, El último encuentro de Sandor Marai y La nieta del señor Lihn de Paul Claudel.

Mi obra favorita de las que he escrito: De las obras que he escrito mi preferida es Las dos muertes de Evaristo López (Editorial Adarve, 2018), porque es un tema de interés más general que mis novelas negras, que tiene suspenso, emoción, amor, traiciones e ilustra sobre un tema actual como es la regeneración de los órganos y la consecuencia de la prolongación de la vida humana.

Mi estilo literario: Como he sido la mayor parte de mi vida un escritor científico, mi estilo literario es directo. No soy afecto a las metáforas ni las descripciones excesivas de los lugares donde transcurre la acción. Quizás sea porque no me gustan las novelas que llamo «con decoración excesiva», en las que la trama se reduce a un tercio de su longitud y los dos tercios restantes son descripciones de lugares o paisajes, o a veces copias de guías turísticas. Por las lecturas de mi infancia y juventud, todo lo que escribo tiene un trasfondo romántico, en una época en la que el romanticismo parece una antigüedad. Pese a ello, en mis tres novelas y en los cuentos que he escrito aparecen valores, afectos, amores y decepciones.

Obra en la que me encuentro trabajando en la actualidad:  En el momento actual estoy escribiendo una novela policial con el mismo personaje de las dos que ya edité, un policía argentino, nieto de sicilianos, con los defectos y las virtudes de la gente del sur de Italia, que investiga una serie de homicidios en un enorme centro hospitalario cuyos dueños son sindicalistas corruptos.

Portada del libro Las dos muertes de Evaristo López de Ruben Laguens. Editorial Adarve, Editoriales españolasUna cita de un autor que me guste: Cuando comencé mi carrera de investigador, mis dos paradigmas fueron  Luis Pasteur y Santiago Ramón y Cajal. Las opiniones del sabio español me deslumbraron y era muy joven cuando leí sus Charlas de Café y los Tónicos de la Voluntad, que fueron una de las motivaciones de mi vocación. Una de sus frases la recuerdo todavía hoy, que creo que es válida no solamente para la investigación científica: «No hay cuestiones agotadas, hay hombres agotados en las cuestiones».

Mis aficiones: Hasta diez años atrás practicaba ciclismo y pádel. Desde mi juventud me dediqué a la pintura y, si bien no soy un pintor profesional, he expuesto numerosas veces. Mi estilo es realista

Algo sobre mi manera de entender este mundo: Dada mi edad, he atravesado todas las etapas del pensamiento político: anarquista a los quince años, marxista leninista a los veinte y a partir de los treinta soy un socialista liberal. Mi filosofía de la vida es muy sencilla y se reduce a dos dogmas: el otro existe y la libertad es el bien más preciado.

Mis proyectos inmediatos: Seguir escribiendo, pintando y trabajando como médico. Y por supuesto, viajando. Desde hace más de cuarenta años, dos veces por año, recorro el mundo con mi mujer, eso es lo que nos mantiene vitales y con la mente despierta.

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