Santiago de Chile, 1989.
Licenciado en Historia y Magíster en Trabajo social por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, es esta su primera novela. Nace de su interés por la vida cotidiana en Santiago, explorando la memoria, las relaciones humanas y los barrios de la ciudad desde una mirada íntima y contemporánea.

LEER PRIMEROS CAPÍTULOS

Me presento, me llamo Diego Contreras Vergara, nacido en Santiago de Chile, tengo 36 años y vivo con mi gata Menta. Me gusta mucho el cine, la música, la cerveza, el mate y leer libros. Desde el año pasado que participo en un club de lectura, somos como 8 personas, en donde analizamos clásicos de la literatura latinoamericana y, este año, comenzamos a leer libros clásicos de la literatura universal. No obstante, debería ser un lector con mas años de experiencia en libros clásicos, sin embargo, en mis años en la facultad, solo me dedique a leer libros relacionados a mi licenciatura. Por otro lado, me fascina descubrir espacios de mi ciudad y ver la vida citadina. 

¿Qué podremos encontrar entre las páginas de Azucena?

Silencios simples y emotivos diría que es un libro que busca posicionar al lector en los detalles del día a día que es en donde se exponen los dolores, las ilusiones y los sueños de las personas. Pues, un día, te das cuenta de que los estados emocionales de la cotidianidad son los que nos permiten disfrutar y avanzar, sin embargo, Azucena aborda un tema sensible para la historia de Chile y, busca, que el lector se lleve esa enseñanza, del como una persona a quién rompieron, puede volver a en si misma a valorar estos pequeños actos cotidianos. Ahora bien, las preguntas que quedan dando vuelta son ¿Y sí nunca hubo justicia? ¿Cómo avanzamos? Podemos por ejemplo inventarnos un final o vivir en torno al olvido…

¿En qué ingrediente reside la fuerza de este libro?

En la simpleza de su lenguaje, diría, pues Azucena es el nombre más rebuscado de toda la novela. Por el resto es un lenguaje literario simple, el cual, busca que las personas lo comprendan desde esa vereda. Asimismo, el tomar actos cotidianos que realizamos los chilenos en nuestro diario vivir o, mejor diría, el latinoamericano creo que potenciar esos actos, desde el ir a comprar, andar en metro, tomar té o contemplar el silencio en el marco de un proceso emocional, pienso, que es la fuerza principal de Azucena.

¿Qué quieres transmitir a través de este libro?

Reflexión en torno a la memoria que muchas veces se olvida. Es curioso, pues como te lo indique al principio, participo en un club de lectura. Y, el año pasado, leímos el libro de Elena Garro, Recuerdos del Porvenir. Es curioso que venga a mis pensamientos este texto, pues Garro habla en su libro sobre la memoria y el olvido, sin embargo, lo retrata de forma magnífica con la muerte de un personaje, en donde, tras su partida todo el pueblo reclama su asesinato, sin embargo, tras pasar los años, ya nada ni nadie de aquel pueblo se acordaba de quién era este sujeto.

El peligro del olvido es un fantasma que ronda en la sociedad chilena. Que aparece cada cierto tiempo o siempre está presente en la vida de los chilenos. Cuando uno olvida su pasado y sus pisadas como persona o como conjunto social, caramba, nos vuelve seres indolentes. Caemos en la ignorancia y, en estricto rigor, Azucena busca que las personas en sus actos cotidianos no olviden. Creo que el libro busca transmitir esta sensación, pero al mismo tiempo, dejar al lector con sensaciones encontradas y quizás disgustos.

¿Cómo describirías tu trayectoria de escritor desde la primera publicación hasta esta última?

