Médico de profesión, siempre ha ejercido en su ciudad natal, en la que obtuvo el título de médico especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo. Becado por el FISS, combinó su trabajo hospitalario con el de la investigación y obtuvo el título de doctor cum laude en Medicina y Cirugía por la U. Autónoma de Barcelona. Ha publicado un número importante de artículos de carácter científico médico para revistas médico quirúrgicas de ámbito nacional e internacional. Asimismo, ha escrito varios capítulos para un libro de Técnica Quirúrgica. También ha publicado los cuentos titulados Gomita y Estela albicans y tres obras: La odisea de AdelaLa decisión de Fernando y El fuego del credo. De esta manera se une a la legión de profesionales de la medicina con una paralela vocación literaria.

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Háblanos un poco de ti

Nací en Barcelona en 1954, ciudad en la que he desarrollado tanto mi vida personal como profesional. Soy médico especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, una vocación que me ha acompañado durante décadas y que he ejercido siempre en mi ciudad natal. Mi actividad asistencial la he compaginado con la investigación, gracias a una beca del FISS, lo que me permitió doctorarme en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Barcelona con la calificación de cum laude.

A lo largo de mi trayectoria médica he publicado numerosos artículos científicos en revistas médico-quirúrgicas de ámbito nacional e internacional, además de colaborar con capítulos en libros de técnica quirúrgica. Sin embargo, paralelamente a mi profesión he convivido siempre con otra de mis grandes pasiones: la literatura.

Esa inclinación por la escritura me ha llevado a publicar los cuentos Gomita y Estela albicans, así como varias novelas: La odisea de AdelaLa decisión de FernandoEl fuego del credo y, más recientemente, Aulus y el oráculo de Claudio. Considero que pertenezco a esa estirpe de médicos que encuentran en la literatura una segunda forma de explorar la condición humana, esta vez no desde el bisturí, sino desde la palabra.

¿Qué podremos encontrar entre las páginas de Aulus y el oráculo de Claudio?

La novela es una obra de aventuras, pero también una recreación histórica minuciosa. A través de los ojos de Aulus nos adentramos en la corte del emperador Tiberio Claudio César Augusto Germánico, donde el protagonista desempeña el cargo de praegustator —catador oficial— y sirviente cercano al emperador. Esta proximidad permite mostrar una imagen más humana y política de Claudio, muy distinta de la caricatura de debilidad que muchos miembros de la corte difundían sobre él.

Historia, aventura, romance e intriga se entrelazan en una narración que pretende transportar al lector al corazón del Imperio romano y, al mismo tiempo, reflexionar sobre el poder, la identidad y el anhelo universal de ser verdaderamente libres.

¿En qué ingrediente reside la fuerza de este libro?

Creo que la fuerza de Aulus y el oráculo de Claudio reside, principalmente, en la conjunción equilibrada de tres ingredientes: el rigor histórico, la intensidad humana de los personajes y el pulso narrativo de la aventura.

Por un lado, hay un importante trabajo de documentación que permite recrear con verosimilitud la Roma imperial, la corte de Claudio, sus usos, sus intrigas y su compleja estructura de poder. Me interesaba especialmente desmontar ciertos tópicos históricos y ofrecer una visión más justa y profunda del emperador, mostrando su inteligencia política y su capacidad de gobierno.

Pero la novela no se sostiene solo en la historia, sino en las emociones. La vida de Aulus está marcada por la adversidad, la lucha por la supervivencia y el deseo de libertad. Su relación amorosa con Altea y la lealtad inquebrantable de Lucio aportan una dimensión íntima que conecta al lector con los conflictos universales del ser humano: el amor, la amistad, el miedo, la esperanza.

Y, finalmente, está el ingrediente de la aventura: una trama dinámica, llena de peligros, conspiraciones y giros, que mantiene la tensión narrativa y empuja al lector a avanzar.

Si tuviera que resumirlo en una sola idea, diría que la fuerza del libro nace de unir la gran Historia con las pequeñas —pero intensísimas— historias personales que laten en su interior.

¿Qué quieres transmitir a través de este libro?

A través de Aulus y el oráculo de Claudio he querido transmitir, ante todo, una reflexión sobre la libertad y el destino del ser humano.

Aulus es un hombre marcado desde su origen por la adversidad: nace sin privilegios, conoce la esclavitud, la violencia y la humillación. Sin embargo, a lo largo de su vida demuestra que incluso en los entornos más hostiles el ser humano conserva la capacidad de decidir quién quiere ser. Esa lucha interior por no resignarse, por mantener la dignidad y por aspirar a algo más que sobrevivir, es uno de los ejes emocionales de la novela.

