Miguel Argüello

 

Aunque a día de hoy resido en la localidad de Bezana con aquella chica que mi corazón encarceló cuando descubrí en su mirada la luz de una estrella matutina, nací en el seno de una familia humilde en la ciudad de Santander, un 30 de diciembre de 1956. Barriada del extrarradio con calles sin asfaltar en las que disfruté de una niñez, como casi todos los niños de aquella época pues eran como los patios de un colegio, infinidad de aventuras a diario. Aventuras que a posteriori me servirían para localizar y argumentar la infancia del personaje de mi primera novela. El resto de mi vida ha transcurrido como la de tantos otros a los que la necesidad obligó a incorporarse a una temprana edad al mundo laboral, en mi caso empresa familiar, no siendo óbice para que esa falta de formación académica no se viera compensada con las enseñanzas que la vida nos depara para poder transitar por ella de una manera digna. Siendo así, que durante los últimos diez años de mi carrera profesional ejercité como coordinador de calidad y analista gestor de proyectos y presupuestos, en una empresa de construcción de obra civil.

Actualmente estoy retirado del mundo laboral, por lo que dispongo de tiempo suficiente para dedicarlo a una de las aficiones, junto con el golf, cuestión de sensaciones, que más me gusta y dar rienda suelta a la inventiva creando historias garabateando páginas en el Word. En las que, para desgracia o ventura, ofrezco la posibilidad a posibles lectores de formar parte de ese universo inagotable como es el de la imaginación.

La timidez conseguí, hasta cierto punto, vencerla hace años pues la vida enseña a ello, y, según dicen, soy una persona, aparte de honesta, afable, y muy cariñoso con aquellos que me rodean y quieren. Adoro a mis hijos y nietos, y soy de los que piensan, que el esfuerzo siempre tiene recompensa y que el halago debilita. A veces, también según dicen, un tanto gruñón cuando algo me exaspera, pero siempre ofrezco un resquicio a la reflexión en base a la máxima filosófica que más práctica me resulta, la solución de cualquier incidencia aplicando la lógica.

Es verdad que desde muy joven tuve una innata facilidad para inventar historias y que una vez escritas olvidaba en algún cajón, pero sería justo reconocer, que el verdadero motivo por el cual comencé mi andadura en el mundo literario, fue como consecuencia de una rebelión interior. La vida no me había ofrecido alternativas para hacer aquello que era mi deseo, y una vez la crisis me dejó en paro en 2011, tomé una decisión, siempre apoyado por mi familia, de la que aún me alegro y disfruto.

Me considero un autor bastante autodidacta, responsable de mis errores, y aunque existan otros escritores, sobremanera los clásicos, de los que continuamente estoy aprendiendo, he de admitir que no lo hago inspirándome en sus formas ni maneras, pues, según lo asume quien de ello entiende, soy dueño de una voz propia.

Aunque no existe un estilo literario con el que coincida o identifique, pues como comprendí hace tiempo, no existe mala música sino diferentes maneras de colocar las notas sobre el pentagrama, pero sí es verdad que, acostumbrado a otro tipo de literatura, Tolkien fue un auténtico descubrimiento. La obra El Hobbit y El Señor de los anillos me impactó por la cantidad de personajes y situaciones trepidantes que se describen en cada página y que, con maestría consigue hilvanar en una sinfónica partitura en continuo movimiento hasta su desenlace. Porque, si nadie lo desdice, todo escritor tiene la máxima de darse a entender, aunque sea bajo las pautas del entretenimiento. Autor de obras como El Capitán capullo, María y las luces del alba, de corte existencialista, ambas editadas bajo el sello de Septentrión Ediciones, así como una de género fantástico; Nebusia, que colgué en Amazon por considerar otra manera de publicar diferente. Frente a las cumbres de al-Sabika, épica obra de ficción histórica, e Ishtana, donde se mezcla el género policiaco con lo romántico, ambas editadas por Editorial Adarve.

Cuando se me pregunta por cuál de ellas me inclino, recuerdo un día de mi infancia camino del colegio, en el que me crucé con una señora con la que me cruzaba a diario, sentada bajo el quicio de la puerta de su vivienda llorando desconsolada, y al verla en ese estado de desolación, le pregunté el porqué de su aflicción y me contestó que había muerto atropellado uno de sus gatos. Automáticamente mi criterio infantil me llevó a tratar de consolarla recordándola que todavía le quedaban varios, eran legión, a lo que me contestó con otra pregunta; «¿Cuántos hermanos sois? —Seis, le contesté—. Pues pregúntale a tu madre si se le muriera un hijo, cómo se sentiría» No siendo óbice para que, de todas ellas, Frente a las cumbres de al-Sabika, sea la obra con la que más he disfrutado por la humanidad de sus personajes. Me siento identificado con varios de ellos pues existe cierta semejanza con mi propia manera de ser.

En este momento me encuentro inmerso en la segunda parte de la primera de ellas, El Capitán capullo, que espero vea pronta luz.

Como se puede comprobar, pauta que desde el principio de mi andadura literaria tuve intención de asumir, no me excluyo de abarcar cualquier género literario pues no me seducen los típicos clichés. Me considero un escritor, literalmente hablando, generador de sueños pues como escribió Calderón, seguramente en el soliloquio más famoso del drama español; «¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño;  que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son».

Y si la vida en sí es como un sueño por el que hay que transitar tratando, no ya de no hacer el bien sino de no generar mal, es imprescindible sentirse a gusto con uno mismo, cuando se puede, y cuando no es así, tratar de no inculcar a la fuerza los propios criterios en el semejante en este futuro tan incierto que nos espera.  Futuro que trataré de emplearlo en hacer feliz a todos aquellos que me rodean sin abandonar, en caso de poder continuar ejercitándolo, la creación de nuevas novelas y, cuales espero, si a bien deciden continuar contando con mi trabajo, sean editadas por Adarve.

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