José Luis García Matamoros (Garmat), nació en Madrid en 1958. Los años de infancia y juventud trascurrieron en el barrio de Palomeras, en Vallecas (Madrid). Como tantos jóvenes de su generación, compaginó el trabajo con los estudios nocturnos y se especializó en ingeniería hospitalaria. Apasionado de la naturaleza y montañero, le preocupa la deriva que la actividad humana le causa al planeta. Viajero incansable ha vivido aventuras en una larga lista de países de América, África, Asia y Europa. Con Vórtice, su primera novela, consigue construir un relato distinto, original y entretenido, con el objetivo de hacer disfrutar al lector, estimulando su curiosidad y despertando su conciencia. Gran aficionado a la lectura de libros de divulgación de física teórica, quiere que su novela tenga coherencia científica y desde la distopía, llama a esta reflexión: «Hacia dónde se dirige el despiadado e insostenible crecimiento de la humanidad». 

Me llamo José Luis García Matamoros, mis amigos me llaman Mata, pero para abreviar y como seudónimo escogí Garmat. Nací en Madrid en 1958. Los años de infancia y juventud trascurrieron en la colonia Sandi, un barrio de Palomeras, en Vallecas (Madrid), una isla de casas y pisos rodeados de barro y sembrados de cereal a tan solo siete kilómetros de la Puerta del Sol. En 1988, hipotecado por encima de mis posibilidades, me trasladé a vivir a Rivas-Vaciamadrid.

Como tantos jóvenes de mi generación, compaginé el trabajo con los estudios nocturnos y, con mucho esfuerzo sin dejar de trabajar, me especialicé en ingeniería hospitalaria, después de trabajar en sectores industriales y residenciales, por fin, conseguí un trabajo de ingeniero para dirigir el proyecto de un hospital. Durante más de 25 años me he dedicado en exclusiva a proyectos y gestiones hospitalarios, una actividad muy gratificante y con mucha responsabilidad.

Me apasiona la naturaleza, la vida en todas sus dimensiones, viajar y descubrir nuevos rincones a los que asomarme. Con Lola, mi inseparable compañera, comparto la mayor parte de mis aficiones. Armados con nuestros macutos y la cámara de fotos, no pasa una semana sin realizar alguna ruta por la montaña. Siempre buscando parajes poco pisados, sendas perdidas y pasos de montaña abandonados. Juntos hemos recorrido países de Sudamérica, Asia y África, viajes de aventura fuera de los habituales circuitos turísticos, atravesando desiertos de hielo y arena, selvas y estepas, que han llenado nuestros recuerdos con infinidad de aventuras recopiladas en libros de viaje.

 Hemos caminado sobre dunas y glaciares, atravesado cordilleras con mulas y, en definitiva, hemos conocido el mundo a través de los ojos de todas las gentes que hemos ido conociendo en nuestros periplos. Otra de las aficiones, aunque yo no lo definiría así, es la física. Situarme en la frontera del entendimiento del universo, sus paradojas y singularidades, sucesos que se sitúan más allá del entendimiento, la razón y de lo que llamamos el sentido común.

Creo que si algo me define, es estar poseído por un espíritu curioso, que hay más allá del horizonte y conocer cómo funciona el mundo, porqué las cosas son como son, no solo desde el punto de vista material, también la mente, la sociedad y sus contradicciones. Soy una persona introvertida que nunca he dejado que esa capacidad de introspección, coarte mi necesidad de relacionarme, de acercarme a otros puntos de vista. Permanezco fiel a mis principios, basados sobre todo en respetar a todo lo que me rodea, nunca me he creído con más derechos a existir que un árbol, siempre con una visión crítica y cuestionándome aquello que no me encaja. En el trabajo me ha tocado dirigir equipos multidisciplinares, aprendí que mandar es fácil, te lo da el puesto, pero para conseguir que los proyectos funcionen tienes que convertirte en líder, y el liderazgo te lo otorgan las personas a las que diriges.

En mi profesión, la acción de escribir para trasmitir conceptos, descripciones e ideas, era algo consustancial, una veces para plasmar procedimientos y otras con una orientación más didáctica. Por otro lado, he sido una persona que ha mantenido, a pesar de los años, un mundo interior de fantasías pujando por salir, pero necesitaba un espacio de expresión que no tenía. Comencé a escribir el mismo día que dejé de trabajar y ahora, que voy por mi cuarta novela, es algo que se ha vuelto imprescindible en mi vida.

