Veterinaria de profesión, ha vivido en diversas regiones del norte de España, Italia y Francia, donde reside actualmente dedicándose al diagnóstico por imagen en el centro veterinario de referencia de Biarritz. Amante de la diversidad cultural y de las nuevas experiencias, ha llevado una vida errante durante los últimos años que le ha permitido conocer diferentes costumbres, tradiciones y modos de vida. Debuta como escritora con esta novela influenciada por estas experiencias e inspirada en la Cantabria rural.

Tengo treinta y un años (recién cumplidos) y vivo en Biarritz, en la costa suroeste de Francia para quien no se sitúe, muy cerca de la frontera con España. Vivo con mi pareja y mis dos gatos.

Nací en Canarias, concretamente en Tenerife y allí viví toda mi infancia y parte de mi adolescencia. En concreto en Tegueste, el pueblo con la mejor romería del mundo y del que seguramente habrán oído hablar por los talentos que han salido de ese valle. Tan bonito y acogedor que empecé a echarlo de menos desde el primer día que lo dejé atrás para ir a la universidad y al que intento volver al menos doce veces al años porque sin él no puedo vivir.

Estudié Veterinaria en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la tierra natal de mis padres. No por vocación, sino porque se me ocurrió. La vocación vino después, y tanto que vino. 

Cuando terminé la carrera ya me había enamorado de mi actual pareja, y dejé las islas atrás para seguirle a él hasta Cantabria, donde el trabajo me llevó a enamorarme también de esta tierra y a vivir tantas experiencias que acabé escribiendo un libro. ¿Quién me lo iba a decir? Lo empecé a escribir durante el confinamiento, cuando no estaba haciendo deporte online, persiguiendo el sol desde el balcón, de fiesta a través de videollamadas o aplaudiendo. La novela la terminé en Francia, a donde nos mudamos Manuel y yo –si sigo nombrándolo mejor hacerlo por su nombre– en 2021. Vinimos para probar y aquí seguimos, donde me dedico al diagnóstico por imagen veterinario en un hospital de pequeños animales como actividad principal. También escribo. Y al parecer, a veces no se me da del todo mal.

En concreto, la afición que me ha acompañado siempre a lo largo de mi vida es la afición por el deporte. He practicado muchos, mejor o peor, pero al que me dediqué de manera más seria y regular fue al baloncesto. Ahora me gusta mucho correr, estoy aprendiendo a surfear y quizás no tanto por afición sino por salud, también voy regularmente al gimnasio. Me considero una persona muy cinéfila, siempre tengo une serie o película por terminar. Por supuesto también soy lectora, sobre todo en verano. También soy amante de la buena comida, disfruto mucho experimentando sabores y texturas diferentes.

Diría que un rasgo que me caracteriza bastante es la positividad. Soy una persona alegre que siempre busca centrarse en lo positivo. Aquellos que me conocen suelen destacar eso de mí. Quizás hay otros rasgos que también merecerían ser mencionados, pues seguramente me caractericen de igual manera, pero para mí la positividad es algo de lo que estoy orgullosa porque me hace feliz.

Realmente nunca decidí ser escritora, pero siempre me ha gustado escribir. De pequeña solía redactar historias cortas o simplemente imaginarlas para entretenerme. El primer contacto “serio” que tuve con la escritura fue durante mis años de instituto. En concreto por un profesor de lengua que daba mucha importancia al desarrollo de la creatividad y nos marcaba a menudo ejercicios para fomentar la escritura. Nunca he tomado clases de escribir más allá de lo que les cuento, pero la lectura siempre ha formado parte de mi vida. Quizás no desde tan pequeña, comencé a aficionarme a ella más tarde; pero creo que la lectura fue lo que fomentó en mí esas ganas de escribir relatos y me enseñó a estructurar mis propias historias. Al fin y al cabo, todos aprendemos imitando.

Hay bastantes autores que me gustan, seguro que se me olvida mencionar a varios, pero ahora mismo me vienen a la cabeza Julia Navarro, Paloma Sánchez-Garnica, Isabel Allende o Santiago Posteguillo. Estos autores me gustan por su manera de escribir, por las historias que relatan y por los contextos históricos en los que se desarrollan sus novelas. Pero creo que algo que tiene este grupo en común es su manera de enganchar. No solo a la historia, que también, sino a los personajes. Como logran que quieras saberlo todo de ellos y la tristeza que se siente cuando les va mal, cuando alguno de ellos fallece y, sobre todo, al leer las últimas páginas del libro y encontrarte con que, una vez más, ya no formarán parte de tu día a día.

No tengo obra favorita, pero sí tengo varias preferidas. Hoy creo que voy a elegir Dime quien soy, de Julia Navarro. La leí hace años, no recuerdo la historia al dedillo, pero me resultó muy emocionante y llena de contenido histórico del siglo pasado de lo más interesante. Es una novela completamente adictiva.

Las nánaras de Quievas es mi única novela, de momento.

Creo que es difícil trazar la línea de mi estilo literario con una sola obra. Las nánaras de Quievas es una novela de fantasía contemporánea que combina drama familiar y misterio. Me siento bastante cómoda escribiendo en este registro, pero no sé si siempre escribiré de la misma manera.

No estoy escribiendo nada concreto ahora mismo por falta de tiempo, pero sí tengo en mente varias ideas que me gustaría empezar a desarrollar pronto. Entre ellas, probablemente una continuación de mi primera obra.

portada Las nánaras de Quievas. Adriana Navarro.

«Hay que vivir como se piensa; de lo contrario, tarde o temprano acabarás pensando como has vivido.», Paul Bourget

Mi proyecto más importante ahora mismo es seguir formándome en el ámbito profesional para poder evolucionar a nivel laboral. En el ámbito literario, mi gran ilusión es seguir publicando obras y que los lectores las disfruten al menos la mitad de lo que disfruto yo escribiéndolas.

El mundo… El mundo es el lugar donde se me ha dado esta vida que comparto con mis seres queridos. En el que también vive el resto de personas y otros seres vivos. Unos mejor y otros peor, pero todos con el mismo derecho que yo sobre él. No creo que lleguemos aquí con un propósito concreto, aunque muchos acaben encontrando uno que les llena y se convierte en su motor para seguir. Tampoco creo en el destino, ni que todo lo que nos pasa está previamente escrito, creo que somos dueños de nuestras decisiones y nuestros actos, y que la vida está llena de posibilidades. Si hay un cielo y un infierno en otro lugar yo no lo sé, pero en este mundo hay de los dos. Y todos viviremos, en mayor o menor medida, un poco de cada uno. Así que yo entiendo este mundo como la única certeza que tenemos de existir, e intento aprovecharlo lo mejor que puedo, que luego no se sabe.

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