También he querido invitar al lector a mirar la Historia con otros ojos. A menudo aceptamos visiones simplificadas de los grandes personajes históricos. En el caso de Claudio, me interesaba reivindicar su figura: mostrar que tras la imagen de debilidad que difundieron sus detractores existía un gobernante lúcido, eficaz y profundamente humano.

Por otra parte, la novela habla del valor de los afectos: del amor como refugio y motor —representado en Altea— y de la amistad leal, encarnada en Lucio, como sostén en los momentos más oscuros.

En definitiva, me gustaría que el lector, además de disfrutar de la aventura y del viaje histórico, cerrara el libro con una sensación clara: que la libertad, la lealtad y la dignidad personal son conquistas que merecen cualquier riesgo.

¿Cómo describirías tu trayectoria de escritor desde la primera publicación hasta esta última?

Describiría mi trayectoria literaria como un camino de evolución constante, pero también de fidelidad a una vocación que siempre estuvo latente junto a mi profesión médica.

Mis primeras publicaciones nacieron desde un impulso más íntimo y experimental, como ocurrió con los cuentos GomitaEstela albicans. En ellos exploré emociones, atmósferas y personajes desde una mirada quizá más cercana, más introspectiva. Fueron, en cierto modo, mi laboratorio literario.

Posteriormente di el salto a la novela con La odisea de Adela y La decisión de Fernando, obras en las que fui ampliando estructura, ambición narrativa y complejidad psicológica de los personajes. Con ellas consolidé mi confianza en el formato largo y en mi capacidad para sostener tramas más densas.

El punto de inflexión llegó con El fuego del credo, donde me adentré de lleno en la novela histórica. Ahí descubrí un territorio literario en el que me siento especialmente cómodo: la posibilidad de entrelazar el rigor documental con la ficción, y de iluminar el presente a través del pasado.

Aulus y el oráculo de Claudio representa, hasta el momento, la culminación de ese proceso. En esta obra confluyen la experiencia narrativa adquirida, el gusto por la recreación histórica y una mayor profundidad en la construcción de personajes y conflictos. Siento que es una novela más madura, más ambiciosa en su arquitectura y también más reflexiva en su trasfondo humano.

En definitiva, mi trayectoria ha sido un tránsito natural desde la exploración inicial hasta una voz más definida, siempre guiada por el deseo de contar historias que emocionen, hagan pensar y permanezcan en la memoria del lector.

¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Por qué lo elegiste?

El último libro que leí fue El círculo de los días, de Ken Follett.

Lo elegí, en primer lugar, por mi admiración hacia Follett como maestro de la novela histórica. Siempre me ha interesado su capacidad para combinar el rigor documental con tramas de gran intensidad dramática y personajes muy bien construidos. Tiene la virtud de hacer accesibles periodos históricos complejos sin perder profundidad ni ritmo narrativo.

Además, cuando uno está inmerso en la escritura de una novela histórica —como ha sido mi caso con Aulus y el oráculo de Claudio— resulta casi inevitable sentirse atraído por autores que dominan el género. La lectura de Follett no solo me proporciona disfrute como lector, sino también aprendizaje como escritor: observar cómo articula las subtramas, cómo maneja la tensión o cómo integra la vida cotidiana dentro de los grandes acontecimientos históricos.

El círculo de los días me interesó especialmente por esa mirada amplia sobre el devenir del tiempo y de las generaciones, algo que, salvando las distancias, también intento reflejar en mis propias obras: cómo los individuos, con sus decisiones y pasiones, transitan dentro del gran escenario de la Historia.

Y ahora qué, ¿algún nuevo proyecto?

Sí, afortunadamente no sé estar mucho tiempo alejado de la escritura. En estos momentos estoy terminando una nueva novela histórica centrada en el cautiverio de Juana I de Castilla en Tordesillas, ya en pleno siglo XVI.

Se trata de un periodo especialmente sugerente desde el punto de vista narrativo y humano. Más allá de la etiqueta histórica de “Juana la Loca”, me interesa explorar a la mujer real: su soledad, su aislamiento político, las tensiones de poder que la rodearon y la utilización de su figura como pieza estratégica dentro del tablero dinástico de la monarquía hispánica.

La novela profundiza en la vida cotidiana de su reclusión, en sus recuerdos, en sus miedos y también en sus momentos de lucidez. Intento ofrecer una mirada más humana e íntima, alejada del estereotipo, del mismo modo que hice con la figura del emperador Claudio en mi obra anterior.

Podría decirse que continúo fiel a la novela histórica como territorio literario, porque me permite rescatar personajes del pasado y devolverles voz, emoción y complejidad. Espero poder concluir este nuevo proyecto muy pronto y compartirlo con los lectores que disfrutan viajando a la Historia a través de la ficción.

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