Cerrito Chalchuapa, El Salvador, 2001.
Cursa sus estudios en la capital de Santa Ana, donde termina el bachillerato y comienza los estudios universitarios en Literatura en la Universidad de El Salvador, que finalmente no concluye. Descubre la pasión literaria a los once años con Allan Poe y sus primeros intentos literarios lo son escribiendo poesía. La obra que aquí se presenta es su primera incursión en lo narrativo, quedando la poesía relegada a un segundo plano en la actualidad.

Actualmente vivo en el departamento de Santa Ana, en El Salvador, tengo 24 años y por ahora sigo soltero.

Nací en un municipio del departamento de Santa Ana que se llama Chalchuapa, pero de alguna manera no viví allí, solo sirvió para mi nacimiento; la verdad he vivido en un distrito de Santa Ana que se llama Candelaria de la frontera, se llama así porque es fronterizo con Guatemala. He trabajado en el campo, pero ahora me he estado dedicando solo a estudiar la carrera de letras.

Realmente tengo pocas aficiones más allá pasar tiempo con mi hermano y mi amigo, y tomarnos unas copas con este último de vez en cuando.

Cuando me preguntan por mi personalidad, generalmente pienso en dos rasgos: la timidez, pero con el deseo de conocer a gente que quiera tomarse unas copas conmigo.

Algunos escritores dicen que decidieron escribir porque querían expresar una preocupación interna, yo, la verdad, decidí volverme escritor porque descubrí que solo así puedo sentirme más o menos libre.

Los autores que considero de cabecera, para mí, son: Edgar Allan Poe (fue el que me hizo entender que quería ser escritor), William Faulkner (es quien me enseñó sobre técnica y estructura narrativa) y Clarice Lispector (ella es fundamental para entender el estilo narrativo).

«[…] hay que imaginarse a Sísifo feliz», Albert Camus.

Hay una obra que incluso no puedo dejar de pensar: Indigno de ser humano de Osamu Dazai, y no porque yo sea pesimista, sino porque es capaz de expresar el cansancio, el absurdo y lo que podemos decir como “ganas de vivir” desde un hombre roto, es un libro que duele y nos hace pensar: ¿de verdad somos dignos de ser humanos?

Por el momento solo he escrito una obra: Testimonios de un miserable. Así que, por ahora, esa es mi favorita.

Mi estilo lo encuentro en ficción. Y lo escribo porque ese estilo me hace sentirme, junto con el acto de escribir, más o menos libre.

Tengo varios proyectos, no solo la novela que estoy escribiendo, también más libros, me gusta pensar en futuros libros, uno de cuentos y otras dos novelas. Cuando llegue a ellos, mientras los escriba, pensaré en otros futuros, y no tanto porque crea demasiado en el futuro, podría morir cualquier día y esos libros no se escribirán nunca; trato de pensar en libros futuros para no sentir que pierdo esa libertad que tanto busco. En los personales, lo primero es acabar la carrera y después trabajar para poder escribir y leer con toda la calma y todo el tiempo del mundo.

Para mí, el mundo es algo extraño, casi ajeno, no porque no me sienta parte de él; lo siento ajeno porque no creo que haya una persona que se ajuste a él, que encaje o que, románticamente hablando, haya sido hecha para él (esto último menos); el mundo solo es un escenario vacío, donde nadie nos observa, nadie se ríe con las comedias que a veces protagonizamos, ni nadie llora con las tragedias que nos suceden, ni se identifican con nosotros. 

Pareciera que hablo del absurdismo o del existencialismo, solo que yo no creo que todo sea una casualidad que nos impulsa, ni que seamos nosotros dentro de una realidad, como dije, el mundo es ajeno porque solo es un escenario, y nosotros desarrollamos esa obra tragi-cómica a la que llamamos vida por una sencilla razón: porque podemos hacerlo, a pesar de que nadie nos mira.

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