Natural de Palma de Mallorca, es doctor en Derecho y un amante de la sabiduría y la certeza. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y colabora como articulista en los diarios El Mundo, El Imparcial y La Ley. Otras publicaciones del autor: https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=71984
Nací en Palma de Mallorca en una época en que todavía no había el boom turístico, por lo que, pensando en que me tendría que ganar la vida en otro ámbito, estudié la carrera de Derecho y opté por opositar a la Administración del Estado, en la que trabajé toda mi vida tras haber superado las oposiciones al Cuerpo de Administradores Civiles del Estado (antes TAC). Salvo un breve período de trabajo en Madrid, solicité destino en mi tierra natal donde tenía mi familia y mis amistades. Ahora ya estoy felizmente jubilado y puedo dedicarme a otros menesteres sin preocuparme de tener que ir cada día al trabajo en la oficina, pues antes no existía el teletrabajo.
Además de la lectura de buenos libros, mi gran afición es la música, pues, si bien terminé la carrera de profesor de piano, no me he dedicado profesionalmente al arte de la música, pero sí he podido disfrutar de escuchar buena música y practicar el piano cada día que puedo en mis horas libres, aunque no todo el tiempo que desearía. Algo que me llamó la atención fue que, al estudiar a Platón encontré en su obra “República” que, en su programa de formación para los jóvenes que se preparaban para ser gobernantes y filósofos, la primera asignatura obligatoria era la música para dominar los sentimientos y guiar el comportamiento humano hacia la virtud; luego, también se aplicó en los planes medievales de las artes liberales en el quadrivium donde igualmente se estudiaba música, lo que demuestra que dicho arte es un componente del espíritu emocional del hombre desde tiempos inmemoriales.
Creo que el rasgo más sobresaliente de mi personalidad es la constancia en el trabajo. Esto me ha procurado aprovechar, al máximo posible, el tiempo para distribuir mejor las horas de trabajo y de asueto. La vida no es breve, si se sabe aprovechar. Había un profesor que, en mi época de adolescente, decía a los alumnos que el día tiene 24 horas: 8 para trabajar, 8 para jugar o divertirse y 8 para dormir. Lástima que no podamos aprovechar también las horas de dormir, pero no podemos ir en contra de la naturaleza, pues también tiene su razón de ser el descanso para empezar con más energía el día.
Siempre me hizo mucha ilusión expresar mis ideas en palabras que quedaran escritas para que otros puedan también leerlo y opinar. Una de las facultades del ser humano es poder desarrollar su inteligencia, como ser racional, y poder compartir sus ideas con otros, como ser social. Estas han sido mis motivaciones naturales para escribir artículos y libros, sin que me sienta realmente un escritor, sino un simple aprendiz de letras, un mero aficionado a escribir.
Mis primeros pasos para escribir libros y artículos fueron con ocasión de mis estudios y de mi trabajo en el ámbito del Derecho. Al terminar la carrera universitaria como licenciado, me propuse realizar la tesina y luego el doctorado en Derecho, lo cual me llevó a la preparación de las correspondientes tesis que luego se publicaron. Luego, ya pasé a publicar artículos jurídicos y otros libros sobre la materia, hasta que me jubilé. Entonces, una vez jubilado, ya me dediqué a otros temas de orden filosófico, que siempre me habían interesado.
Mis autores preferidos van desde los clásicos, como Maquiavelo o Rousseau, hasta contemporáneos, como Yuval Noah Harari, Nuccio Ordine o Ramón Tamames. Cada autor tiene su personalidad que refleja en sus obras, muy distintas unas de otras, pero muy educativas todas. Maquiavelo, un autor renacentista que en su obra “el Príncipe” ya trató sobre el Estado moderno y la realidad de la política separándola de la moral, sistema que ha influido hasta la actualidad política. Rousseau, un autor multidisciplinar que trató, entre otros temas, los referidos al contrato social como método para la convivencia y gobierno de la sociedad y el tema de la educación en su obra “Emilio”. Harari, en sus obras “sapìens: de animales a dioses” y “Homo Deus”, nos describe la evolución del hombre a lo largo de la historia y el futuro de la humanidad. Nuccio Ordine en su obra “la utilidad de lo inútil”, alaba la importancia de la filosofía y de otros temas que ciertas personas, que sólo buscan el resultado crematístico, no entienden ni aprecian en su vida. Por último, el polifacético Ramón Tamames me sorprendió con su obra “Buscando a Dios en el universo”, donde deja de lado las cuestiones socioeconómicas y se dedica a buscar, a través de la ciencia y de las preguntas que todo ser humano se formula, la existencia de otros seres en el universo y, en especial, sobre el Ser Supremo.
Resulta difícil escoger una obra como la favorita de un autor determinado, pues tendría que dejar de lado muchos temas y autores, cada uno excelente en su materia, pero, si tengo que pronunciarme sobre una en concreto, puedo señalar la obra de Tom Holland, Dominion: The Making of the Western Mind, (traducida al español con el título de “Dominio: Una nueva historia del cristianismo”), por su clara exposición de lo que ha representado en la historia de nuestro ámbito de civilización occidental.
De mis propias obras, me inclino por dos. Una corresponde a mi época de autor en la materia jurídica, publicada en la Editorial Bosch con el título Derecho Penal. Parte especial; la otra, en mi época de interés por la filosofía, publicada en Editorial Adarve con el título El arte de filosofar. Breve historia de los filósofos. Las dos obras me han satisfecho en cada uno de dichos ámbitos de estudio: La primera, como el resultado de la fase final de mis trabajos en el ámbito jurídico; la segunda, como resultado de mi proyecto inicial en el ámbito del pensamiento a través de la historia.
Mis obras se pueden calificar como obras de ensayo, pues, más que obras literarias, exponen temas sobre la ciencia jurídica o sobre la filosofía, que se evalúan mejor por la certeza de la exposición de los temas que no por el valor de la belleza literaria que pueda deducirse de la prosa escrita. En cualquier caso, me congratula poder decir que varios académicos de número de la Real Academia Española me han felicitado por la última obra sobre “El arte de filosofar”, lo cual ha sido muy reconfortante para mí, animándome a seguir en tal oficio como un aficionado escritor de ensayo.
«En España lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa, eso es lo que pasa», Ortega y Gasset.
Actualmente estoy preparando una nueva obra sobre la evolución histórica de la política esperando que pueda terminarla con éxito, dada su complejidad. Con ello intento poder completar el ciclo dedicado al hombre, como ser racional, cuyo contenido ya publiqué con el libro El arte de filosofar. Breve historia de los filósofos, y ahora con el libro que estoy preparando cuyo contenido se refiere al hombre, como ser social, y la evolución histórica de la política, cumpliendo así con la doble definición del ser humano, como racional y social, conforme dijo Aristóteles.
En dichas obras se reflejan las ideas de los distintos autores que han tratado de resolver las cuestiones sobre el hombre y su naturaleza, como el ser más perfecto de este mundo, pero a su vez como el ser más peligroso que, aun pudiendo discernir entre el bien y el mal, muchas veces se inclina por lo peor, no siendo de mi creencia que sea siempre cierto el adagio de que “no hay mal que por bien no venga”. Algunos, ni siquiera pueden ya responder a tal afirmación, una vez que ha finalizado su existencia, debido a la megalomanía del algún gobernante que dice querer salvar el mundo, cuando lo que hace es llevarlo a la perdición con maldad deliberada. No conviene, sin embargo, desfallecer en nuestro intento de mejorar el mundo. Me alegra poder decir que “cada día es el mejor”, aprovechemos el momento mientras nos quede un hálito de vida.
