Escritor y realizador audiovisual cubano residente en Madrid, estudia Dramaturgia en la Universidad de las Artes de Cuba. Su formación comienza con la escritura de teatro y aunque ha trabajado otros géneros como el guion o el relato corto la novela ocupa la mayor parte de su tiempo. En el 2023 publica con Editorial Adarve su primera novela: Dos Rosas, una revolución.


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Háblanos un poco de ti

Prácticamente, desde que resido en España, me he centrado en desarrollar las facetas artísticas que dejé a medias en Cuba y que gracias a las posibilidades que permite el llamado «mundo desarrollado» puedo llevar a cabo sin ningún impedimento como los que sentía en mi país natal. Aquí he logrado publicar mi primer libro -el cual hace ligeras críticas al sistema de gobierno cubano y cómo juega con una libertad que prácticamente no existe-, cosa que sería impensable hacer bajo la mirada de la censura cultural vigente en mi país. También he podido realizarme en el ámbito audiovisual explorando uno de los temas más controvertidos de nuestro tiempo como lo es la masculinidad. En el largometraje-documental «El despertar de Gulliver», a través de entrevistas grabadas, exploro las diferentes miradas de hombres con historias particulares que se cuestionan si la educación que recibimos a nivel social de lo que significa “ser hombre” es realmente sana en los diferentes ámbitos que tiene la vida. En la isla que nací, esta exploración hubiera sido más difícil documentarla, sin tener en cuenta el obtener los medios prácticos para realizar el proyecto, como pueden ser el equipo de audio y video, las luces, etcétera. La posibilidad de poder alcanzar estos sueños, los proyectos ya concluidos y los que están por venir, me sostienen. Sinceramente, considero que toda persona puede hacer de este mundo un lugar mejor, y mi manera de manifestar ese intento de mejora es a través de las historias: historias que he escuchado, historias personales, historias ajenas… cada cual aporta lo que lleva dentro; en mi caso quiero contar historias en búsqueda de una reflexión.

¿Qué podremos encontrar entre las páginas de La mala inocencia?

Ufff, es una pregunta que se me hace difícil contestar e intentaré resumir la respuesta sin hacer spoiler: vergüenza descarada —o un descaro con vergüenza, como bien se quiera apreciar—. El caso es que ambas cosas están, y se compaginan muy bien, hasta el punto de que a veces asusta. La novela esconde más de lo que se puede leer, a no ser que hayas pasado por algo parecido o hayas escuchado testimonios de gente cercana a la cual te resulta difícil despreciar, o al menos odiar. La indiferencia no es una opción, eso lo tengo claro.

La mala inocencia explora sin reservas una etapa muy delicada del desarrollo: la niñez y la adolescencia; y lo hace de una manera abrupta, sin censura de emociones o lenguaje, sin miramientos a la hora de expresar lo sentido. La crudeza se hace habitual, sin resultar común. 

¿En qué ingrediente reside la fuerza de este libro?

En una sinceridad que en algunos momentos puede ser tan molesta como aterradora. Quise escribir como si ni siquiera Dios me estuviera mirando, y es algo que casi siempre tiene como resultado un sosiego inquieto. Su oscuridad es tal que no puede pasar inadvertida, y su historia es tan auténtica, que quise contarla como quien le habla a la amistad más íntima, sin tapujos ni reservas.

¿Qué quieres transmitir a través de este libro?

Este libro es un grito, aunque no lo parezca. Una llamada de atención sobre la educación que estamos impartiendo en nuestra sociedad, y como no siempre lo que se regulariza, lo que se hace común, habitual, es necesariamente lo sano, lo bueno, lo que nos va a ser crecer y mejorar como personas. Es un grito de advertencia, más que de auxilio. Me gustaría que cada uno de nosotros y nosotras nos cuestionemos, realmente, quienes somos, sorteando la etiqueta que dice la sociedad que nos debemos colgar en la frente. Puede ser duro a veces, pero también interesante y revelador. Este libro busca quitar los diques de contención.

¿Cómo describirías tu trayectoria de escritor desde la primera publicación hasta esta última?

Va aumentando la confianza, y con ella la desnudez al expresarme. En este libro, con respecto al anterior, no solo la forma de contar la historia es diferente, sino que las técnicas narrativas son más bien exploraciones de formas literarias. Este libro es una especie de apuesta que no me importaría perder. Es poco convencional en varios sentidos. El primero, aunque también sincero, paría desde una inseguridad escritural que velaba mis pasos con miedo a perder el agrado del público. Hoy me parece más importante el mensaje que quien lo dice.

¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Por qué lo elegiste?

Creo que los libros nos eligen —por muy utópico que les pueda resultar a algunos—. El último que me caló fue «Ánima» de Wajdi Mouawad, debido a su crudeza y a su forma particular de contar la historia que narra. No es para todo el mundo, lo aclaro. Pocas veces he visto tanta violencia ilustrada a través de la letras.  

Y ahora qué, ¿algún nuevo proyecto?

Tanto a nivel literario como a nivel audiovisual tengo proyectos que en mi día a día buscan la forma de materializarse. Eso sí, les doy su propio espacio y tiempo, por lo que no hay apuro en hacerlos públicos. ¡Ya nacerán!

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