Bucaramanga, 1988. Reconocido escritor colombiano, ha colaborado en publicaciones como Letralia, Culturamas, El Espectador, Journal of Artistic Creation and Literary Research, Revista Colofón, Revista Encuentros, Revista Caminante, Revista Contrapunto, Revista Montaje y Crisopeya: Revista de Arte y Literatura. Entre sus obras publicadas: Formas de morir y otros textos (Colección Temas y Autores Regionales UIS, 2013) o Capítulo Tres (Ediciones Oblicuas, 2017). Además, es coautor de El reinado de Harley y otros relatos (Caza de libros, 2015).
Soy habitante de una casa de campo en Granada, una zona de Piedecuesta donde sobresalen los guayacanes y los caracolies, y donde posiblemente se cuente con algunos de los frutos de limón más jugosos de todo Santander.
El contacto diario con la vegetación y con toda clase de aves silvestres que nos visitan crea sin duda una atmósfera ideal para perderse entre novelas y poemarios y desde luego, también entre los sonidos de los instrumentos de cuerda y viento.
Sobre mi edad, debo decir que mientras escribo estas palabras, estoy en mi cumpleaños número 38, y quizás esa cercanía a una nueva década me ha dicho que es hora de sostener en las manos instrumentos de gran tradición en mi país, como lo son el Tiple, la Bandola Andina o el Tiple Requinto. No estaría mal dedicarles varias horas a esos instrumentos y con ellos dilucidar qué historias se pueden contar sobre estas tierras.
Respecto a mi estado civil, supongo que hago parte de una familia multiespecie, como tantos habitantes de este siglo. De hecho, los periodos en que no he contado con la compañía de los animales, han sido sumamente breves. Desde que tengo memoria he estado acompañado de maullidos y ladridos en casa. Supongo que los animales han sido fuente de inspiración artística en todos los lugares de este planeta, y que no se escribe un libro como Tombuctú sin amar a un perro durante varios años.
Además de leer novelas, poemarios y libros de filosofía e intentar escribir de cuando en cuando, diría que mi afición a tocar instrumentos de cuerda y viento es algo que sencillamente no puedo dejar de lado en mis rutinas. Incluso un pequeño tambor llamador, uno de los instrumentos insignes del Caribe colombiano, hace parte de esa afición, de esa familia musical. También podría hablar de la natación como una de mis aficiones. No sé en qué parte leí que el escritor japonés Haruki Murakami nada 1500 metros y escribe diez páginas todos los días. Debo manifestar que no cuento con tal tenacidad ni en la escritura ni en la natación, pero que sí considero el acto de nadar y escribir como dos asuntos complementarios.
Otra de mis aficiones, quizás la más sedentaria pero que a su vez acelera más las pulsaciones, es ver la Premier. De hecho, uno de mis deseos en este cumpleaños es que el Arsenal finalmente gane la liga inglesa, luego de más de veinte años de espera. No quedan muchos partidos por disputar, se cuenta con cierta ventaja sobre el City… Aquí me corto y mejor guardo silencio. Lo que ha pasado en los últimos tres años, nos dice a los fanáticos del Arsenal que lo mejor es guardar discreción y esperar qué ocurre en el tramo final de temporada.
El rasgo más sobresaliente de mi personalidad podría ser la curiosidad por las palabras y los sonidos. Pienso que es un rasgo muy difícil de deshacer en muchas personas, esa curiosidad por la invención de lo humano a través de los libros y ese deseo por escuchar distintas versiones del mundo a través de una combinación de acordes o quizás de un tañido que invade una habitación y posiblemente toda una casa.
Puede que el ver a mis padres sumidos entre libros y periódicos haya sido decisivo y también las historias de Salvat que escuchábamos en casetes con mis hermanos, justo antes de irnos a dormir. El rostro de goce en mi padre al leer los libros de Saramago, Sábato o El río del tiempo de Vallejo, es algo que no se puede borrar de la memoria, como tampoco su amor hacia los magazines dominicales de El Espectador, una colección que ahora conservo en mi habitación.
Sin duda, el crecer rodeado de libros fue de inmensa importancia para intentar escribir, y luego también la fortuna de haber conocido a tantos grandes pensadores, maestros y artistas. Hablo desde luego de personas como Mario Palencia, Álvaro Serrano, Jordi Sardà, Neus Rotger, Gonzalo Pontón, Eduard Vilella, Natalia Londoño, Marina Glimtmoon, Montse Marsal, Eveling Garzón, Jaime Acevedo, Álvaro Mejía, Erwin Ortiz, y tantas otras personas. En esto de la escritura me sigo sintiendo como un principiante, a pesar de que hayan transcurrido casi dos décadas desde que publiqué mi primer texto en la revista Letralia.
En cuanto a mis autores favoritos, la lista es bastante larga, pero pienso que puedo ser breve y mencionar diez escritores: Ernest Hemingway, Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Louise Glück, Julio Cortázar, Virginia Woolf, Elías Canetti, Albert Camus, Tomás González, y desde luego, Paul Auster. Cada uno de ellos es un ejemplo de eso que llaman grandeza literaria. No sé en qué manera pueda reflejarse mis lecturas de estos autores en las cosas que escribo, pero sí puedo manifestar mi fascinación con González por la vegetación colombiana, y mí cercanía con Hemingway en su amor por España. Si Hemingway no hubiese viajado constantemente a suelo español, la humanidad no contaría con obras tan notables como Fiesta, Por quién doblan las campanas o Muerte en la tarde. Pienso que no es tan desatinado el pensar en Hemingway como el más español de todos los escritores extranjeros.
«Sólo puedo respirar en las regiones inferiores.» Esta frase de Robert Walser podría ser el lema de los escritores.
Para mi obra favorita, podría mencionar El nenúfar y la araña de Claire Legendre. Es un libro breve, creo que de menos de 150 páginas, pero es un auténtico huracán narrativo. Pienso que toda persona que esté iniciando sus treintas y se halle profundamente inconforme con el orden del mundo, debería asomarse a las páginas de ese libro. Fue una suerte conocer a la autora de ese libro hace varios ya, allá en La Central de Callao, en pleno corazón de Madrid.
De mis propios libros, puedo quedarme con Conversación en Perish Garden. De algún modo, es mi primer libro. Hay varios escritores que han publicado algunos libros en su juventud y sin embargo, dicen que su primer libro es el tercero o el cuarto que han sacado a la luz pública. Supongo que con esto que digo entro a hacer parte de esa tribu.
Mi estilo literario se nutre principalmente de la lectura de poesía, novela y filosofía. Mi nombre suele vincularse a la narrativa breve y posiblemente esto se deba a un consejo que en algún momento me dio un profesor catalán: «Escribe tan breve como puedas. Hazlo tan breve que ni siquiera se den cuenta que escribes».
Actualmente tengo suspendida la escritura de una novela sobre el mar Caribe. Iba bastante bien, hasta que una cuestión de salud cortó el flujo narrativo. Espero retomarla pronto, pues estimo que todavía se puede sacar a flote, y por qué no, soñar con publicarla algún día.
Entre mis proyectos inmediatos está el terminar de leer el último libro de Hemingway que me quedaba por leer, soplar las velas del cumpleaños, continuar con la siembra de prado en la parcela.
Para mí, el mundo es eso que se reinventa constantemente, un lenguaje que se marchita y halla otras maneras de narrar, de germinar, de reverdecer y de crear ecos con la naturaleza.
