Roberto Sánchez Nieto. Salamanca, 1973.
Observador innato de la psique humana y social, ha cursado estudios en la Universidad de Salamanca en las materias de Filosofía, Lógica, Antropología, Historia y Lengua Española, entre otras. Lector insaciable y ecléctico, ha tocado los más diversos palos de la creación literaria: poesía, haiku, microrrelato, relato, cuento, novela, teatro y zarzuela. Algunas de sus obras han sido representadas en escenarios tan privilegiados como la Catedral: Muñecas rotas o el Teatro Liceo de Salamanca: Shock. Actualmente escribe y adapta obras para la compañía salmantina Komo Teatro.  

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Háblanos un poco de ti

Renegado de los actuales tiempos digitales, hiper-tecnológicos, deshumanizados. Devorador insaciable de libros, por supuesto, en papel. Amante de la naturaleza salvaje y de esas escasas y diminutas civilizaciones capaces aún de convivir en armonía con el medio natural. En busca constante de ese “hombre” de Diógenes, el cínico, que tal vez, algún día, resurgirá de entre algún vertedero de chips, pantallas táctiles, circuitos y demás piltrafas de los “hombres grises” que hoy se fuman nuestro tiempo.

¿Qué podremos encontrar entre las páginas de El canto de las reinas vírgenes?

El canto de las reinas vírgenes es una novela de aventuras, basada en los diarios del capitán John Smith, además de un curioso espejo en el que mirarnos. No en vano, el marco de dicho espejo, el contexto histórico de los siglos XVI al XVII, es la época dorada del teatro inglés, el Londres de Shakespeare. Tantos siglos atrás y, sin embargo, ya existían un sinfín de paralelismos con nuestro tiempo. Ya corrían las fake news, en virtud de lo que pudo ser el internet de la época: la imprenta de Gutenberg; “habloides” tan jugosos como la Leyenda negra del entonces Imperio español corrían ya como la pólvora por los salones palaciegos, y hasta en las calles, de toda Europa. Pero es que, y por increíble que parezca, también circulaban, ante el pasmo de los viandantes, los autómatas. Sí, autómatas evidentemente más precarios que los actuales, pero que ya generaban similar expectación y recelo. Por no hablar de los afanes colonialistas que, aún hoy, y desafortunadamente, siguen enfrentando pueblos, culturas y religiones. Y hasta las gallinas, hoy también objeto de controversias legislativas, supusieron en su día un buen cisma entre colonos e indígenas. En palabras de los filósofos de la Grecia clásica: “Nada nuevo bajo el sol”.

Bajo un formato ameno y de acción trepidante, el lector podrá empaparse de una época, como digo, no tan alejada como cabría anticipar de la actual, y de la que indudablemente podrá extraer, a la sombra de la plataforma de ocio de la época: el teatro, un poso, grato y reconfortante, de sabrosas reflexiones.   

¿En qué ingrediente reside la fuerza de este libro?

Indudablemente: el humor. La novela se desarrolla en primera persona, como crónica de los protagonistas, y más en particular, del pícaro Philip Johnson. Desde la verdad desnuda del que no tiene nada que perder, con sus miserias y pequeñas victorias personales e insignificantes, el lector se puede identificar desde el primer instante con un cualquiera más, con un protagonista de los hechos históricos tan de carne y hueso que el barniz del mito histórico le caería ridículo. Desde el sarcasmo y la anécdota, la novela nos traslada de un modo ágil, nítido y, en ocasiones, muy sensorial, a presenciar desde la naturalidad de lo cotidiano unos hechos históricos libres de adulterantes interesados.

¿Qué quieres transmitir a través de este libro?

En un primer momento, me vi tentado de resumir la novela como un homenaje a la idiotez humana, pero no lo voy a hacer. Cito textualmente de la obra: “Cuando la música cesa, la inocencia perece”. El bueno de Nietzsche decía: “La vida sin música sería un error”; cierto es que cualquier bebé, desde el momento en que comienza a sostenerse sobre sus dos piernecitas, reacciona ante la música, entiende ese lenguaje universal, y baila, sin necesidad de un aprendizaje previo.

La música es un lenguaje muy extendido en el medio natural, los insectos, los pájaros, las ballenas cantan… Y en ese mensaje extendido también por las diversas culturas humanas, la mentira no tiene cabida. Cosa muy distinta sucede con la palabra, a menudo un eficaz recipiente para la mentira.

La novela tan solo presenta, a través de la trama y los personajes históricos, al humano, ese “animal social”, que decía Aristóteles, capaz de desarrollar un lenguaje hablado tan sofisticado y algo más sofisticado aún, y que no existía en las tierras vírgenes, la letra, la escritura, y que conmocionó a aquellos pueblos, y, sin embargo, esa misma sofisticación supondría, tal vez, el germen de su fracaso social.

Frente a tantas otras especies animales también sociales, los humanos en tanto que individuos conscientes de su individualidad, parecen manifestar una más que evidente discapacidad para lograr que sus sociedades evolucionen a través de los siglos con eficiencia. Para Nietzsche el “sobre-hombre” sería, a fuerza de evolución histórica, aquel capaz de superar el lenguaje hablado para solo cantar, aquel capaz de transfigurar su tosco caminar en una suerte de danza constante. O, quién sabe, tal vez, esa no sería tanto una cuestión de evolución como de regresión a otra época previa al lenguaje lógico y el raciocinio en la que la cohesión social estuvo por muy encima del ego y la individualidad.

¿Cuál sería tu personaje favorito en la novela?

Sin lugar a dudas: Pocahontas. Un personaje injustamente tergiversado por la ficción en nuestra cultura y que sin duda sorprende por su libertad y fortaleza, no hay más que leer entre líneas el diario del capitán Smith para descubrir que en aquellos tiempos de represión religiosa feroz, no había mujer en territorio europeo, ni siquiera la llamada “reina virgen”, Isabel I, que pudiese disfrutar de las libertades de las que disponía a voluntad la princesa Matoaka, más conocida por el mote de “Pocahontas” (pícara, traviesa, en su lengua). Un personaje histórico que, desde la benevolencia de su juventud, favoreció en la medida de sus posibilidades a los recién llegados a las tierras vírgenes, a pesar de los métodos del capitán Smith, a menudo tan brutales y despiadados como los que hoy podemos observar en algunos de los dirigentes de la política internacional.

¿Cómo describirías tu trayectoria de escritor desde la primera publicación hasta esta última?

Eso es algo de lo que no puedo hablar, puesto que, de momento, me siento tan virgen en ese sentido como mis “reinas vírgenes”, dado que es mi primera publicación comercial.

¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Por qué lo elegiste?

El castillo de Kafka. Kafka es siempre recomendable y, en vista de los tiempos que vivimos, sus tramas “pesadillescas”, diría que van cobrando más y más realismo del que nadie llegó a imaginar.

Y ahora qué, ¿algún nuevo proyecto?

En estos momentos, estoy colaborando en una colección de relatos, así como en la adaptación teatral de una obra de Aristófanes y pendiente de la conclusión y estreno de una zarzuela en la que he contribuido como autor del libreto.

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