No sería capaz de decantarme por un solo autor favorito, pero nunca he dejado de leer. Mi carácter de gustos eclécticos, me ha llevado por un sinfín de temas y autores, por poner un ejemplo, mi lista de música combina Juan Sebastián Bach con Extremoduro. Con los libros es igual, pero en mi juventud puedo decir que Hermann Hesse, Aldous Huxley o Isaac Asimov, llenaron muchas horas de lectura. Más reciente, me gusta Julia Navarro y Carlos Ruiz Zafón, entre otros muchos, y por supuesto, todos los divulgadores de física teórica que no voy a mencionar. Para no dejarme nada, como no mencionar mi afición a los comic, desde muy joven hasta ahora, sobre todo ciencia ficción y contracultura, Coen, Moebius, Will Eisner o las historias de Alejandro Jodorowsky. De todos ellos, casi seguro hay algo en mis novelas. Los esquemas que empleo en la escritura, nunca estudié nada relacionado con la composición literaria, me imagino que habrán salido de todos ellos.

Es complicado responder a cuál es mi obra favorita, no sabría acotarla a un único libro, nunca me he sometido a establecer un ranking. Un libro que me pudo gustar mucho en una época, con el paso del tiempo quedó asociado a una etapa de mi vida y sé que hoy no me causaría la misma impresión, pero mientras escribo estas líneas, me viene a la cabeza un título, cuya lectura hoy sigo recomendando, sobre todo a quien le da pereza leer, para tratar de engancharle, se trata de “La guerra de nuestros antepasados” de Miguel Delibes. 

portada Vórtice - Garmat

Cuando lo leí fue todo un descubrimiento, hizo que se me escapara la risa en el metro, también tuve que contener alguna lágrima. La forma de construir los personajes, la originalidad de su escritura trágico-cómica y, sobre todo, su alegato contra la violencia y la marginalidad. No podría calificarla como mi obra favorita, pero sin duda es una de ellas.

En cuanto a mis obras, habida cuenta de lo poco que he escrito, creo que la favorita está por llegar, pero a la que más cariño le tengo, por ser la primera y la que me ha animado a seguir escribiendo es “Vórtice”

«Solo los que intentan cosas absurdas son capaces de lograr cosas imposibles», Miguel de Unamuno

Hasta ahora me he sentido cómodo con la ciencia ficción, enmarcada sin hacer demasiado uso de la fantasía, tratando de mantener cierto rigor científico, pero también me lo pase bien escribiendo “Escondidos en un cajón”, cinco cuentos fantásticos. Después de terminar de escribir la segunda parte de “Vórtice”, “Luces de Aibás”, me encuentro en los primeros capítulos de lo que pretende ser una novela negra, aún sin título, que contará una historia en la España de la década de los sesenta y los setenta.

A corto plazo, si no se producen alteraciones que modifiquen el plan, mi próximo proyecto es terminar la novela que tengo entre manos y realizar un viaje por Europa sin la imposición de un plazo de duración determinado. A la vuelta del viaje, cambiar mi lugar de residencia a un ambiente más rural, con un contacto más cercano con la naturaleza.

Entender el mundo es relativamente sencillo, todo se basa en las reglas naturales, evolución y equilibrio, ahora entender, me imagino que es a lo que se refiere la pregunta, a la humanidad es otra cosa bastante más complicada. Sobre la humanidad y su influencia en el mundo, no puedo ser optimista. Es cierto que el paso de los siglos ha ido mejorando la civilización, que cada nuevo periodo es menos cruel que el anterior, pero los cambios son tan lentos y nuestra capacidad de provocar catástrofes, tan grande, que los puntos de inflexión se suceden sin que haya una respuesta unánime y decisoria sobre el devenir de la humanidad y su influencia en el entorno. Una especie incapaz de acabar con las guerras, el hambre, las desigualdades y el daño a la naturaleza. El ser humano apareció, por establecer un redondeo sencillo, hace un millón de años, y ha estado la mayor parte de su historia viviendo en cuevas y pequeñas comunidades, hasta hace tan solo cinco mil años, cuando descubrimos la agricultura. A nivel tecnológico nuestro crecimiento ha sido exponencial, pero como sociedad estamos todavía más cerca del hombre de las cavernas, que del que pisó la luna.

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