José Carlos Guerra Cabrera. Güímar, Tenerife, 1947.
Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona, en Filología Inglesa por la Universidad de la Laguna y doctor en Historia del Arte por esta universidad. Catedrático de Inglés de Bachillerato ya jubilado, fue Viceconsejero de Educación del Gobierno de Canarias en la década de 1980-90. Publicó entonces Canarias hacia la Reforma. Más adelante ha publicado Un mercader inglés en Tenerife en el siglo XVII. Biografía de Marmaduke Rawdon (1994 y 2006), Óscar Domínguez. Obra, contexto y tragedia (2020 y 2026), y Güimar en el fútbol de Tenerife, 1943-1955 (2023). Es Chevalier dans l’ordre des palmes académiques, distinción concedida por el Gobierno de Francia en 1986.En 2008 el Gobierno de España le otorgó la Cruz de Alfonso X el Sabio.

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Háblanos un poco de ti

Soy un apasionado del arte y de la historia. Mi tesis doctoral fue una aproximación social al fenómeno de los encargos artísticos de las cofradías venecianas de 1490 a 1525. La tesis me obligó a estudiar la religiosidad a principios del XVI, de lo cual me he servido para Cristóbal de Ponte. El interés por la historia me ha llevado a profundizar en cómo fue el proceso de castellanización de Tenerife, la isla donde he nacido, cuando fue conquistada en 1496.

Qué hay de ficción y qué hay de historia en Cristóbal de Ponte? 

He pasado muchos años estudiando lo que ocurrió en Tenerife en los treinta y cinco años que siguieron a su conquista por el reino de Castilla. Casi todos los personajes de la novela son históricos, desde luego los dos principales, Cristóbal de Ponte y Alonso Fernández de Lugo. El primero fue un genovés asentado en Sevilla, agente comercial del también genovés Francisco de Riberol, personaje principal de la colonia genovesa en la ciudad hispalense, financiador de unos de los viajes de Cristóbal Colón. El segundo, el conquistador de la isla y su gobernador hasta que falleció en 1525. Lo que en la novela se cuenta de ellos es también histórico. Cristóbal de Ponte no es ficción ambientada históricamente sino historia que aspira a ser obra literaria narrativa. 

¿Qué podremos encontrar entre las páginas de Cristóbal de Ponte?

Por una parte, dos historias de ambición y poder, la de Cristóbal de Ponte y la de Alonso Fernández de Lugo. Por otra, la conversión en tres décadas de una sociedad pastoril fuertemente jerarquizada, con escaso uso de la agricultura, desconocimiento de los metales, estancada en el Neolítico, en una sociedad mixta, europea e indígena, propia de principios del XVI, con una economía basada en la producción y exportación del azúcar, entonces «el oro blanco», con las tensiones que generó este proceso, los mecanismos que empleó la Corona para controlarlo y el papel importante que tuvo la religión. También se puede encontrar en Cristóbal de Ponte el eco que tuvieron en esa sociedad recién nacida episodios históricos ocurridos fuera de ella de trascendencia universal, como el ensanchamiento del mundo con los descubrimientos o la revuelta de las Comunidades en Castilla oel saqueo de Roma por las tropas imperiales de Carlos V.    

¿En qué ingrediente reside la fuerza de este libro?

Sin duda en los que muestran el proceso de aculturación de «los guanches», los indígenas que habitaban en la isla antes de ser conquistada por Castilla, tanto cómo lo vivieron ellos cómo la manera en que lo vivieron los nuevos pobladores de Tenerife. En uno y otro caso la vivencia no fue unívoca y la novela lo muestra.

¿Qué quieres transmitir a través de este libro?

Ejemplificada en Tenerife, la singularidad de la entrada en la historia de las Islas Canarias como una sociedad renacentista cristiana integrada por castellanos, portugueses, genoveses, judíos conversos e indígenas.

¿Cómo describirías tu trayectoria de escritor desde la primera publicación hasta esta última?

Cristóbal de Ponte ha sido mi primera incursión literaria y no es ajena a ese interés por la historia y el arte que ha marcado mi vida interior. Digo interior porque en mi trayectoria pública he sido un catedrático de Inglés de Bachillerato, director de Institutos de Bachillerato y, durante un cuatrienio, político en el sector educativo en el Gobierno de Canarias. No sé si a esta primera incursión literaria seguirá otra. Ronda por mi cabeza la idea de una segunda sobre cómo contemplarían unos alienígenas educados en valores similares a los de la Revolución Francesa el estado actual de la humanidad, pero en una idea que está todavía en un estado muy incipiente. Antes de Cristóbal de Ponte había publicado investigaciones históricas o artísticas, la más notable, en 2020, una monografía sobre el pintor surrealista Óscar Domínguez, titulada Óscar Domínguez. Obra, contexto y tragedia, que ha sido reeditada este año en una versión corregida y ampliada.  

¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Por qué lo elegiste?

Cuatro años en París, de Victoria Kent. Desde hace varios meses me intereso por la vida en París durante los cuatro años de la ocupación alemana de junio de 1940 a agosto de 1944. Me conmovió la frase «¡De cuántas cosas me siento compensada» que se dijo a sí misma Victoria Kent cuando se enteró por la radio la noche del 24 de agosto de 1944 que la avanzadilla aliada que había penetrado en París y había tomado el Ayuntamiento estaba integrada por soldados españoles, excombatientes republicanos durante la Guerra Civil. Ahora leo Degenerate Art. The Fate of the Avant-Garde in Nazi-Germany, una obra colectiva sobre este triste episodio de la historia de la Humanidad, el mayor ataque al arte jamás realizado, solo comparable al emprendido por el fanatismo cristiano contra el arte pagano grecoromano en los siglos IV y V de nuestra era.