Eduardo Roldán

 

Tengo 39 años y resido en la ciudad en que nací con mi esposa y mi hijo. Nací en Valladolid, ciudad que quizá carece del encanto de otras (aunque también hay que saber mirarla), pero que posee un tamaño habitable y una variada oferta cultural y lúdica. Mi formación ha seguido un camino bastante ordinario: colegio, licenciatura (en Derecho), curso de posgrado. La verdadera formación —o al menos la que a mí más me interesa— es la que uno se da de manera autodidacta. He trabajado en diversos sectores; uno de estos trabajos estaba más relacionado con el periodismo pero ninguno directamente con la literatura. Comencé a colaborar en prensa en 2005; desde el 2007 mantengo una columna de opinión semanal en el diario El Norte de Castilla, donde también contribuyo en el suplemento cultural (La sombra del ciprés) con artículos de fondo sobre cine (sección Panteón de Plata), reseñas de libros y perfiles de cineastas y músicos de jazz. En el plano estrictamente editorial, he publicado dos poemarios, una novela corta, y dos obras de teatro; también se ha representado una de mis piezas breves, y producido dos cortos en los que participado en el guion. Ámsterdam in fine es la primera novela extensa que se publica. (Aparte de lo dicho, como tantos escritores, tengo escritas varias obras inéditas: entre otras, los guiones de un largo y de una tv-movie de dos capítulos.)

Mis aficiones:

Como dice un personaje en la novela, una afición es algo muy serio (parafraseo), algo a lo que uno se dedica de corazón; creo que las llamadas aficiones son las materias que más influyen en nuestra formación (véase más arriba). Así que el término <<afición>> quizá resulte insuficiente; como sea, de niño pasé muchas horas en la cancha de baloncesto; más tarde, ante el tablero de ajedrez. Hoy trato de hacer algo de deporte cada día: es divertido, engrasa las neuronas y levanta, siquiera transitoriamente, el ánimo. Fuera del ámbito estricto de la literatura, mis dos intereses más acusados son el cine y la música (no solo el jazz, aunque casi siempre mis conocidos me identifiquen con él, quizá porque, como ya el título evidencia, fue la materia de la que partí para el primer libro, un poemario, que publiqué, y por las reseñas de conciertos y perfiles que he escrito sobre jazzistas; nunca ha dejado, con mayor o menor presencia, de acompañarme, pero también otras músicas).

Por qué soy escritor:

Más que una decisión, en mi caso creo que habría que hablar de aceptación; era algo que siempre había estado ahí y llegó un momento en que se impuso.

 Mis autores preferidos:

La lista de los autores que admiro ocuparía varios folios; la razón es la misma en todos ellos: que poseen voz propia, algo genuino e intrasferible. Por distintas razones —momento de mi vida en que los leí, etc.—, y sin ser quizá a quienes más admire (aunque los admiro infinitamente), sospecho que los autores que más me han marcado, en un sentido u otro, sean David Mamet, Francisco Umbral, Bret Easton Ellis y Julio Cortázar.

Mi obra favorita:

Como en el caso anterior, me resulta muy difícil escoger solo una. Valga por todas Ada o el ardor. Los motivos, el ya apuntado: la voz (el estilo, si se prefiere) de Nabokov.

Mi obra favorita (de las mías):

No tengo una favorita. Sí que es cierto que hay una novela y un guion hacia las que tengo un afecto particular, pero esto puede deberse solo a su condición de inéditas más que a la calidad; como dice Jean-Luc Godard, siempre queremos más a los hijos que tienen alguna tara.

Mi género literario:

No jerarquizo entre géneros. Una columna de opinión puede tener más hondura intelectual que un ensayo de quinientas páginas; o más poesía que un poema épico de otras tantas estrofas. Creo que en España todavía —al menos en una parte no desdeñable de la crítica, de los lectores, los editores y hasta los autores— existe la superstición de la novela como cenit literario; y otra aun más perniciosa —e incomprensible—: la de que uno ha de restringirse a un solo género, y que no puede hacer más de uno satisfactoriamente. En mi caso, he transitado todos, y ensayado diversas formas en cada uno de ellos; cada género tiene su encanto y supone un reto particular, aparte del hecho de que se pueden mezclar, o escribir a la contra de los teóricos presupuestos de un género concreto. Me parece que este enfoque es mucho más enriquecedor —y divertido—; en este sentido, la música goza de una salud mental mucho más estable. A nadie se le ocurre que un músico se tenga que ceñir solo a un estilo (digamos cantar baladas), y de hecho se celebra, por lo general, el que arriesgue, el que toque otros palos.

Una cita:

Experience is not what happens to you; it’s what you do with what happens to you —Aldous Huxley.

(La experiencia no es lo que te ocurre; es lo que haces con lo que te ocurre.)

Sobre mi manera de entender este mundo…

En general, creo que nos complicamos la vida más de lo necesario, aunque por otro lado es dificilísimo dejar de complicársela, incluso aunque seamos conscientes de ello, y así insistimos en los mismos errores; con suerte, paciencia y voluntad, al cabo quizá consigamos aprender y facilitarnos así la navegación por la vida. Navegación que resultaría mucho más sencilla si todos tratásemos, al menos de vez en cuando, de ponernos en la posición del de enfrente.

 Mis proyectos:

Obras inéditas aparte, estaba (estoy) con una novela que es el segundo volumen de una suerte de trilogía iniciada con Ámsterdam in fine. No se trata de una trilogía en la que se repitan los personajes ni se continúen las acciones (incluso se ubica en un tiempo anterior a Ámsterdam…), sino más bien una prolongación del tono, otra vuelta a algunos de los temas tratados. Pero está aparcada, pese al avanzado estado, porque se me ha cruzado otra historia. No sería imposible que, al retomarla, cambiase y/o suprimiese partes de lo escrito.

 

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