Michael Featherstone

 

Michael Featherstone autor de Un detective accidental en Donostia. Editorial Adarve, publicar un libroVivo en la ciudad de Nueva York, de hecho en la isla de Manhattan, desde 1983 y todavía me encanta. Reconozco que no es un lugar ideal para todos, pero los que disfrutamos de la bulla ya somos más de ocho millones. Tengo 65 años, la mayoría de ellos bien vividos, y no tengo planes de interrumpir el proceso. En cuanto a mi estado civil, llevo 33 años casado con la misma mujer y todavía no entiendo por qué se ha quedado conmigo, pero no voy a quejarme de mi buena suerte. Tenemos dos hijos, uno que vive en Brooklyn ganándose el pan como músico profesional, y otro que vive en Barcelona, estudiando la actuación física y la vida nocturna de esa ciudad.

Para parafrasear a un poeta chileno: confieso que he vivido… en muchos lugares. Nací en el estado de Nueva York, muy al norte de mi residencia actual, hijo de padre americano y madre nacida en Panamá y criada en Colombia de padres (mis abuelos) ingleses. Tengo dos hermanos y una hermana, todos ellos más inteligentes y guapos que yo. Hablaba español con mi mamá de chiquillo y me acuerdo de rezar cada noche con ella en español. A estas alturas parece que las oraciones no han tenido el efecto esperado. Arrancamos de Nueva York para la Florida y luego para el estado de Maryland antes de terminar en New Jersey donde asistí a la escuela secundaria (decimos «high school» aquí) y donde tengo los mejores amigos de la vida todavía. Estando yo en la universidad en el estado de Pennsylvania, mis padres decidieron mudarse al estado de Connecticut, pero logré encontrarles por las migas de pan que se les habían caído en la carretera. Tuve la suerte de estudiar un año en Madrid y esa experiencia me llevó a sacar la maestría en literatura hispana de la Universidad de Kansas después de graduarme en la universidad. Me concentré sobre todo en las novelas de España, México, Colombia, Perú y Argentina, pero también leímos poesía, ensayos y teatro. Tuve más suerte en ese programa porque logré estudiar un verano en Guadalajara (México) también. Después de empaparme de tanta literatura, estudié los negocios internacionales en Arizona y cuando por fin se me acabó la suerte, tuve que buscar trabajo. Pasé un año tratando de ganar la vida en la publicidad en Puerto Rico y cuando por fin me echaron del trabajo, vine a Nueva York. Sobreviví una serie de entrevistas y conseguí empleo en la banca trabajando con América Latina. Sigo en la banca hoy y casi cubro el pago mensual de la hipoteca. Conocí a mi esposa en una fiesta a la cual ella había venido con otro chaval (mala suerte para él), nuestros hijos nacieron y se criaron en Greenwich Village y la vida sigue, si Dios quiere. En el camino aprendí a falar portugués, parler français y decir unas frases en árabe para comunicarme con una variedad de gente aquí en NYC y otros lugares también.

Aficiones: La lista de mis aficiones es larga: la lectura (principalmente novelas), la escritura, el teatro, el cine, el surf, esquiar, las caminatas por las montañas, viajar, los idiomas, el buen comer, la música, la economía y cualquier idea que se le ocurra a mi esposa.

Rasgo más sobresaliente de tu personalidad: La capacidad de perdonarme a mí mismo por los muchos errores que he cometido y que sigo cometiendo.

Cuéntanos por qué decidiste ser escritor: No sé si se me puede considerar «un escritor». He escrito un poco, pero «escritor» me parece un título mejor aplicado a otras personas que hayan tenido mucho más éxito que yo. Yo decidí un día que quería ver si era capaz de escribir una novela. Encontré que me gustaba el proceso y por eso he seguido. Siempre me han gustado las historias, son la base de todo entretenimiento. Pero creo que disto mucho de ser un escritor de verdad todavía.

Autores preferidos y por qué: ¡Uf! Otra vez la lista es larga. Vamos por idioma. En inglés: Toni Morrison, Walter Mosely, Raymond Chandler, O Henry, Cormac McCarthy. En castellano: Benito Pérez Galdós, Camilo José Cela, Emilia Pardo Bazán, Gabriel García Marques, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Fernando Aramburu, Matilde Asensi. En portugués: Jorge Amado. La pregunta de «por qué» es más difícil de contestar ya que todos los autores son tan diferentes. Creo que la mejor respuesta es decir que los mundos que crean en sus obras son tan fascinantes que no hay quien los resista. Algún día yo quisiera escribir una sola frase digna de cualquiera de estos escritores.

Mi obra favorita de otro autor: ¡Esta pregunta es imposible de contestar! Pero lo hago de todas formas. Cien años de soledad de Gabriel García Marques. Es la combinación perfecta de lo cotidiano con lo maravilloso, todo expresado en un lenguaje delicioso. Yo pagaría por el privilegio de leer la lista de compras de García Marques.

Mi obra favorita de las que he escrito: Yo diría que esta que se acaba de publicar, Un detective accidental en Donostia porque me dio la oportunidad de desarrollar una historia imaginaria en una ciudad encantadora de verdad.

Mi estilo literario: Si fuera un escritor de verdad, mi estilo sería la novela negra diferente. Por lo menos eso es lo que he intentado hacer con Un detective accidental en Donostia, una novela negra con una voz narradora diferente e inesperada con detalles y situaciones no tan comunes. Me gustan las novelas negras porque cuentan una historia completa que a la vez deja tal vez un poco de espacio para otra aventura.

Una cita de un autor que me gusta: «…me he dado cuenta de que sigue siendo lunes, como ayer.» De Cien años de soledad. El cielo es igual, las paredes también, ¡jo, tiene que ser el mismo día! Me encanta como la frase juega con nuestro concepto del tiempo.

Obra en la que estoy trabajando ahora: Se llama Otro accidente en Asturias y es una continuación de las aventuras del protagonista de Un detective accidental en Donostia.

Mi manera de entender este mundo: Soy optimista por naturaleza. Hay muchos problemas y conflictos en el mundo y reconozco que no hay necesariamente soluciones fáciles, pero no creo que estemos del todo perdidos tampoco. Hay que trabajar y hay que tener fe.

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