Intermitente pues Azucena lo escribir en libretas, servilletas, hojas sueltas y cualquier papel. Tenia 18 años, en mi ultimo curso de la educación media, comencé a escribir el libro y mi capital cultural era totalmente diferente al que tengo actualmente, era un joven deprimido, saliendo de un Liceo Industrial de hombres y en donde teníamos clases de lenguaje de forma súper resumida y no nos hacían leer. Nos preparaban para el mundo laboral y, un día, me di cuenta en los recreos tras jugar una partida de ajedrez, de que yo era capaz de escribir una historia, pues a pesar de que el colegio era industrial, teníamos una clase que me fascinaba que era la de Historia. Y, un día, el profesor Claudio Garreton nos pasó el golpe militar y nos hizo ver en la sala el fragmento de la película “La Frontera” de Ricardo Larraín, protagonizada por Patricio Contreras del año 1991. Había una parte en la película, en donde, el profesor, siempre era controlado por dos agentes policiales que lo visitaban constantemente. Ahí fue, cuando me die cuenta, de que muchas veces ciertos actos cotidianos que, a simple vista, parecen no violentos, llevan una violencia brutal.    

Sin embargo, algo que nunca dije, que al momento de enviarlo a la editorial no le había dado un final y, estas pocas líneas, las escribí el año 2025 tomándome un café en París. En una servilleta precisamente.  Pero sin irme por las ramas, creo que siempre he sido una persona que no se tiene mucha confianza en su propia literatura, aunque, tengo muchos escritos poemas e historias cortas. Pero, cada una de ellas, responde a una intermitencia emocional, la cual, el yo de mis 36 años ahora la comprende, atesora y valora. Creo que Azucena refleja el sentir de esa joven de 18 años del ya 2007, como también las memorias del joven que vivió en la ciudad de La Plata en La Argentina. Por otro lado, un proceso, pues lo pase de escribir a mano en máquina de escribir (una Olivetti del año 1975) regalo de mi abuelo paterno para luego pasarlo al computador.

Creo que mi trayectoria de escribir este libro a sido la intermitencia y enfrentarme al Diego de 18 años que comenzó con esta historia y tras varios años volver a leer esas memorias, ideas, sentires y pensamientos ha sido un viaje lleno de melancolía, sanación, dolor y esperanza, diría.   

¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Por qué lo elegiste?

Como participo en un club de lectura fue La Tregua de Benedetti, maravilloso libro, Desayuno en Tiffanys de Capote y Las Noches Blancas de Dostoievski. La temática de amores con finales tristes me fascina y, además, esta forma de complejizar los simples lo vuelve más atrapante. De todos los mencionados, diría, que el que más me gusto fue el de Capote. Creo que la forma en como escribe el autor es genial. Todos escritores, escribieron, sobre la soledad, el amor, el desamor, la melancolía y el dolor. Benedetti y Capote, comparten casi temporalidad y, Las noches blancas, una joya del siglo XIX. Hablan, en como a pesar del paso de los años, los seres humanos amamos de formas parecidas y, para un lector, que aprender a contextualizar sus escritos, se dará cuenta de que puedes odiar y amar a sus personajes, como también sacar lecciones de las historias para aplicarlas en nuestro diario vivir.

Ahora estoy leyendo uno clásico llamado Madame Bovary de Flaubert un libro descriptivo y hermoso. Creo, que todos libros, llegaron a mi encuentro en el momento exacto. Pues estábamos afinando detalles con la editorial al momento de leer estos libros, mirando, el mío. Fue como, sin darme cuenta, el joven de 18 años que escribió Azucena sin saberlo, tenía mucha influencia de Benedetti, por ejemplo. Y, sin decir, la influencia de todos los autores que señale más arriba.

Y ahora qué, ¿algún nuevo proyecto?

Sí, de hecho, estoy potenciando un proyecto que habla sobre un boxeador y una ex gloria del fútbol chileno. Creo que este es el libro que desea conectar y visualizar el vínculo de los jóvenes con los adultos mayores. Espero terminarlo algún día, pero como lo dije al principio, lo que me caracteriza como amante de las letras es la intermitencia.